Una sala circular construida especialmente en el microcentro porteño se convirtió en el epicentro de una operación que redefine el mapa del coleccionismo de arte argentino contemporáneo. Cuando los Diarios de Guillermo Kuitca quedaron reunidos por primera vez en su totalidad —las piezas que circularon por la colección del fallecido cofundador de Microsoft, Paul G. Allen, junto a las que permanecieron en el archivo personal del artista—, ocurrieron dos cosas simultáneas: la serie reveló su dimensión completa, y Andrés Buhar, coleccionista y director de ArtHaus, comprendió que ese conjunto no podía volver a dispersarse. Días antes del cierre de la exposición, la compra se confirmó: 45 piezas más la última mesa que Kuitca utilizó en 2025 al dar por cerrada la serie, por un valor que se mantiene en reserva aunque fuentes cercanas a la operación la describen como de siete dígitos en dólares.
La adquisición no solo consolida a Buhar como el mayor inversor en arte argentino de la década, sino que garantiza algo que pocas veces ocurre con series de esta envergadura: la permanencia íntegra de la obra en el país de origen del artista. El propio coleccionista lo planteó durante la presentación de la noticia a LA NACION: «Lo que quiero privilegiar es que de esta manera la obra queda reunida y en el país, como pasó con los Paisajes de Mondongo». Aquella operación, cerrada en 2024 por 1.270.000 dólares por los 15 paneles de plastilina del dúo Mondongo, marcó un hito en el mercado local. Ahora, el conjunto de Diarios emprenderá una gira por diferentes provincias argentinas con un esquema de itinerancia similar, en una estrategia que Buhar define como «coser un poco todo el país, para que no haya dos países».
El origen de la serie se remonta a 1994, cuando Guillermo Kuitca trasladó a su casa-taller de Belgrano una mesa redonda de jardín proveniente de la casa de sus padres. Para sortear las hendijas de la madera, la cubrió con la tela de una obra que había decidido abandonar. Sobre esa superficie —que con los años se convirtió en el centro operativo de su estudio— comenzaron a acumularse capas de significado: anotaciones, pruebas de color, escritura automática, números de teléfono, medidas de obras, restos de pintura, garabatos y dibujos dispersos. El accidente doméstico se transformó así en un sistema: cada lienzo desechado tensado sobre la mesa registraba de manera simultánea el proceso creativo y la vida cotidiana del taller, sin distinción entre lo deliberado y lo involuntario.
El resultado es una serie de pinturas circulares —tondos— que el propio artista define como «mi territorio más personal, el lugar donde dibujo y pintura se cruzan y donde todo es posible». El escritor alemán Daniel Kehlmann las describió como «pinturas narrativas sin argumento y abstracciones sin composición», comparándolas con un tipo especial de mapa que explica, paradójicamente, por qué resulta imposible ubicarse en el terreno de la memoria. Bajo la vivacidad de los trazos libres se identifican los motivos recurrentes de la obra de Kuitca: sus teatros, las cintas transportadoras de equipajes, sus cubismos. Una lectura atenta revela además citas al Informalismo, grafías de Sarah Grilo, personajes como Bugs Bunny y letras de canciones de Charly García.
La dimensión económica de la serie ya había quedado evidenciada en el mercado internacional. Un conjunto de 19 piezas de la serie Diarios (2000-2005) pertenecientes a la colección Paul G. Allen se subastó por 567.000 dólares en Christie’s en noviembre de 2022, en el marco de la venta Visionary: The Paul G. Allen Collection, con una estimación previa de entre 300.000 y 500.000 dólares. El resultado superó las expectativas en más de un 13 por ciento. Más recientemente, en mayo de 2026, la pintura Tres noches (1986) de Kuitca alcanzó un récord de 332.800 dólares en Sotheby’s Nueva York, cuadruplicando su estimación, lo que confirma el momento ascendente de la cotización del artista argentino en el mercado global.
La trayectoria internacional de los Diarios es extensa. Debutaron en la Fondation Cartier de París en 2000 y desde entonces itineraron por el Museo Reina Sofía de Madrid, el Malba, Santiago de Chile, Bogotá y el Drawing Center de Nueva York, además de su presencia en la 52ª Bienal de Venecia. El curador estadounidense Robert Storr, director artístico de aquella edición de la Bienal y figura central del arte contemporáneo internacional, seleccionó a Kuitca para participar en el pabellón central, además de colaborar en publicaciones conjuntas como el libro Guillermo Kuitca: Plates No. 01-24. Esa participación en 2007 representó un punto de inflexión en la visibilidad internacional del artista, nacido en Buenos Aires en 1961 y formado en el contexto de la apertura democrática argentina de los años ochenta.
La decisión de Buhar de adquirir la serie completa —incluida la mesa original que todavía se exhibe con el último diario engrampado— transforma el cierre del ciclo. El recorrido de la exposición culminaba precisamente con ese diario final presentado sobre la mesa original, gesto curatorial que cierra la serie donde todo comenzó. La compra, ahora, prolonga ese gesto: el conjunto no se dispersará entre colecciones privadas internacionales, sino que permanecerá como testimonio de tres décadas de trabajo artístico en Argentina. Es una señal potente en un contexto donde las obras de artistas latinoamericanos suelen migrar hacia acervos del hemisferio norte por diferencias de valuación. La permanencia y la itinerancia interna plantean un modelo alternativo: el de la construcción de un patrimonio artístico nacional contemporáneo.
Las implicancias de esta operación exceden lo estrictamente patrimonial. En el plano económico, consolida al arte argentino como una categoría de inversión seria dentro del mercado internacional, a la vez que inyecta visibilidad al circuito local. En el plano cultural, la futura gira por provincias —que seguirá el esquema exitoso de los Paisajes de Mondongo, que ya pasaron por Rosario, San Juan y ahora llegan al Museo Ferreyra de Córdoba— plantea una política de descentralización del acceso al arte contemporáneo. Cuando Kuitca afirmó en diálogo con Clarín que estas piezas «van mucho al núcleo de mi trabajo», no solo describía su relevancia dentro de su producción: también sugería que la serie condensa, de manera casi enciclopédica, las preocupaciones formales y conceptuales que definieron una de las trayectorias más relevantes del arte argentino reciente.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
