La comercialización de los últimos 30 lotes de Pilará, un country ubicado en el km 565 de la Panamericana ramal Pilar, marca el cierre de un ciclo iniciado en 2007, cuando el desarrollo se posicionó como uno de los emprendimientos más ambiciosos de la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Con 19 años de historia, el barrio privado acumula 600 familias residentes de forma permanente, 600 casas terminadas y una infraestructura que incluye cancha de golf de 18 hoyos, polo, tenis y un masterplan diseñado por el estudio Robirosa con paisajismo de Carlos Thays. La oferta actual de lotes de 800 a 1600 m², con precios desde US$ 120.000 y un plan de financiación de 36 cuotas fijas en dólares con anticipo del 35%, se presenta como una de las últimas oportunidades de inversión en un proyecto ya consolidado, en un mercado que, según datos de la Cámara Argentina de Desarrollos Inmobiliarios (CADI), muestra una desaceleración en los lanzamientos de nuevos countries desde 2018.
El origen de Pilará se remonta a la visión de Enrique Ruete, quien concibió el proyecto como un club deportivo de élite, un club de tenis que luego derivó en un desarrollo inmobiliario con la colaboración de su familia, socios y amigos. Ese tránsito de club deportivo a emprendimiento residencial no fue aislado: forma parte de una tendencia que cobró fuerza en la década de 1990 y se consolidó en los 2000, cuando la demanda de seguridad, espacios verdes y amenities deportivos impulsó la migración de familias de la Ciudad de Buenos Aires hacia la periferia norte. En ese contexto, Pilar se convirtió en el epicentro de los countries más exclusivos del país, con una oferta que llegó a superar los 80 emprendimientos en el partido, según relevamientos del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires (CAPBA).
La cronología de Pilará permite observar tres etapas claras. La primera, entre 2007 y 2012, estuvo marcada por el lanzamiento y la venta de lotes en un contexto de fuerte expansión del crédito hipotecario en dólares y un tipo de cambio favorable para la inversión extranjera. La segunda, de 2013 a 2019, coincidió con el cepo cambiario, la inflación creciente y la retracción de la demanda, lo que ralentizó la construcción y obligó a los desarrolladores a ofrecer financiación propia. La tercera, desde 2020 hasta la actualidad, se caracteriza por la consolidación del barrio, la venta de los últimos lotes del proyecto original y un perfil de comprador más diversificado: familias jóvenes vinculadas al barrio, vecinos de zonas aledañas que acceden a un lote tras años de ahorro, familias porteñas que buscan un cambio de estilo de vida y inversores que buscan refugio de valor en un contexto de incertidumbre económica.
El precio de los lotes, desde US$ 120.000, se ubica por debajo de los valores de otros countries consolidados de la zona, como Nordelta o Abril, donde las parcelas similares superan los US$ 200.000. Esa diferencia relativa, según explican desde Clodinet S.A., la desarrolladora, responde a la antigüedad del proyecto y a la menor extensión de algunos lotes, pero también a la necesidad de acelerar la colocación de las últimas unidades. La financiación en 36 cuotas fijas en dólares, con un anticipo del 35%, es una modalidad que se generalizó en el sector desde 2019, cuando la banca dejó de ofrecer créditos hipotecarios en moneda extranjera y los desarrolladores debieron convertirse en financistas. Según un informe de la consultora Reporte Inmobiliario, el 70% de las operaciones de lotes en countries de Zona Norte se realizan con algún tipo de financiación propia, y el plazo promedio oscila entre 24 y 48 cuotas.
La consolidación de Pilará también se explica por su infraestructura deportiva. La cancha de golf de 18 hoyos, categoría Signature, fue diseñada por el estudio del golfista y arquitecto Emilio Bertolini, y se suma a las canchas de polo, tenis y un club house con servicios de spa y gastronomía. Esa oferta compite directamente con otros emprendimientos de la zona, como el Pilar Golf Club o el Highland Park, pero Pilará se diferencia por la presencia de un bosque nativo preservado y lagunas artificiales que, según la desarrolladora, ocupan el 12% de la superficie total. El masterplan de 420 hectáreas incluye 950 lotes residenciales, 13 macrolotes para complejos de mediana densidad, townhouses, dormis y tres módulos de departamentos. La variedad arquitectónica, con predominio del estilo contemporáneo, refleja la evolución del gusto de la demanda: mientras en los primeros años predominaban las casas de estilo neoclásico o mediterráneo, en la última década ganaron terreno los diseños de líneas rectas, grandes ventanales y materiales sustentables.
El contexto económico actual presenta desafíos para la colocación de los últimos lotes. La inflación en dólares, la incertidumbre cambiaria y la caída del poder adquisitivo de los sectores medios y altos han moderado la demanda de segundas viviendas y de inversiones en ladrillos. Sin embargo, los countries de Zona Norte mantienen un atractivo relativo como refugio de valor, y la escasez de oferta en barrios consolidados juega a favor de Pilará. Según datos del INDEC, la construcción en el partido de Pilar cayó un 8% interanual en 2025, pero los permisos de edificación en countries se mantuvieron estables, lo que sugiere que la demanda de vivienda permanente en barrios cerrados no se contrajo al mismo ritmo que la obra pública o la construcción en general.
El perfil del comprador que describe Rodrigo Silva Nieto, CEO de Clodinet S.A., coincide con los datos de la inmobiliaria Toribio Achával, que en su último informe sobre countries de Zona Norte señala que el 40% de las operaciones corresponde a hijos de propietarios o vecinos del mismo barrio, el 25% a familias de la Ciudad de Buenos Aires y el 35% a inversores. Esa composición muestra un cambio respecto de los primeros años del proyecto, cuando la mayoría de los compradores eran familias porteñas que buscaban una segunda vivienda. La consolidación demográfica de Pilará, con 600 familias residentes de forma permanente, ha generado un efecto de comunidad que retroalimenta la demanda: los hijos de los primeros vecinos, al formar sus propias familias, buscan lotes en el mismo barrio, y los amigos de los propietarios se suman por recomendación.
La historia de Pilará también refleja la evolución de la normativa urbanística en Pilar. A lo largo de estos 19 años, el municipio implementó restricciones a nuevos emprendimientos en zonas sin servicios de agua y cloacas, lo que encareció el desarrollo de nuevos countries y favoreció la consolidación de los existentes. Esa regulación, sumada a la saturación de la oferta en la zona, explica por qué el mercado de lotes en countries de Pilar se encuentra en una fase de madurez: los proyectos nuevos son escasos y los compradores privilegian barrios con infraestructura completa y comunidades formadas.
La venta de los últimos 30 lotes de Pilará, distribuidos en siete comunidades con nombres que honran los antiguos carruajes de la propiedad (La Berlina, La Volanta, El Tono, La Diligencia, La Calesa, El Milord, El Faeton Cabriolet, Tilbury Norte y Sur, La Tartana y Landó), cierra un capítulo en la historia del desarrollo inmobiliario de Zona Norte. Cada barrio ofrece una característica diferencial: lagunas, golf, polo o bosque nativo. La diversidad de entornos y la escasez de oferta en un barrio consolidado son los argumentos que la desarrolladora utiliza para atraer a los compradores. En un mercado que ya no crece al ritmo de la década pasada, la última oportunidad de comprar en Pilará se presenta como una inversión en un entorno de exclusividad y comunidad, pero también como un termómetro de un ciclo que, tras 19 años, llega a su fin.
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