Cultura

Trama Invisible: cuando el arte explora la red subterránea que conecta la naturaleza y la experiencia humana

En el centro histórico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el edificio de la calle Alsina 673 que el Fondo Nacional de las Artes ocupa desde hace décadas, la renovada sala ‘Arq. Clorindo Testa’ se ha transformado en el escenario de una propuesta que interroga los límites entre la naturaleza y la producción simbólica humana. La exposición ‘Trama Invisible: Cielo, Tierra y Corazón’, inaugurada bajo la curaduría y gestión de Mariana Gioiosa, reúne el trabajo de tres artistas argentinas —Luciana Targise, Lucrecia Literas y Josefina Laratro— en un recorrido que invita a reflexionar sobre la compleja red de conexiones que sostiene la vida y la experiencia subjetiva.

La muestra toma su nombre de un concepto biológico que ha adquirido notable relevancia científica en las últimas décadas: el micelio. Esta estructura vegetativa de los hongos, compuesta por millones de hifas o filamentos microscópicos, se extiende bajo la superficie del suelo formando un entramado interconectado que puede abarcar desde unos pocos metros hasta hectáreas completas de ecosistemas terrestres. Los estudios contemporáneos han documentado que, a través de esta red, las plantas y los árboles intercambian nutrientes, agua y señales químicas. Una planta dañada puede emitir alertas bioquímicas que viajan por el micelio para que los vegetales vecinos activen defensas preventivas; los ejemplares sanos pueden compartir reservas de carbono con individuos jóvenes o debilitados. Este fenómeno, denominado popularmente ‘Wood Wide Web’ por su similitud funcional con las redes de comunicaciones digitales, constituye la metáfora conceptual sobre la que se estructura la curaduría: una trama invisible que vincula, transforma y da sentido a la experiencia humana en su dimensión ecológica.

La distribución espacial de la muestra responde a la singular arquitectura del recinto. El edificio, remodelado en 1999 por el propio Clorindo Testa, quien fuera miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes, presenta una vidriera de más de once metros de extensión que permite apreciar desde el exterior la presencia individual de cada una de las artistas. Sin embargo, el diseño curatorial establece zonas de transición e intersección donde las obras establecen puntos de contacto formales, materiales y conceptuales. La sala, que permaneció cerrada durante varios años, fue intervenida con la remoción de paredes que dejan a la vista una escalera roja característica del proyecto original, introduciendo el color sin interferir en la percepción del conjunto. Este espacio blanco, modular, conserva la impronta de Testa y actúa como contenedor neutral que potencia las texturas y materialidades de las obras exhibidas.

El recorrido se inicia en el universo de Josefina Laratro, nacida en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1973. Su trabajo reivindica ciertas labores textiles a partir de una colección personal de piezas bordadas que atravesaron manos femeninas de su familia hasta llegar a las suyas. Con un criterio deconstructivo, la artista rompió la unidad de los encajes para recortar cada flor y disponerlas sobre una mesa baja, clasificadas por color, en la obra ‘Inventario de flores de encaje’, que se extiende a lo largo de seis metros. La instalación se complementa con ‘Motivo oscilante para pañuelo de encaje’, una secuencia de restos de vasijas, cuencos y tinajas suspendidos del techo que orientan la mirada hacia el plano de contención de las flores. El uso de distintas arcillas y la cocción de las piezas a altas temperaturas constituyen los rasgos distintivos de una obra que abandona la utilidad cerámica convencional para explorar la escultura, su formación de base. Dos instalaciones adicionales, colgadas a distintas alturas, producen sonidos sugerentes cuando se las somete a movimiento, desdoblándose entre las tramas que unen círculos en los textiles y las cadenas de hilo tejido propias del bordado clásico. La propia artista definió su propósito como la búsqueda de darle ‘espesor a algo tan intangible como los afectos’.

Luciana Targise, nacida en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, en 1979, aborda en esta muestra una obra de sitio específico que se vincula con la dimensión celeste del título. Especializada en arte abstracto geométrico y latinoamericano, Targise construye secuencias matemáticas que se expanden en el espacio mediante el uso de materiales como tanza, madera y esferas. Su trabajo establece ritmos y tensiones espaciales que dialogan con la altura de la sala, llevando la vista del espectador hacia arriba en una composición que evoca órbitas, constelaciones y series numéricas. La elección de estos materiales, aparentemente inorgánicos, se contrapone de manera deliberada con la organicidad del concepto curatorial:

aquí, el cálculo y la geometría se vuelven herramienta para representar aquello que la ciencia describe como patrones de orden en el universo perceptible.

El tercer núcleo corresponde a Lucrecia Literas, cuya obra ocupa la dimensión de la tierra como territorio de tensión entre naturaleza y construcción humana. A través del cruce de materiales industriales y naturales —hormigón, cemento, barro cocido y tierra negra—, la artista explora el contraste entre los elementos que sostienen la vida y las formas de construcción desarrolladas por el ser humano a lo largo de su historia. Sus piezas combinan modelos de la arquitectura con patrones propios de la naturaleza, disponiéndose como si el mundo orgánico estuviera abriéndose paso desde el interior de la forma. Literas declaró que busca ‘potenciar la expresividad de los materiales’ para que las obras no resulten claramente descriptibles, sino que evoquen en el espectador algo de ese mundo natural y de la construcción humana en permanente diálogo.

Las implicancias de esta muestra exceden el circuito del arte contemporáneo argentino. Por un lado, reactiva un espacio institucional —la sala Clorindo Testa— que permaneció clausurado durante años y que ahora se presenta renovado, con su arquitectura original recuperada para el uso público del Fondo Nacional de las Artes. Por otro lado, la exposición se inscribe en una corriente global de interés por las conexiones ecológicas invisibles, impulsada por investigaciones publicadas en revistas científicas de alto impacto que han revalorizado el papel de los hongos micorrízicos en la salud de los ecosistemas.

El diálogo entre lo geométrico y lo intuitivo, los saberes ancestrales y las nuevas prácticas, lo industrial y lo natural, configura una propuesta que interpela al espectador desde lo íntimo, lo táctil y lo latente, en un recorrido que culmina con una reflexión sobre la interdependencia de los organismos y la dimensión espiritual de esa conexión.

La muestra puede visitarse de lunes a viernes, de 10 a 16 horas, con entrada libre y gratuita, hasta el 28 de agosto. Durante la inauguración, el presidente del Fondo Nacional de las Artes, Tulio Andreussi Guzmán, destacó que la curaduría de Mariana Gioiosa y el trabajo de las tres artistas ‘crean un ambiente místico que evoca la red que une a todo habitante en esta Tierra, una fuerza latente, oculta, que conecta todo’. El dato no es menor: la exhibición representa un esfuerzo conjunto entre el propio Fondo y la Dirección Nacional de Integración Federal y Cooperación Internacional Cultural de la Secretaría de Cultura de la Nación, lo que subraya el carácter institucional de una apuesta que combina rigor curatorial, excelencia artística y un programa de articulación federal.

En síntesis, ‘Trama Invisible: Cielo, Tierra y Corazón’ constituye un caso paradigmático de cómo el arte contemporáneo puede dialogar con los hallazgos de la ecología científica sin renunciar a su autonomía formal. Las piezas de Targise, Literas y Laratro no ilustran el micelio; lo convierten en una metáfora operativa que organiza la experiencia espacial y simbólica de quien recorre la sala. La muestra funciona, así, como un dispositivo de percepción que revela aquello que permanece oculto bajo la superficie aparente de los objetos: la trama invisible que hace posible la vida, la memoria y el sentido.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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