La literatura, cuando se practica como un deporte de alto riesgo, exige algo más que talento: requiere la capacidad de desarmar los engranajes de un relato heredado y volver a montarlo con una lógica distinta. Fabio Morábito, poeta, cuentista, novelista y traductor nacido en Alejandría en 1955 y radicado en México desde los catorce años, ha hecho de esa operación una constante en su obra. Su más reciente desafío, ‘Un bosque rodeado de árboles’, publicado en septiembre de 2026 por Edhasa, consiste en intervenir uno de los relatos más codificados de la tradición europea: ‘Hansel y Gretel’, recopilado por los Hermanos Grimm, y extraer de él una versión que ya no responde a la estructura del cuento infantil, sino a la lógica de una fábula torcida donde las coordenadas morales se desplazan.
El dato primero es estructural: Morábito no se limita a actualizar el lenguaje ni a trasladar la acción a un contexto contemporáneo. Lo que hace es invertir el vector de la violencia. En el relato canónico, Hansel y Gretel son niños abandonados por sus padres en el bosque, capturados por una bruja y finalmente convertidos en verdugos de su captora. La operación de Morábito consiste en llevar esa transformación a un primer plano explícito: los niños dejan de ocupar el lugar de las víctimas para convertirse, de manera progresiva y documentada en la diégesis, en victimarios. No se trata de una lectura alegórica superpuesta, sino de una decisión narrativa que reorganiza la totalidad del texto.
El desplazamiento del punto de vista es la segunda capa de esta reinvención. El protagonista ya no es la pareja infantil, sino Udo, un leñador empobrecido que, para sobrevivir a la miseria, abandona a sus dos hijos pequeños en las profundidades del bosque. La secuencia se invierte: el abandono no es el inicio del calvario de los niños, sino el comienzo del peregrinaje de los adultos. Udo y su esposa —madrastra de los niños— no logran regresar a casa tras deshacerse de ellos. Se pierden en la espesura y quedan atrapados en un entorno que no ofrece salida. La pareja adulta, que en el original detentaba una posición de poder relativo, pasa a ocupar el lugar de la presa: son capturados por unos brujos despiadados, encerrados y sometidos a un devenir incierto. Mientras tanto, la dupla infantil encuentra el modo de sobrevivir a los peligros y misterios del bosque, en una inversión que reescribe la jerarquía entre infancia y adultez.
La comparación con el texto de los Grimm permite medir la magnitud de la intervención. En la versión de 1812, la madrastra y el padre actúan por necesidad económica y la bruja funciona como el agente del mal que los niños deben superar. En la reescritura de Morábito, la crueldad no se distribuye en roles fijos: circula entre los personajes. El bosque, que en el original era un espacio de tránsito y prueba, se convierte en un organismo ominoso con reglas propias. La geografía misma está en riesgo: aparecen leñadores que arrasan la naturaleza, una línea argumental que introduce una dimensión ecológica ausente en el cuento tradicional y que conecta la devastación del entorno con la devastación de los vínculos familiares.
El texto anuncia además una promesa o amenaza que opera como motor de la trama: el posible encuentro de los cuatro integrantes de esa familia dispersa y desarmada en los vericuetos del camino. A esa línea se suma un elemento que funciona como deus ex machina transformado: dos recopiladores de cuentos que siguen obsesivamente las huellas de los personajes. La figura del recopilador es significativa en la medida en que remite al propio origen del relato —los hermanos Grimm fueron compiladores antes que autores— y coloca la escritura misma bajo sospecha. La novela no solo cuenta una historia: expone el mecanismo mediante el cual las historias se recogen, se transforman y se transmiten.
El componente metaficcional no es un añadido circunstancial en la producción de Morábito. Su libro ‘Caja de herramientas’ (publicado originalmente en 1989 por Pre-Textos y reeditado por el Fondo de Cultura Económica) funciona como un diccionario de procedimientos creativos, y en él el autor despliega entradas que reflexionan sobre la escritura, la poesía, la traducción y el pensamiento. La coincidencia con el concepto de “caja de herramientas” que Stephen King desarrolla en ‘Mientras escribo’ como metáfora de la preparación técnica del narrador es, según el propio texto periodístico, una casualidad que el libro pone en evidencia. El punto relevante es que Morábito ha construido una obra donde la reflexión sobre el oficio y la práctica narrativa son inseparables.
