Hay una pregunta que atraviesa la obra reciente de Maurizio Lazzarato y que, formulada sin rodeos, resulta incómoda para buena parte de la tradición crítica contemporánea: ¿por qué no hay revolución, si las condiciones objetivas parecen dadas? La gran violencia (Tinta Limón, colección Nociones Comunes, ISBN 9786316507440), el nuevo libro del sociólogo y filósofo italiano radicado en París, aborda ese interrogante con una arquitectura textual que combina dos registros. La primera parte reúne artículos escritos entre 2024 y 2026 en torno a la cuestión de la guerra; la segunda, integrada por textos inéditos de mayor extensión, intenta responder por qué la revolución se ha vuelto, en el presente, prácticamente impensable.
El volumen funciona, en términos editoriales, como la continuación explícita de una exploración que Lazzarato iniciara en 2016 con Guerras y capital. Una contrahistoria, escrito junto a Éric Alliez (Éditions Amsterdam; edición en castellano en Tinta Limón / La Cebra, 2021). En aquel trabajo, los autores se preguntaban por las razones teóricas y políticas que explican la ausencia de un acontecimiento insurreccional de orden político y económico, pese a la existencia de condiciones materiales que, en el papel, lo favorecerían. Ocho años después, la respuesta se despliega en un triple análisis: la cuestión del poder, la multiplicidad del proletariado y el saber estratégico-organizativo.
## La máquina Estado-Capital como punto de partida
El punto de partida de La gran violencia es una determinación que el autor considera crucial: el rol del Estado en su doble forma —poder político-militar y poder económico— y su carácter inseparable del capital. Lazzarato acuña la noción de «máquina Estado-Capital» como operativo conceptual para dar cuenta de que el Estado moderno nace de las guerras civiles. De allí se deriva un vínculo irreductible entre Estado, capital y guerra, verificable —sostiene— desde la noción marxista de «acumulación originaria» como origen «oculto» del capitalismo: depredación, saqueo de materias primas, expropiación de riquezas, expulsión de trabajadores de las tierras comunales, colonización de América y esclavismo.
La tesis se formula sin ambigüedad: «El Estado y su soberanía, el monopolio de la fuerza que se manifiesta plenamente en la guerra, así como su poder administrativo, deben integrarse en los conceptos marxianos de capital y producción». Esta operación teórica desplaza el eje desde una lectura economista del capitalismo hacia una lectura donde la violencia organizada es principio constitutivo y no excepción.
El catálogo editorial de Tinta Limón permite reconstruir la secuencia argumental. Si en ¿Hacia una nueva guerra civil mundial? (2024) Lazzarato sostenía que «ya no hay mediaciones» y que un nuevo ciclo de acumulación se desata con toda su violencia ante democracias occidentales cómplices y sin oferta, en La gran violencia la formulación se radicaliza: el neoliberalismo ha muerto; el capitalismo es, en realidad, antimercado, pura estrategia de poder, voluntad bélica y máquina Estado-Capital. La descripción distribuidora del libro precisa además el diagnóstico geopolítico: Estados Unidos se desmorona, pero su reacción no es el repliegue sino la guerra, porque la gobernanza neoliberal fracasa y las luchas intestinas del capital financiero conducen a una salida violenta. La guerra opera, así, como acumulación originaria, como estado de excepción y como última carta de un imperio que, según el autor, se vuelve fascista.
## La polémica con el pensamiento del 68
El gesto más conflictivo del libro apunta hacia adentro del propio campo crítico. Desde la perspectiva de Lazzarato, el llamado «pensamiento del 68» habría sido el gran responsable de debilitar e incluso de jugar a favor de la «pacificación» del capitalismo, al separar la analítica del poder de la violencia y colocar en el centro el problema de la subjetividad desde un punto de vista de resistencia ética que no modifica sustancialmente la correlación de fuerzas en el nivel macroeconómico.
La acusación alcanza a un arco amplio: las filosofías de Foucault, Deleuze, Guattari, Derrida, Lyotard y Butler, pero también la Italian Theory representada por Negri, Agamben y Esposito. Todos ellos, sostiene, habrían abandonado toda lógica macropolítica y revolucionaria para centrarse en la problemática micropolítica y microfísica, dejando de lado la cuestión de la guerra a fin de producir categorías vinculadas con la subjetividad: el cuidado de sí, la minoría, los afectos, la producción deseante, la diferencia o la performatividad.
El autor lo formula de manera directa: «Los pensadores críticos son muy diferentes entre sí, pero coinciden en un principio: neutralizar los conceptos de guerra, guerra civil y revolución». La crítica no es nueva en su trayectoria. Ya en El capital odia a todo el mundo (Eterna Cadencia, 2019) había propuesto una refutación filosófica de textos clave de Foucault, Deleuze, Guattari, Agamben, Negri y Rancière, y una amonestación política a las corrientes autónomas. En La gran violencia, esa línea se profundiza y se conecta con un diagnóstico sobre el presente.
El argumento tiene una dimensión histórica precisa. Mientras Foucault pensaba en una línea que lo acercaría a su idea de micropolítica —pequeñas resistencias como acto de respuesta al poder— e identificaba un pensamiento liberal que diluía y diseminaba las estrategias de control a través de mecanismos sutiles, perdía de vista, según Lazzarato, que innumerables actos de violencia política y militar real se estaban llevando a cabo en territorios que conformaban las antiguas colonias. Esos actos, considerados repúblicas de segunda línea por un poder que seguía siendo colonialista en su corazón, habrían provocado la mutación del sistema capitalista hacia su variante neoliberal, iniciada —precisa, retomando al economista egipcio Samir Amin— por una segunda larga crisis entre 1978 y 1991.
