Hay producciones que se anuncian como adaptaciones y terminan siendo otra cosa. ‘Mis muertos tristes’, la miniserie de cuatro episodios que Pablo Larraín dirigió para Netflix a partir de la obra de Mariana Enriquez, no es una sucesión de cuentos, no es una mezcla y no es un cuento nuevo. Es un tejido. Así lo describe la propia autora argentina, que participó del proceso de escritura junto al chileno Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y el propio Larraín: un entramado en el que personajes, situaciones y, sobre todo, un universo entero se entrelazan a partir del relato homónimo incluido en ‘Un lugar soleado para gente sombría’ (Anagrama, 2024).
El anuncio oficial de Netflix, fechado el 2 de junio de 2025, confirmó que la compañía chilena Fábula —fundada por los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín en 2003— desarrollaría cuatro episodios de drama sobrenatural. La base no fue un único texto, sino cuatro: ‘Mis muertos tristes’, ‘Un lugar soleado para gente sombría’ y ‘Julie’ —los tres del libro de 2024— más ‘Cuando hablábamos con los muertos’, publicado originalmente en ‘Los peligros de fumar en la cama’ (2009).
La trama sigue a Ema, una médica jubilada que carga desde la infancia con un don que también funciona como castigo: puede ver e interactuar con el alma de quienes murieron en hechos de violencia y no logran asumir su fallecimiento. Esos muertos permanecen atrapados en un loop, enloquecidos por el desconcierto, y son capaces de atormentar a los vivos con su sufrimiento. Ema es la única que puede hablarles, serenarlos y acompañarlos. La llegada de su sobrina Julie y el asesinato de tres adolescentes en el barrio de Piedrabuena desatan un fenómeno que rompe el frágil equilibrio entre vivos y muertos.
El elenco está encabezado por Mercedes Morán (Ema), Dolores Fonzi, Alejandra Flechner (Lidia), Carolina Sánchez Álvarez (Julie), Carlos Portaluppi, Germán de Silva y la actriz chilena Luz Jiménez. La producción ejecutiva recayó en Álvaro Cabello y Cristián Donoso, con dirección de fotografía de Sergio Armstrong, diseño de producción de Rodrigo Bazaes y asistencia de dirección de Waldo Salgado. Los exteriores se rodaron en Buenos Aires, específicamente en la geografía del relato, mientras que los interiores se filmaron en Santiago de Chile.
No es un detalle menor que Larraín haya llegado a este proyecto después de dirigir ‘Lisey’s Story’, la miniserie de Apple TV+ basada en la novela de Stephen King, estrenada en junio de 2021 y escrita íntegramente por el propio autor estadounidense. Fue un ejercicio de ocho episodios en el que el chileno trabajó codo a codo con el escritor, producido por J. J. Abrams y Bad Robot. Seis años después, el elegido fue Enriquez: del rey del terror a la reina del terror, según la formulación que circuló en la prensa especializada.
El contexto editorial de la autora respalda esa etiqueta. Nacida en Buenos Aires el 6 de diciembre de 1973, Enriquez forma parte de la llamada nueva narrativa argentina y es considerada una de las voces más destacadas de la literatura contemporánea de su país. Sus textos se publicaron en revistas como Granta, The New Yorker, Electric Literature y McSweeney’s, y fueron traducidos a más de treinta idiomas. Entre sus influencias declaradas figuran Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Manuel Puig, Stephen King, Toni Morrison y Alan Moore. Su novela ‘Nuestra parte de noche’ (Anagrama, 2019) consolidó un reconocimiento que ahora se amplifica en el circuito audiovisual. Actualmente reside en Launceston, Tasmania, junto a su esposo, el fotógrafo australiano Paul Harper.
Enriquez también acumula legitimidad institucional. Fue dos veces Jurado de Honor del Premio Clarín Novela, y en la edición 28 compartió deliberación con el español Javier Cercas y el chileno Alberto Fuguet. La conversación que dio origen a esta nota se produjo desde Australia —donde vive— muy tarde en su horario local, mientras en Buenos Aires el día recién comenzaba.
