Hay obras que permanecen en el borde de la memoria colectiva durante décadas, sostenidas apenas por referencias académicas y algún registro fotográfico, hasta que el mercado o una institución las devuelve al presente. «El último payador», el tapiz de 200 por 140 centímetros firmado por Antonio Berni que la galería Cosmocosa exhibirá en la próxima edición de arteba en La Rural, pertenece a esa categoría de objetos que la historiografía del arte argentino menciona de manera intermitente pero que el público general rara vez ha tenido ocasión de ver. Según la información difundida por la galería de Amparo Discoli, la pieza fue exhibida por última vez en 1991 en el Museo Nacional de Bellas Artes, lo que implica que transcurrieron aproximadamente tres décadas y media sin exposición pública documentada antes de su regreso en el marco de la feria que abre este viernes y se extiende hasta el domingo con Clarín y revista Ñ como media partners.\n\nLa relevancia del hallazgo no reside únicamente en la rareza del soporte —el trabajo textil de Berni es escasamente estudiado en comparación con su producción pictórica, su grabado o su serie de collages y gofrados con Ramona Montiel—, sino en el momento en que esa pieza reaparece. El mercado del arte textil atraviesa un proceso de revalorización sostenida tanto en el ámbito local como en el internacional, y la posibilidad de inscribir una obra de un artista central del canon argentino dentro de esa categoría introduce una variable que los coleccionistas venían observando con atención creciente. La singularidad que la galería destaca es la convergencia entre el trabajo artesanal del tejido y la intervención conceptual del artista que bocetó y diseñó la pieza: no se trata de un objeto decorativo producido en serie, sino de una obra cuya matriz creativa pertenece a Berni y cuya ejecución material movilizó saberes técnicos de artesanos textiles.\n\nEl contexto institucional suma un elemento de contraste difícil de ignorar. En simultáneo, el Museo Nacional de Bellas Artes expone dos tapices de las Colecciones Reales de España: «La cometa» (1776-1778) y «La gallina ciega» (1778), ambos realizados a partir de cartones de Francisco Goya. El cruce entre ambas exhibiciones no fue planificado, pero habilita una lectura comparativa productiva. Por un lado, las piezas de Goya remiten al ocio de la aristocracia española y a materiales asociados al lujo, con presencia de seda en su confección. Por el otro, la escena tejida por Berni se inscribe en un registro popular y telúrico: un payador rodeado de una familia, una abuela, un perro y un vecino en bicicleta, en una representación explícitamente rural. La comparación permite observar dos tradiciones del tapiz como dispositivo de representación social, separadas por dos siglos y por concepciones antagónicas de quién merece ser retratado.\n\nSegún declaraciones de Amparo Discoli a Clarín, la obra está conectada con las clases trabajadoras del país y con una técnica que se hermana con las representaciones insistentes que Berni hizo de ese mismo universo social. La galerista señaló además que la pieza está creada en lana de algodón y que el factor determinante reside en la elección de los personajes, los objetos y los colores. La investigadora Silvia Dolinko, convocada por Cosmocosa, estudió la obra en profundidad y aportó el respaldo académico que permite situarla con precisión dentro de la producción berniana. Antes del montaje en arteba, la pieza —conservada en excelente estado según la información disponible— fue acondicionada por Lucina Pesoa, conservadora especializada en textiles. El montaje incluyó un soporte de contramarco provisto por Lumen para aislar la obra del contacto directo con los paneles, una decisión técnica que busca tanto la preservación del material como la apreciación directa por parte de los visitantes.\n\nEl origen de la pieza agrega una capa adicional de interés. El diseño de «El último payador» fue primero un grabado que integró una serie, parte de la cual constituyó el envío argentino a la Bienal de Venecia. Esa secuencia —del grabado al tapiz— revela un método de trabajo que Berni practicó con frecuencia: la traducción de imágenes entre soportes, la reutilización de matrices y la expansión de un mismo universo iconográfico hacia materiales diversos. En este caso, el pasaje del papel al textil no implica una simple reproducción mecánica, sino una reelaboración que incorpora la materialidad de la lana y del algodón como componente expresivo. La pieza no estará sola en el stand: será acompañada por el díptico «El striptease de Ramona», perteneciente a la serie de gofrados, lo que permite al visitante reconstruir parcialmente la lógica de experimentación matérica que atravesó la carrera del artista rosarino.\n\nEl legado de Berni, según la caracterización de la propia galerista, combina un carácter monumental con una dimensión esencialmente popular: sus exhibiciones llenan salas y convocan a públicos masivos, desde jóvenes y artistas iniciados hasta personas sin formación previa en arte, al tiempo que la obra funciona como objeto de deseo para la élite de coleccionistas del país. Esa doble condición —masividad e interés del mercado— explica por qué una pieza poco conocida puede adquirir una centralidad inesperada en una feria que busca un público transversal. La estrategia de Cosmocosa, que trabaja con el legado de Berni de manera sostenida, apunta a presentar una perspectiva novedosa sobre un artista cuya imagen pública está fuertemente asociada a otros conjuntos de obra.\n\nEn términos de implicancias, el regreso de «El último payador» coincide con tres fenómenos convergentes. Primero, la consolidación del arte textil como categoría legítima dentro del gran arte, proceso que en los últimos años desplazó a la producción textil desde el terreno de lo artesanal-decorativo hacia el circuito de las galerías y las subastas internacionales. Segundo, la revisión historiográfica en curso sobre los vínculos entre arte moderno latinoamericano y saberes artesanales, campo en el que la obra de Berni ofrece un caso especialmente rico por su combinación de técnica, política y cultura popular. Tercero, la dinámica de las ferias como espacios de descubrimiento: arteba, con su tradicional sede en La Rural, funciona como plataforma donde piezas de visibilidad limitada pueden reinsertarse en la conversación pública y, eventualmente, en el mercado.\n\nLa comparación con los tapices de Goya expuestos en el Bellas Artes no debe leerse como una jerarquización entre ambas tradiciones, sino como una constatación de que el tapiz, como medio, ha servido históricamente para representar mundos sociales opuestos con igual sofisticación técnica. Donde Goya y sus artesanos registraron los pasatiempos de la nobleza, Berni y los tejedores que materializaron su diseño fijaron una escena de ocio popular rural. El contrapunto permite apreciar no solo la imaginación de los artistas sino también la calidad del trabajo de los artesanos que hicieron posibles ambas obras, un aspecto que la historiografía tradicional del arte tendió a subordinar frente a la figura del creador.\n\nLa conclusión que emerge de los hechos disponibles es acotada pero significativa. «El último payador» retorna al circuito expositivo tras más de tres décadas con un respaldo documental e institucional que incluye la investigación de Dolinko, la intervención de una conservadora especializada y un montaje técnico diseñado para su preservación. Su presentación en arteba junto al díptico de gofrados de la serie de Ramona Montiel permite observar dos procedimientos distintos de una misma poética matérica. Y su diálogo involuntario con los tapices de Goya en el Bellas Artes ofrece una clave de lectura sobre las funciones sociales del textil como soporte artístico. Lo que resta por verificarse es si ese retorno se traduce en una reincorporación estable de la producción textil de Berni al relato canónico y al mercado, o si permanece como una aparición excepcional en el calendario de una feria.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
