Cultura

Una biblioteca en llamas: más de 11 millones de libros destruidos en los ataques ucranianos contra los almacenes de Wildberries en Rusia

La guerra entre Rusia y Ucrania ha superado hace tiempo los límites del campo de batalla convencional, extendiéndose a infraestructuras civiles, cadenas de suministro y, ahora, al patrimonio editorial impreso. El episodio más reciente de esta escalada ha dejado un saldo que interpela a la industria del libro en su conjunto: más de once millones de ejemplares destruidos en los depósitos de Wildberries, la principal plataforma de comercio electrónico de Rusia, como consecuencia directa de los ataques con drones ucranianos perpetrados a lo largo de las últimas semanas.

La magnitud del siniestro fue confirmada por fuentes editoriales rusas al periódico económico Védomosti. Según los cálculos realizados por el Sindicato del Libro de Rusia, la Asociación de Editores de Libros de Rusia y la Asociación de Distribuidores de Libros, las pérdidas superan los 11 millones de unidades, abarcando obras de ficción, literatura infantil, títulos de divulgación científica y manuales de preparación para los exámenes estatales de graduación escolar (OGE y EGE).

El grupo editorial Exmo-AST, uno de los conglomerados editoriales más grandes del país, detalló las pérdidas sufridas en sus inventarios almacenados en los centros logísticos de Wildberries. Entre los títulos destruidos por completo figuran las tiradas íntegras del ‘Abecedario’ de Nadezhda Zhúkova, un texto fundamental en la alfabetización infantil rusa con décadas de vigencia en los sistemas educativos, así como una edición reciente de la Constitución de la Federación de Rusia y mapas de autopistas nacionales.

El inventario incinerado incluye además obras de figuras directamente vinculadas a la narrativa beligerante del Kremlin. La propagandista Margarita Simonián, directora del canal internacional RT y del grupo mediático Rossiya Segodnya, perdió ejemplares de su novela ‘Al principio fue el Verbo, al final será el Número’, un texto que alcanzó ventas superiores a 170.000 ejemplares y que le valió el reconocimiento en certámenes literarios rusos. Del mismo modo, ardieron obras del escritor nacionalista Zajar Prilepin, firme defensor público de la intervención militar rusa en Ucrania y autor de varias novelas de contenido bélico-político.

La ironía del siniestro no ha pasado inadvertida para los observadores internacionales. Entre las cenizas se encontraban ejemplares de ‘Fahrenheit 451’ (1953), la célebre distopía del escritor estadounidense Ray Bradbury, cuyo protagonista, Guy Montag, se dedica a salvar libros de la hoguera en un futuro totalitario donde la lectura está prohibida. La destrucción física de esa novela dentro de una guerra contemporánea añade una capa de simbolismo que trasciende el dato editorial.

La campaña de ataques contra Wildberries comenzó a mediados de julio de 2026 y ha alcanzado al menos 20 centros logísticos de la compañía en distintas regiones de la Federación, que van desde el área metropolitana de San Petersburgo y la óblast de Leningrado hasta Samara, Volgogrado, Elektrostal, Tver, Bashkortostán y Crimea ocupada. Según datos recopilados por The Atlantic, Reuters, RFE/RL y agencias internacionales, los complejos dañados cubren una superficie combinada de aproximadamente 1,5 millones de metros cuadrados, lo que representa cerca del 10% de la red logística total de la empresa.

El impacto económico resulta considerable. Data Insight, firma analítica con sede en Moscú, estimó las pérdidas iniciales en mercancía almacenada en 170.000 millones de rublos (aproximadamente 2.200 millones de dólares), una cifra que, actualizada con los ataques posteriores, supera los 3.000 millones de dólares según cálculos de Forbes Rusia y del Moscow Times. Los costes de reconstrucción se han estimado en torno a 70.000 rublos (861 dólares) por metro cuadrado, lo que elevaría la factura de reposición de los complejos dañados a aproximadamente 105.000 millones de rublos. La compañía, que tras su fusión con el grupo publicitario Russ reportó una facturación de 6,1 billones de rublos en 2025 y controla cerca del 45% del mercado de marketplaces ruso, enfrenta ahora una presión financiera inédita desde su creación en 2004.

El frente editorial ruso ha reaccionado con urgencia. Exmo-AST anunció el envío a imprenta de tiradas adicionales para suplir los libros destruidos, aunque los costes de esta operación se sumarían a las pérdidas ya contraídas. El periódico Kommersant informó además que las principales editoriales rusas han suspendido la venta de sus títulos a través de la plataforma Wildberries, una medida de precaución que la red de comercio electrónico ha negado públicamente. Rosman, otra de las grandes editoriales del país, confirmó la reducción de tiradas y la cancelación de nuevos títulos programados, según declaraciones de su director general, Borís Kuznetsov.