La serie tiene además un recorrido festivalero previo a su desembarco en la plataforma. El Festival Internacional de Cine de San Sebastián la incluyó en la competencia de su Sección Oficial, en el marco de su 74ª edición, celebrada del 18 al 26 de septiembre de 2026. Allí se exhibió en formato de película, con una duración de 187 minutos, y proyecciones programadas para el 20 de septiembre en la sala Principal y el 21 en el Kursaal, con presencia del equipo. ‘Glaxo’, de Lucrecia Martel, fue otro de los títulos argentinos en competencia. El estreno en la Argentina y a nivel global quedó fijado para el jueves 24 de septiembre.
El proyecto se inscribe en una estrategia más amplia de Fábula y Netflix en América Latina. La productora chilena es la mayor del sector en su país, con un catálogo que abarca 44 largometrajes, 15 series y más de 900 piezas publicitarias. Ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera con ‘Una mujer fantástica’ (2018), obtuvo el Oso de Plata en Berlín por ‘El club’ y el Premio Goya por ‘La memoria infinita’. Para Netflix produjo ’42 días en la oscuridad’ (2022) y ‘Baby Bandito’ (2024), y el vínculo se extendió con el anuncio de ‘Once’, un nuevo largometraje chileno dirigido por Larraín. En paralelo, el director mantiene una filmografía donde conviven ‘Jackie’, ‘Spencer’, ‘Maria’ y ‘El Conde’.
El interés de la producción está puesto en una operación narrativa que traslada al formato serial la lógica que Enriquez aplica en su literatura: el terror más profundo nace de lo más cotidiano. En ‘Un lugar soleado para gente sombría’, por ejemplo, uno de los doce relatos se construye sobre el caso real de Elisa Lam, la joven hallada sin vida en el depósito de agua de un hotel de Los Ángeles, y explora el miedo concreto a la pérdida de los seres queridos. Esa misma raíz —donde lo sobrenatural funciona como vehículo de lo social— reaparece en la sinopsis oficial de la serie, que describe cómo el verdadero terror no es lo sobrenatural en sí, sino los horrores que la sociedad oculta.
El emplazamiento cumple una función determinante. Los exteriores se rodaron en Piedrabuena, el barrio del conurbano bonaerense donde transcurre la historia, con su comunidad de vecinos, su trazado geométrico y la violencia que recorre sus rincones. En la poética de Enriquez, el lugar no es decorado: es un elemento activo en la construcción del miedo. La decisión de filmar en la geografía real del relato refuerza esa continuidad entre ficción y territorio.
La expectativa de la autora quedó registrada en la declaración oficial difundida por Netflix: ‘Estoy muy feliz de que Pablo Larraín y Fábula me den el honor de adaptar mis historias en una sola miniserie. Personalmente disfruto las adaptaciones; creo que son lecturas, y tengo altas expectativas con esta lectura de Mis muertos tristes. Todo el proceso fue muy tranquilo y respetuoso, y el hecho de que se estrene en una plataforma con el alcance que tiene Netflix es vertiginoso, junto con la satisfacción de producir localmente en América Latina’.
El resultado, según la descripción de la propia Enriquez, apunta a un relato sobre la memoria y lo traumático. Esa definición conecta directamente con el centro temático de su obra reciente: la persistencia de los muertos no como fenómeno paranormal, sino como deuda pendiente de los vivos. La serie traduce ese principio a un formato de cuatro episodios, con un universo narrativo que se expande desde un cuento hacia una geografía completa, y con una estructura que apuesta a la continuidad atmosférica antes que a la sucesión de tramas cerradas.
El proyecto se sostiene sobre tres ejes verificables. Primero, un aparato de producción con respaldo industrial y antecedentes premiados en el circuito internacional. Segundo, un elenco de trayectoria consolidada en Argentina y Chile. Tercero, una obra literaria que ya cuenta con traducción a más de treinta idiomas y presencia en publicaciones de referencia global. La miniserie exhibida primero en San Sebastián y estrenada después en Netflix el 24 de septiembre de 2026 constituye, con esos elementos, un caso donde la circulación audiovisual latinoamericana articula mercado, festivales y literatura en una misma operación.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
