Una frase coloquial, casi un mensaje de texto suspendido en el aire, funciona como puerta de entrada a una de las operaciones curatoriales más ambiciosas del calendario artístico argentino de 2026. “Hola, ¿estás?” es el título de la nueva exposición inaugurada este fin de semana en Malba Puertos, la sede que el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires inauguró en 2024 en Belén de Escobar. El subtítulo completo del proyecto, sin embargo, precisa el alcance: “Arte argentino entre los 90 y los 2000 (y algunas interferencias históricas) a partir de la Colección Malba-Costantini”.
La elección del nombre no es anecdótica. Se trata de la obra que recibe al visitante en la Sala del Lago: Windows, de Mariela Scafati, creada en 2011 y compuesta por 36 afiches pintados a mano con mensajes manuscritos sobre fondos que recorren distintas tonalidades del rojo. La pieza funciona como bisagra conceptual: parece una serie de pancartas callejeras para una manifestación y, simultáneamente, remite a los posteos que circulan en las redes sociales. La instalación fue revisada y ampliada por la artista en 2021, cuando la exhibió en el Storefront for Art and Architecture de Nueva York bajo el título Algo se rompió: 2011—Windows—2021, recontextualizando el cuerpo de trabajo tras una década de activismos transfeministas. Una de sus frases —“El cuerpo, barricada fluida”— sintetiza ese desplazamiento del plano íntimo al colectivo.
La exposición, curada por Alejandra Aguado, coordinadora artística de Malba Puertos y curadora de la Colección Eduardo F. Costantini, reúne alrededor de 60 obras entre pinturas, esculturas y videos. Forma parte de “Latinoamérica en expansión”, la muestra que Malba presenta en su sede de Barrio Parque en el marco de su 25º aniversario. La inauguración se produjo días después de la gala celebrada el 17 de septiembre de 2026, durante la cual el fundador del museo, Eduardo F. Costantini, realizó anuncios de escala estructural.
El contexto institucional resulta inseparable de la lectura de la muestra. Malba fue fundado en septiembre de 2001, es decir, días antes del estallido social y económico que marcaría la Argentina de la década siguiente. Ese dato cronológico opera como subtexto en una exposición que toma a la crisis de 2001 como punto de quiebre de las prácticas y los lenguajes artísticos.
DESARROLLO: DOS DÉCADAS, UNA FRACTURA
El recorrido se organiza alrededor de una hipótesis curatorial explícita: entre los años 90 y los 2000, los artistas argentinos recurrieron a una estrategia inédita en el campo del arte, incorporando materiales ajenos a los soportes tradicionales. El texto de sala firmado por Aguado lo precisa: “Esa elección no respondía únicamente a limitaciones económicas sino también al deseo de trabajar con elementos y códigos propios de su presente”.
Los objetos domésticos, los materiales de descarte y los elementos de uso comercial ingresaron al museo no como carencia, sino como decisión estética. Un caso paradigmático de esa operatoria es “Sin título – Módulo de la instalación Estática”, de Diego Bianchi, fechada en 2004. Se trata de un conjunto de artefactos eléctricos, plástico, metal, un lampazo de algodón, un radiograbador y limpiador cremoso. La pieza proviene de la primera muestra individual del artista, titulada precisamente “Estática”, y su producción estuvo atravesada por la fractura socioeconómica de 2001, que dio lugar a la aparición de un nuevo sujeto social: los cartoneros. Bianchi participó de la apertura de la muestra el sábado.
La comparación entre generaciones constituye el segundo eje del proyecto. La exposición establece un diálogo histórico entre artistas de los 90 y 2000 —Diana Aisenberg, Ernesto Ballesteros, Marina De Caro, Leopoldo Estol, Alberto Goldenstein, Sebastián Gordín, Roberto Jacoby, Magdalena Jitrik, Daniel Joglar, Fabio Kacero, Guillermo Kuitca, Alejandro Kuropatwa, Alfredo Londaibere, Ana López, Jorge Macchi, Liliana Maresca, Karina Peisajovich, Mariela Scafati, Cristina Schiavi, Alejandra Seeber y Pablo Zicarello, entre otros— y obras de generaciones anteriores como Roberto Aizenberg, Antonio Berni, Margarita Paksa, Federico Manuel Peralta Ramos y Pablo Suárez. Si bien la mayor parte de las piezas pertenece a la Colección Malba y a la colección personal de Eduardo F. Costantini, la muestra incluye préstamos de artistas y coleccionistas privados.