No obstante, el análisis comparativo de los daños culturales evidencia que el conflicto ha golpeado a ambos lados de la frontera con intensidad equidistante. El 1 de agosto de 2026, las fuerzas rusas lanzaron un ataque con drones y misiles contra el centro logístico automatizado de la corporación editorial Ranok y el centro de distribución de la cadena de librerías KnyhoLand en Járkov, en el noreste de Ucrania. El impacto destruyó aproximadamente ocho millones de libros, entre ellos 620.000 manuales escolares, con pérdidas estimadas en cerca de 1.000 millones de grivnas (unos 25 millones de dólares). El director de la editorial, Víktor Kruglov, calificó el ataque como ‘una agresión contra la educación y la cultura ucranianas’, mientras que la propia editorial lo definió como ‘la mayor pérdida para la infraestructura editorial de Ucrania desde el inicio de la guerra a gran escala en 2022’.

Los datos recopilados por la Asociación de Editores de Ucrania revelan que, durante el verano de 2026, los ataques rusos destruyeron en total aproximadamente 13 millones de libros en territorio ucraniano, cifra equivalente a casi un tercio de la producción anual de libros y folletos del país, que en 2025 alcanzó los 33,21 millones de ejemplares. El 18 y 19 de julio un depósito de la editorial BOOKCHEF en Kiev fue alcanzado, perdiendo 900.000 ejemplares en dos ataques; y el 1 de agosto de 2026 un misil destruyó el almacén central de la editorial de juegos de mesa ‘Rozum’ en Vyshneve, con 200.000 juegos incinerados y daños entre 25 y 30 millones de grivnas. Un ataque adicional contra un almacén de BOOKCHEF el 5 de agosto eliminó más de 100.000 ejemplares adicionales. A estos siniestros se suman los daños sufridos por la imprenta ‘Konvi’ y la fábrica Pobutelektrotekhnika durante los meses de julio y agosto.

Las implicancias de este fenómeno trascienden la pérdida material de ejemplares. La Asociación de Editores de Ucrania, que agrupa a 97 participantes y representa cerca del 80% del mercado editorial ucraniano, ha advertido que la industria se encuentra ‘al borde del colapso’ tras cuatro años operando bajo ataques con misiles. Las proyecciones indican que la producción total de libros en Ucrania podría caer hasta un 15% en 2026, y las ventas podrían decrecer aproximadamente un 25% en unidades vendidas. El Instituto del Libro Ucraniano señala que el área combinada de todas las librerías físicas del país apenas supera la superficie de seis campos de fútbol, un dato que refleja el deterioro progresivo del sector.

Los ataques también han intensificado la presión sobre la economía de guerra rusa. La campaña contra Wildberries, y su extensión reciente contra la plataforma rival Ozon (que sufrió ataques el 24 de agosto de 2026), forma parte de una estrategia ucraniana orientada a interrumpir las cadenas de suministro comerciales y aumentar la carga financiera sobre el sistema bancario y las empresas rusas. Los tres principales marketplaces del país -Wildberries, Ozon y Yandex Market- generaron ingresos combinados de aproximadamente 140.300 millones de dólares en 2025, lo que equivale a más del 5% del producto interno bruto ruso. Un eventual aumento del déficit presupuestario ruso, calculado originalmente en 3,79 billones de rublos para 2026, podría incrementarse en 250.000 millones de rublos adicionales si el gobierno decide compensar las pérdidas de los operadores logísticos.

En paralelo, las cifras de ventas de artículos militares en la plataforma Wildberries evidencian la porosidad entre el comercio civil y el esfuerzo bélico ruso. En los meses de mayo, junio y julio de 2026, la plataforma vendió equipamiento militar por valor superior a 1.500 millones de rublos, incluidos 472 millones en chalecos antibalas y 118 millones en accesorios para cuadricópteros. Las ventas en estas categorías cayeron entre un 24% y un 36% tras el inicio de los ataques, un indicio del efecto disuasorio de la campaña ucraniana sobre la logística comercial rusa.

El fenómeno editorial de esta guerra configura un escenario inédito en la historia reciente. En ningún conflicto armado desde la Segunda Guerra Mundial se habían destruido simultáneamente decenas de millones de libros en ambos frentes como daño colateral directo de operaciones militares dirigidas contra infraestructura civil. Los datos combinados -más de 24 millones de libros incinerados entre Rusia y Ucrania durante el verano de 2026, sin contar tiradas en tránsito, ediciones agotadas y obras irreproducibles- obligan a una lectura más amplia sobre las repercusiones culturales de la guerra. Mientras las editoriales rusas corren a las imprentas para reponer tiradas y las ucranianas apelan al apoyo del Estado para sobrevivir, la historia del libro, esa práctica milenaria de preservación del conocimiento, enfrenta uno de sus capítulos más destructivos desde el advenimiento de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg en el siglo XV.

Los próximos meses determinarán si la recuperación del sector editorial es viable dentro de un contexto de hostilidades continuadas, o si esta ‘guerra de depósitos’ constituye un precedente irreversible para la industria cultural de Europa del Este.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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