Cultura

Inteligencia artificial y estupidez colectiva: la crítica radical al tecnocapitalismo que cuestiona el poder de los “principados del algoritmo”

La velocidad con la que la inteligencia artificial se instaló en el debate público no tiene precedentes. En cuestión de meses, los sistemas generativos pasaron de ser herramientas de laboratorio a operar en el centro de las economías digitales, las campañas políticas y las relaciones sociales. Sin embargo, detrás de la fachada de eficiencia y progreso, un creciente cuerpo de investigaciones críticas advierte que esta tecnología no es un artefacto neutral, sino la expresión más acabada de un nuevo ordenamiento económico y cognitivo. Es precisamente en ese territorio donde se inscribe la obra del compositor, psicólogo y filósofo peruano Jorge Millones Valdivia, cuyo volumen de ensayos breves Inteligencia artificial y estupidez colectiva. Tecnocapitalismo en la era del no-pensar (Editorial Marea, 2025) propone una lectura incisiva y documentada sobre lo que denomina “la nueva joya de la corona del capitalismo tecnológico”.

Formado primero en artes plásticas y diseño publicitario, y luego en psicología en la Universidad Ricardo Palma, en filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en antropología en la Universidad San Antonio Abad del Cusco, Millones Valdivia reúne una formación interdisciplinaria que atraviesa las ciencias sociales, las humanidades y las artes. En los últimos años, y particularmente a partir de la crisis global desatada por la pandemia, el autor centró su mirada en las tecnologías digitales y la inteligencia artificial, analizando su impacto en la cultura, la sociedad y la política desde una perspectiva crítica y de izquierda latinoamericana. Ese enfoque, sostenido desde los márgenes del sistema editorial hegemónico, le permite al ensayista abordar el fenómeno tecnológico no como una mera cuestión técnica, sino como un problema de poder, soberanía y subjetividad.

El punto de partida de la obra es contundente: la inteligencia artificial no es una herramienta más en el repertorio productivo del capitalismo, sino un dispositivo de control que “dispara las ambiciones y los afanes de control” de los “principados del algoritmo”. La metáfora de los principados, tomada de la tradición maquiavélica y reorientada hacia el campo digital, alude a las grandes corporaciones tecnológicas que concentran los datos, la infraestructura computacional y la capacidad de modelar el comportamiento social a escala planetaria. Esta tesis se desarrolla a lo largo de una docena de ensayos breves cuyos títulos ya anticipan el tono y la densidad de la propuesta: “Dinero digital”, “Miren pero no token”, “Poder, seducción y desposesión”, “Hedonismo, biopoder y guerra cognitiva” y “¿Qué clase de clase somos?”, entre otros.

Para construir ese diagnóstico, Millones Valdivia pone en diálogo un repertorio teórico que incluye a Antonio Gramsci, Pierre Bourdieu, Judith Butler, Slavoj Žižek, Byung-Chul Han, Giorgio Agamben, Mijaíl Bajtín, Zygmunt Bauman, Yuval Noah Harari y Peter McLaren. Esa red de referencias no se despliega como un catálogo académico, sino como un aparato analítico orientado a interrogar las continuidades y rupturas entre el capitalismo industrial, el posfordismo y el actual tecnocapitalismo. La pregunta que atraviesa los ensayos es la siguiente: ¿qué formas de subjetividad, de trabajo y de vida produce un sistema cuyo principal activo es la captura de la atención y la modelación algorítmica de los deseos?

Una de las hipótesis centrales del libro es que la pandemia funcionó como un punto de inflexión histórico-invisible. Según el autor, después de la crisis sanitaria global el sistema “quedó desnudo” al esfumarse su “disfraz democrático”, y las “garras” del “monstruo” cayeron “sobre nuestros territorios” mediante una “guerra cognitiva contra la ciudadanía” y una intensificación del “lavado de cerebros desde las plataformas digitales”. Esta lectura, que dialoga con los documentos de la OTAN sobre guerra cognitiva y con los desarrollos teóricos de Byung-Chul Han acerca de la sociedad del cansancio, sitúa a los sistemas algorítmicos no solo como mediadores de la comunicación, sino como tecnologías de gobierno que operan sobre los umbrales emocionales, los sesgos confirmatorios y los circuitos atencionales de las poblaciones.

