La escena cultural argentina vuelve a demostrar que, cuando el sistema formal falla, las comunidades profesionales construyen sus propias redes de sostén. A cinco años del infarto cerebral que transformó la vida y la escritura de María Moreno, un grupo de artistas visuales, escritores, actores y amigos impulsa una nueva subasta solidaria destinada a cubrir los gastos de rehabilitación y acompañamiento cotidiano que la obra social no alcanza a financiar. La cita es el 28 de septiembre a las 18.30 en el Teatro El Excéntrico de la 18°, en Lerma 420, y el catálogo incluye obras de mediano y pequeño formato de nombres centrales del arte contemporáneo local.
La iniciativa, denominada Todo para María Moreno, está coordinada por la artista Renata Schussheim, el artista plástico Juan José Cambre y la actriz y directora teatral Cristina Banegas. No se trata de un gesto aislado: es la continuidad de una respuesta colectiva que ya se activó en 2021, cuando el ACV isquémico del 3 de julio de aquel año dejó a Moreno con una parálisis del lado derecho del cuerpo, incluida la mano con la que escribía. La escritora lo narró sin eufemismos cuando describió esa extremidad como «la mano de escribir», una mano que quedó «exangüe, lívida, sobre una plataforma de elevación». A partir de entonces, su relación con el lenguaje escrito dejó de ser un acto automático para convertirse en el resultado de una negociación permanente con su propio cerebro: «No escribo las palabras que deseo; a estas las olvido fácilmente. Escribo las que son fruto de una negociación», apuntó.
El contexto clínico y económico de fondo resulta determinante para entender la subasta. Un ACV con secuelas motoras severas exige rehabilitación kinesiológica, fonoaudiológica y ocupacional sostenida durante años, además de dispositivos de accesibilidad física. Según se desprende de la convocatoria, la obra social de la escritora no cubre la totalidad de esos costos. A esto se sumó, en los primeros meses posteriores al infarto, la imposibilidad de regresar a su domicilio sin adaptaciones edilicias, entre ellas un ascensor de barandilla para salvar la escalera de su edificio. Ese conjunto de erogaciones —rehabilitación prolongada, asistencia domiciliaria y obra de accesibilidad— explica por qué la comunidad artística apela a un mecanismo de financiamiento directo y no a un subsidio estatal.
La comparación entre las dos subastas, la de 2021 y la actual de septiembre de 2026, permite leer un desplazamiento en el diagnóstico que el propio campo cultural hace sobre su situación. En 2021 la urgencia era paliar el impacto inmediato del evento neurológico. En 2026 la necesidad aparece descrita en términos estructurales: la asistencia es permanente, la rehabilitación sigue en curso y el sistema de salud no termina de absorberla. Juan José Cambre lo sintetizó desde Los Cocos, Córdoba, donde reside: «Cualquier posibilidad de ayuda en el terreno de la cultura y la educación que está cada día peor, cada día más dejado de lado por las autoridades». La frase opera como una bisagra entre dos dimensiones: la solidaridad concreta con una colega y la lectura crítica de un contexto de retracción del financiamiento público en cultura, educación y salud.
El catálogo de la subasta funciona, además, como un mapa del campo artístico argentino contemporáneo. Entre las piezas principales figura Marie (2019) de Mariela Scafati, una obra tridimensional realizada en acrílico sobre tela con soga, delantal y campera. La inclusión de prendas y objetos domésticos dentro de la composición conecta con una de las líneas más reconocidas de Scafati: la tensión entre pintura, cuerpo, trabajo y soportes no tradicionales. A su lado se anuncian obras de Gachi Hasper, Daniel Santoro y Carlos Bisolino, entre otros nombres del arte visual. La selección fue deliberadamente acotada a formatos medianos y pequeños, una decisión logística y comercial que abarata el traslado de las piezas, facilita su exhibición en un espacio teatral no concebido como sala de subasta y amplía la franja de potenciales compradores.
La trayectoria de Moreno explica por qué la convocatoria obtiene una respuesta transversal. Autora de títulos como El affair Skeffington, Black out y La merma, esta última reconocida en 2024 con el Premio Konex de Brillante y el Konex de Platino, y becaria Guggenheim, Moreno construyó una obra situada en la intersección entre literatura, crónica periodística, memoria política y crítica cultural. Su paso por la dirección del Museo del Libro y de la Lengua la consolidó como gestora, además de escritora. Ese perfil múltiple —autora, periodista, editora, gestora— es el que activa una red amplia de colegas y lectores dispuestos a contribuir.
Renata Schussheim aportó la dimensión afectiva de la convocatoria al describir un vínculo de amistad de años y una lectura sostenida de la obra de Moreno: «Sus libros están siempre cerca de mí porque siempre me dan placer». Pero inmediatamente después fijó el objetivo material de la iniciativa: que Moreno «sea más feliz, tenga menos problemas y pueda escribir sin tener tantas presiones», que pueda «relajar un poquito». La formulación no es anecdótica: describe un escenario en el que la carga administrativa, económica y sanitaria que hoy rodea a la escritora condiciona su capacidad de producción literaria. La subasta, entonces, no solo financia cuidados: intenta recomponer las condiciones de posibilidad de una obra en curso.
Desde una perspectiva económica, una subasta solidaria de este tipo opera como un mercado secundario acotado en tiempo y con una función específica: los precios de las piezas se determinan por disposición a pagar en un contexto de causa compartida, y el resultado es un flujo de fondos que no pasa por los canales estatales ni por las aseguradoras de salud. Esto la vuelve especialmente sensible al tamaño del catálogo, a la reputación de los artistas participantes y a la capacidad de gasto del público convocado. La experiencia de 2021 sugiere que ese público existe: una comunidad de coleccionistas, profesionales del arte, lectores y amigos dispuestos a comprar obra por razones que exceden la pura inversión estética.
El caso también expone un patrón más amplio en el sistema cultural argentino: la progresiva privatización de facto de los costos de rehabilitación y cuidados de largo plazo para trabajadores de la cultura. Cuando la obra social no cubre, cuando el Estado se retira del financiamiento sectorial y cuando los ingresos de una autora —incluso una con premios nacionales e internacionales— no alcanzan para sostener tratamientos prolongados, la respuesta recae sobre redes informales de pares. Esa dinámica, documentada en múltiples campos profesionales, se vuelve particularmente visible en un caso donde la persona afectada es uno de los nombres más reconocidos de la literatura argentina contemporánea.
El Teatro El Excéntrico de la 18°, un espacio histórico del circuito alternativo porteño, funcionará como sede de la puja a partir de las 18.30 del 28 de septiembre. La elección del lugar refuerza el carácter autogestivo del evento y lo inscribe en una tradición de espacios culturales que operan como infraestructura de sostén mutuo cuando los circuitos oficiales se retraen.
Los hechos disponibles permiten afirmar lo siguiente: la subasta existe, tiene fecha, sede y catálogo confirmado; sus organizadores son figuras de primer nivel del arte y el teatro argentinos; su finalidad es financiar cuidados asistenciales no cubiertos por la obra social; y su antecedente directo es una instancia similar de 2021. Lo que queda por medir, una vez ejecutada la subasta, es cuánto de esos costos logra efectivamente absorber. Lo que ya puede leerse con claridad es la persistencia de una comunidad que, ante cada falla del sistema, vuelve a organizarse alrededor de uno de sus nombres más decisivos.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