El caso de “Hernandarias” (1996), de Ana López, óleo y esmalte sintético sobre tela adquirido por la Colección Malba en 2021, ofrece otra capa de lectura. La artista la creó el mismo año en que murió Feliciano Centurión (1962-1996), figura central de la producción de los 90 vinculada a la galería Belleza y Felicidad y al entorno del Centro Cultural Rojas. El poema que López escribió en torno a esa pérdida —“Tiempos difíciles… / Qué solos nos dejan los amores que se van… / ¿Dónde se van? / No quiero sentir que ya no están… / El mientras tanto siempre ha sido insoportable…”— funciona como contrapunto íntimo de una muestra atravesada por lo urbano y lo colectivo.
IMPLICANCIAS: UNA COLECCIÓN QUE SE DUPLICA
La dimensión institucional del proyecto no puede medirse únicamente en términos expositivos. Durante la gala por los 25 años del museo, Costantini anunció la donación al patrimonio de la Fundación Malba de la Colección Daros Latinamerica, adquirida en enero de 2026 e integrada por 1.232 obras de 117 artistas de la región, producidas principalmente entre las décadas de 1950 y 2010. La colección había sido establecida en 2000 por Ruth Schmidheiny y el empresario suizo Stephan Schmidheiny, e incluye conjuntos de Julio Le Parc, Lygia Clark, Gego, Antonio Dias, Maria Freire, Liliana Porter, Mira Schendel y Luis Camnitzer, además de piezas como Relevo espacial (1959) de Hélio Oiticica, Analogía I (1971) de Víctor Grippo, Untitled (Glass on Body Imprints, 1972) de Ana Mendieta y Missão/Missões (Como construir catedrales, 1987) de Cildo Meireles.
A esa incorporación se suman 17 obras modernas latinoamericanas valuadas en millones de dólares que integraban la colección personal de Costantini y que ahora pasan a la Fundación. Entre ellas se destacan Diego y yo (1949), el último autorretrato de busto de Frida Kahlo pintado antes de su muerte; Baile en Tehuantepec (1928) de Diego Rivera; y Las distracciones de Dagoberto (1945) de Leonora Carrington, adquirida por 28,4 millones de dólares, cifra que marcó un récord de subasta para la artista. Con estas operaciones, el acervo de arte latinoamericano moderno y contemporáneo de Malba y de Costantini se aproxima a las 3.000 obras.
En paralelo, el museo confirmó la ampliación de su sede central: el Taller Frida Escobedo, con oficinas en Nueva York y Ciudad de México, estará a cargo del proyecto que se desarrollará bajo la Plaza Perú y que duplicará la superficie expositiva. La intervención contempla salas, un auditorio, espacios multiusos, un patio, talleres, áreas de almacenamiento y oficinas, con inauguración estimada para finales de 2029 o comienzos de 2030. La solicitud de metros adicionales a la Legislatura porteña se remonta a 2011; en 2012 el proyecto inicial, del arquitecto uruguayo Carlos Ott, había recibido aprobación. También se anunció la constitución del fideicomiso Malba Art Trust, con un fondo inicial de 50 millones de dólares.
La sede de Escobar, donde se exhibe “Hola, ¿estás?”, forma parte de esa expansión. El edificio, de 5.500 metros cuadrados, fue diseñado por el estudio español estudioHerreros —responsable del Museo Munch de Oslo y de la transformación de los espacios públicos de Malba en 2017— con Torrado Arquitectos como estudio local y Bulla en el paisajismo. Se inauguró el 21 de septiembre de 2024, a 23 años de la fundación del museo, en un desarrollo urbano de Consultatio, la empresa de Costantini, ubicado a unos 50 kilómetros de la sede porteña. El suelo del predio fue diseñado por el artista Fabián Burgos, lo que refuerza el criterio curatorial que atraviesa el proyecto: la porosidad entre arquitectura, paisaje y práctica artística.
CONCLUSIÓN INFORMATIVA
“Hola, ¿estás?” puede visitarse en Malba Puertos, en Alisal, Puertos, Av. de la Bahía 160, Belén de Escobar, Provincia de Buenos Aires, desde el 19 de septiembre y hasta el 28 de febrero de 2027. La muestra se articula como una plataforma que permite leer no solo un conjunto de obras, sino los procesos de transformación del campo artístico argentino entre dos décadas y una crisis. El título, tomado de la instalación de Scafati, propone una forma de aproximación: una pregunta directa, sin protocolo, que interpela al visitante y lo sitúa frente a producciones que abordaron su propio presente con los materiales que tenían a mano.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