Millones sostiene además que el capitalismo tecnológico “quedó desnudo” ante la ciudadanía durante el confinamiento y que, en consecuencia, comenzó a volver a mutar. Esa mutación se manifiesta en la convergencia entre el capitalismo financiero, las monedas digitales autorizadas por los bancos centrales y los ecosistemas de plataformas que capturan tanto el excedente económico como el excedente cognitivo de los usuarios. Los ensayos dedicados al dinero digital y a los tokens indagan precisamente en esa zona de intersección donde la especulación financiera y la innovación tecnológica se confunden, generando nuevas formas de desposesión que no requieren violencia física sino extracción de datos, modelación de conducta y vigilancia predictiva.

En el ensayo titulado “Inteligencia artificial y estupidez natural”, el autor despliega una de las tesis más potentes del volumen: “La sociedad del cansancio ahora busca su refugio en la promesa ilusoria de la comodidad tecnológica”. Según Millones, el “nuevo mantra” del sistema es la superficialidad y “la nueva moneda de cambio” el agotamiento cerebral. En una frase que resume el espíritu crítico de la obra, el autor afirma: “En este teatro de lo cool donde la fatiga se esconde tras filtros de Instagram y emojis de risa, la verdadera hazaña es mantenerse despierto en un mundo que prefiere la comodidad a la reflexión y la distracción a la profundidad”. Esta formulación conecta la crítica de la fatiga con la genealogía del no-pensar, evocando tanto la noción hannah-arendtiana de la banalidad del mal como las advertencias de Han sobre la hiperactividad vacía.

El volumen se completa con un epílogo del escritor, músico y guionista argentino Julián Urman, director del proyecto “Fingir coherencia” en YouTube, que combina tecnología, política y filosofía. Urman titula su intervención “Menos fricción”, en alusión a una expresión que, según considera, “atraviesa todo el abanico de las actividades humanas” en la era digital. En su texto, Urman señala que el desafío planteado por Millones “consiste en recordarnos que las tecnologías no son evoluciones de un orden natural, sino contratos sociales que renovamos a diario”. El epílogo funciona así como un contrapunto generacional y geográfico que refuerza la vocación dialógica del ensayo latinoamericano contemporáneo, sin resignar rigurosidad ni compromiso crítico.

En términos de implicancias, la obra interpela directamente los procesos de regulación algorítmica, soberanía de datos y alfabetización digital en América Latina. Frente a la idea recurrente de que la tecnología arriba desde los centros hegemónicos como una evolución inevitable, Millones propone leerla como un territorio de disputa, y advierte que la ausencia de marcos soberanos convierte a los países de la región en consumidores pasivos de infraestructura y de sentido. La noción de “crisis del futuro” que articula el autor señala un bloqueo específico: la incapacidad de imaginar y proyectar escenarios alternativos ante un presente saturado de interfaces, métricas y optimización utilitarista. Desde los márgenes regionales, el libro demanda una reflexión sobre qué modelos de desarrollo tecnológico resultan compatibles con la democratización del conocimiento y la redistribución del poder.

En síntesis, Inteligencia artificial y estupidez colectiva. Tecnocapitalismo en la era del no-pensar se presenta como un aporte sustancial al emergente campo de la crítica tecnológica desde la izquierda latinoamericana. Su apuesta por el ensayo breve, de circulación amplia y estilo directo, no impide la densidad conceptual ni la referencialidad teórica. Por el contrario, permite tender puentes entre los debates académicos sobre el posthumanismo, la vigilancia algorítmica y la gubernamentalidad digital, y las experiencias cotidianas de los usuarios de plataformas. El libro advierte que la inteligencia artificial no debe ser comprendida como un destino ineluctable, sino como un terreno en disputa cuyas reglas todavía pueden ser reescritas. La pregunta que deja resonando en el lector es si las sociedades contemporáneas dispondrán de la lucidez política necesaria para intervenir en ese proceso antes de que el “no-pensar” se consolide como la forma naturalizada de habitar el mundo.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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