La trayectoria del autor respalda esta lectura. Nacido en Egipto, criado en Milán y establecido en Ciudad de México desde 1969, Morábito ha publicado poesía —’Lotes baldíos’ (1984), que obtuvo el Premio Carlos Pellicer; ‘De lunes todo el año’ (1991), Premio Nacional de Poesía Aguascalientes; ‘Alguien de lava’ (2011)—, narrativa —’La lenta furia’ (1989), ‘La vida ordenada’ (2000), ‘Grieta de fatiga’ (2006), Premio Antonin Artaud; ‘Madres y perros’ (2016), Premio Bellas Artes de Narrativa Colima— y ensayo —’El viaje y la enfermedad’ (1984), ‘Los pastores sin ovejas’ (1996), ‘El idioma materno’ (2014)—. Su novela ‘El lector a domicilio’ (2018) recibió el Premio Xavier Villaurrutia, uno de los reconocimientos más relevantes de las letras mexicanas. También ha traducido la poesía completa de Eugenio Montale y ha compilado y reescrito ‘Cuentos populares mexicanos’ (2014), obra que obtuvo el Premio White Raven. Es decir: la operación de recolección y reescritura de material tradicional no es nueva en su biografía literaria.
Las implicancias de esta publicación se articulan en al menos tres planos. En el plano literario, ‘Un bosque rodeado de árboles’ se inscribe en una tradición contemporánea de reescrituras que revisan los clásicos infantiles para exponer sus contenidos latentes. En 112 páginas, el autor condensa una operación que otros desarrollan en volúmenes extensos: la economía del lenguaje ha sido señalada como un rasgo distintivo de su prosa, y en esta novela se aplica a un material que tradicionalmente se asocia a la abundancia descriptiva. El resultado es una fábula con pulso propio, donde la precisión de la frase sostiene una materia argumental oscura.
En el plano de los contenidos, el texto expone la parte feroz de las pasiones: los vínculos fraternos y filiales, pero también los oficios y los fervores literarios. La pregunta que funciona como disparador —¿qué pasaría si las víctimas se convierten en los villanos de su propia historia?— remite a un mecanismo narrativo que Stephen King describe como el detonante de la ficción especulativa, pero en Morábito adquiere una dimensión filosófica: la pérdida de la inocencia y el origen perturbador de las ficciones son los ejes que atraviesan el relato. Si los niños que sobreviven al bosque se convierten en victimarios, entonces la infancia no es un estado de pureza, sino una etapa de formación de la crueldad.
En el plano ecológico, la presencia de leñadores que arrasan la naturaleza introduce una lectura que conecta la devastación del entorno con la desintegración de la estructura familiar. El bosque, que en el cuento de los Grimm era un espacio de amenaza, se convierte en un espacio en extinción. La novela no propone una moraleja, pero la coincidencia entre la tala indiscriminada y el abandono de los hijos configura una analogía que el lector puede establecer sin que el texto la subraye.
La recepción crítica ha destacado la capacidad de Morábito para bucear en la belleza oscura de los vínculos familiares y para desbordar la estructura del cuento infantil sin abandonar la legibilidad. El propio autor ha señalado en entrevistas vinculadas a su obra que la literatura es un juego, y que jugar con los clásicos implica conocer sus reglas para poder subvertirlas. Esa subversión, en ‘Un bosque rodeado de árboles’, no es gratuita: responde a una indagación sobre el origen de las ficciones y sobre la función de la crueldad en la construcción de los relatos que una cultura elige transmitir.
La conclusión que se desprende de los hechos es doble. Por un lado, la novela confirma a Morábito como uno de los autores más consistentes de la literatura mexicana contemporánea, capaz de operar en poesía, ensayo, cuento y novela con el mismo nivel de exigencia formal. Por otro, establece que la reescritura de los clásicos no es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de interrogación: si las víctimas pueden convertirse en victimarios, entonces la frontera entre crueldad y supervivencia es más porosa de lo que la tradición ha querido admitir. ‘Un bosque rodeado de árboles’, con su extensión breve y su densidad argumental, propone una versión de ‘Hansel y Gretel’ que no busca consolar, sino examinar.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
