En San Antonio de Areco, partido de la provincia de Buenos Aires, una vivienda unifamiliar denominada Don Chiviro propone una relectura contemporánea de la arquitectura rural pampeana. Implantada frente al Parque Criollo Ricardo Güiraldes, la casa fue proyectada por el estudio Arecoarqs y finalizada en 2025. El proyecto parte de una pregunta central: cómo transformar el imaginario del galpón pampeano en una arquitectura doméstica actual sin recurrir a la representación literal.
El galpón pampeano es una tipología que se consolidó a fines del siglo XIX y principios del XX, vinculada a la expansión agropecuaria de la región bonaerense. Se caracteriza por volúmenes simples, cubiertas amplias a dos aguas, materiales nobles como el ladrillo y la chapa, y una expresión austera determinada por su función productiva. En San Antonio de Areco, la tradición gauchesca y la actividad rural dejaron una huella profunda en el paisaje construido. La ciudad, declarada Capital Nacional de la Tradición en 1970, alberga el Parque Criollo y el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, inaugurado en 1938, que constituyen un epicentro simbólico de esa identidad.
Don Chiviro se sitúa en ese contexto. La vivienda retoma la lógica de los galpones: volúmenes simples, cubiertas amplias, materiales nobles y una expresión austera. Esa lógica se reinterpreta en clave residencial para generar espacios amplios, flexibles y luminosos. El estudio Arecoarqs, integrado por arquitectos con trayectorias independientes en la zona, consolidó un espacio de diseño y gestión que busca dialogar con el carácter local. «Creemos en una arquitectura situada que respeta el carácter del lugar y que está diseñada para quienes van a habitarla», señalan los proyectistas.
La casa no compite con el paisaje ni se impone como un objeto ajeno. Por el contrario, reconoce la escala, los ritmos y la memoria del entorno. La implantación busca una relación directa con el paisaje y con la escala abierta del lugar. La vivienda se presenta como una pieza serena de líneas definidas que acompaña la horizontalidad de la llanura. Su presencia es contundente pero medida: reconoce el peso simbólico del Parque Criollo y de la tradición local, pero responde desde una mirada actual.
El proyecto evita la escenografía. No repite formas tradicionales de manera nostálgica, sino que traduce ese imaginario mediante un lenguaje contemporáneo. La sobriedad formal, la claridad constructiva y una materialidad que dialoga con el contexto sin perder identidad propia son los ejes de la propuesta. La casa recupera la esencia del galpón —su amplitud, su simpleza y su potencia espacial— para convertirla en una forma de vida actual.
La ficha técnica indica que el terreno tiene 2000 m2 y la obra construida 135 m2. La vivienda se desarrolla en un solo nivel, con ambientes flexibles que se adaptan a los usos contemporáneos. Las cubiertas amplias y los materiales nobles remiten a las construcciones productivas de la zona, pero se resuelven con criterios de eficiencia energética y confort actual. La orientación y el diseño de aberturas buscan maximizar la luz natural y la ventilación cruzada.
San Antonio de Areco ha experimentado en las últimas décadas un proceso de transformación urbana y demográfica. Según datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2022, el partido registró una población de aproximadamente 24.000 habitantes, con un crecimiento sostenido respecto de décadas anteriores. Ese crecimiento se refleja en la expansión de barrios cerrados y en la demanda de viviendas permanentes o de fin de semana, atraídas por el patrimonio histórico y el entorno rural. La tensión entre conservación y desarrollo es un debate presente en la comunidad.
En ese marco, la propuesta de Arecoarqs se posiciona como una alternativa que busca consolidar un lenguaje propio. «San Antonio de Areco no es un lugar más; tiene una identidad y una historia que lo hacen único. Somos testigos de su transformación y nos proyectamos como referentes para acompañar ese crecimiento con una arquitectura responsable», explican los arquitectos. La meta declarada es consolidar un lenguaje que dialogue con la tradición del lugar pero que aporte modernidad y eficiencia.