## Proletariado, multiplicidad y saber estratégico
La segunda parte del libro, la integrada por textos inéditos, se organiza en torno a la reconstrucción de una tradición estratégica que el autor considera desvalorizada. Lazzarato recupera a Lenin, Rosa Luxemburgo, Mao, Clausewitz y Fernand Braudel para pensar lo que denomina «el instante ciego de la acción». El objetivo declarado es volver a hacer pensable una revolución que hoy parece imposible, contra lo que describe como impotencia política y exclusión teórica de la guerra.
Un eje central de este tramo es la cuestión de la multiplicidad del proletariado. El problema que el autor identifica es que las guerras de clase, de género y de raza producen divisiones profundas al interior del proletariado, divisiones de las que se valen las clases dominantes para ejercer el dominio. De allí que el paso de las relaciones de poder a las relaciones estratégicas —la capacidad de resistencia y ataque, la acumulación y el ejercicio de la fuerza, los procesos de subjetivación— tenga como condición la neutralización de esas divisiones. La pregunta organizativa que se deriva es cómo construir conexiones revolucionarias entre multiplicidades heterogéneas sin disolver sus diferencias.
El contrapunto con la tradición leninista es explícito en la obra. Lazzarato cita el artículo de Lenin de abril de 1911, «En memoria de la Comuna», donde el revolucionario ruso sostenía que para que una revolución social triunfe se necesitan al menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella, condiciones que en 1871 no existían. La lectura de Lazzarato apunta a mostrar cómo esa conclusión arrastró al marxismo a la vía del desarrollo y de la conciencia de clase del partido obrero, en una lógica de poder a poder que hoy resulta inaplicable o insuficiente frente a la configuración de la máquina Estado-Capital.
## El imperialismo del dólar y el choque con los BRICS
El diagnóstico geopolítico de La gran violencia se articula con la línea abierta en El imperialismo del dólar. Crisis de la hegemonía estadounidense y estrategia revolucionaria (Tinta Limón, 2023). El libro analiza el choque de una potencia imperial en declive con China y los BRICS, el avance de la financierización y el lugar del desarrollo tecnológico. En el marco de esa disputa, la paradoja que el autor subraya es la de «luchas de clases sin clase y sin revolución».
La conexión entre deuda, guerra y subjetividad es otra de las capas del volumen. La trayectoria previa del autor —La fábrica del hombre endeudado (Amorrortu, 2013) y Gobernar a través de la deuda (2015)— había establecido la deuda como tecnología de poder y como máquina de fabricación de sujetos. En La gran violencia ese andamiaje se reubica en una economía política de la guerra: el poder fundado en la violencia y en la fuerza armada aparece como razón última del capitalismo y del neoliberal actual. El neoliberalismo, escribió Lazzarato, debe leerse como el acto de fuerza que convirtió al pueblo en armas en mera «población» y, en su despliegue, como la declaración continua de una guerra a esa población.
## Implicancias: entre la necesidad vital y la imposibilidad teórica
Las implicancias del planteo son dobles. En el plano teórico, La gran violencia propone una reordenación del vocabulario crítico: si el capital funciona necesariamente a través de la guerra, entonces las categorías heredadas del posestructuralismo y del posoperaísmo resultan insuficientes para dar cuenta de la coyuntura. En el plano político, el libro sostiene que la revolución sigue siendo una necesidad vital, aun cuando las condiciones para pensarla hayan sido erosionadas por décadas de desplazamiento hacia lo micropolítico.
El contexto de publicación no es neutral. Lazzarato se formó en los años setenta en la Universidad de Padua, en el marco de Autonomia Operaia, corriente marxista heterodoxa que rechazaba tanto el capitalismo como el comunismo soviético. La represión estatal contra los movimientos de izquierda en Italia a finales de esa década lo llevó al exilio en Francia, donde se integró al círculo intelectual en torno a Foucault, Deleuze y Guattari. Fue miembro fundador de la revista Multitudes y se desempeña como investigador en el CNRS y en el Colegio Internacional de Filosofía de París. Las acusaciones en su contra fueron retiradas en los años noventa, pero el exilio marcó su pensamiento.
Esa biografía explica la particularidad de su crítica: Lazzarato no polemiza con el pensamiento del 68 desde afuera, sino desde dentro de una tradición de la que formó parte. La gran violencia puede leerse, en ese sentido, como un ajuste de cuentas con el propio itinerario intelectual y con las condiciones que hicieron posible su obra anterior.
El volcado del libro hacia el problema de la estrategia —recuperar a Clausewitz y a Lenin, pensar la guerra civil global, analizar el choque imperial— configura una apuesta por reconstruir una capacidad de análisis macropolítico que el autor considera desmantelada. La pregunta que queda abierta es si esa reconstrucción conceptual alcanza para transformar una correlación de fuerzas que el propio diagnóstico describe como adversa.
## Conclusión informativa
La gran violencia reúne artículos de 2024-2026 y textos inéditos en dos movimientos: un diagnóstico sobre la centralidad de la guerra en la máquina Estado-Capital y una polémica con la tradición crítica pos-68 por haber neutralizado los conceptos de guerra, guerra civil y revolución. El libro sostiene que el neoliberalismo ha muerto y que el capitalismo debe entenderse como antimercado, estrategia de poder y voluntad bélica; analiza el declive estadounidense frente a China y los BRICS; y recupera la tradición estratégica de Lenin, Luxemburgo, Mao, Clausewitz y Braudel para volver a hacer pensable una revolución que, según el autor, sigue siendo una necesidad vital. Publicado por Tinta Limón en su colección Nociones Comunes, el volumen continúa la línea abierta en Guerras y capital (2016), El capital odia a todo el mundo (2019), El imperialismo del dólar (2023) y ¿Hacia una nueva guerra civil mundial? (2024).
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