La vivienda Don Chiviro se inscribe en una corriente de arquitectura contemporánea argentina que revisita tipologías rurales. Otros estudios han explorado el galpón, el rancho o el almacén como punto de partida para proyectos residenciales. En todos los casos, el desafío es evitar la copia formal y lograr una síntesis que responda a las necesidades actuales. La clave está en la interpretación de la lógica espacial y constructiva, no en la reproducción de elementos decorativos.
El contexto del Parque Criollo Ricardo Güiraldes añade una capa de significado. Inaugurado en 1938, el parque reúne el Museo Gauchesco, la pulpería La Blanqueada y el cementerio donde descansan los restos de Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra. Es un espacio de memoria y de recreación de la tradición rural. La cercanía de la casa a ese conjunto patrimonial exige una respuesta arquitectónica respetuosa. La vivienda no pretende competir con el parque ni con su carga simbólica, sino establecer un diálogo silencioso.
La materialidad de Don Chiviro dialoga con el entorno sin perder identidad propia. Se emplean materiales nobles, probablemente ladrillo, madera y chapa, que remiten a las construcciones productivas. La expresión austera se mantiene, pero se incorporan soluciones contemporáneas de aislamiento, carpinterías y sistemas constructivos. El resultado es una casa que se percibe como parte del paisaje, pero que responde a estándares actuales de confort y eficiencia.
La superficie de 135 m2 se organiza en espacios amplios y flexibles. La planta baja alberga las áreas sociales y privadas, con una clara diferenciación entre zonas de día y de noche. Los ambientes se conectan visualmente con el exterior a través de grandes aberturas. La horizontalidad de la casa acompaña la planicie del terreno. El jardín, que ocupa la mayor parte de los 2000 m2, mantiene especies autóctonas y espacios de expansión.
El estudio Arecoarqs está integrado por arquitectos que desarrollan su actividad en San Antonio de Areco. Su enfoque combina el diseño y la gestión integral de proyectos. La vivienda Don Chiviro es una muestra de esa filosofía. La comunicación constante con el comitente fue un aspecto central del proceso, según destacan los proyectistas. Esa relación permitió ajustar el programa y los detalles constructivos a las necesidades específicas.
La obra se terminó en 2025 y las fotografías fueron tomadas por Juan del Castello. La difusión del proyecto en medios nacionales, como Clarín, evidencia el interés por las propuestas que abordan la relación entre arquitectura, paisaje y tradición. En un contexto de crecimiento inmobiliario en zonas rurales y periurbanas, la experiencia de Don Chiviro aporta una referencia sobre cómo intervenir en entornos sensibles.
El debate sobre la arquitectura en San Antonio de Areco no es nuevo. Desde la sanción de la Ley Nacional de Patrimonio Histórico en 1940 y la declaratoria de la ciudad como Capital Nacional de la Tradición, ha habido intentos por preservar el carácter local. Sin embargo, la presión del mercado inmobiliario y la demanda de viviendas contemporáneas plantean desafíos. La propuesta de Arecoarqs se suma a otras iniciativas que buscan un equilibrio entre conservación y desarrollo.
En síntesis, Don Chiviro es una vivienda que reinterpreta el galpón pampeano desde una perspectiva contemporánea. No copia formas tradicionales ni se impone como un objeto ajeno. Reconoce el carácter del lugar y propone una síntesis entre memoria y modernidad. La obra se implanta frente al Parque Criollo Ricardo Güiraldes, en un terreno de 2000 m2, y construye 135 m2 en un solo nivel. El proyecto fue desarrollado por el estudio Arecoarqs y finalizado en 2025. Su presencia discreta y su lenguaje austero la convierten en una pieza que dialoga con la tradición gauchesca y con el paisaje pampeano.
La conclusión es que la arquitectura situada, atenta al contexto y a las necesidades actuales, puede aportar respuestas valiosas en entornos cargados de historia. La casa Don Chiviro es un ejemplo de cómo transformar el imaginario del galpón en una forma de vida actual, sin caer en la escenografía ni en la nostalgia. Es una pieza serena que acompaña la horizontalidad del lugar y reconoce su peso simbólico, pero responde desde una mirada contemporánea.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
