El Museo de Arte Español Enrique Larreta, ubicado en Juramento 2291 en el barrio porteño de Belgrano, alberga desde el pasado 14 de agosto la exposición “En la Pampa. Enrique Larreta y el campo argentino”, una muestra que permanecerá abierta al público hasta el 12 de octubre y que reconstruye el vínculo profundo que el escritor, diplomático, académico, coleccionista de arte e historiador mantuvo con el paisaje rural argentino.
La exposición se enmarca en el centenario de la publicación de Zogoibi (1926), la novela que Larreta consagró a la temática del campo bonaerense y que se convirtió, con el paso de las décadas, en una de las obras más discutidas y emblemáticas del período. Bajo la curaduría de Patricia Nobilia y Ricardo Valerga, el recorrido propone una lectura cruzada entre las representaciones visuales y los textos literarios que giraron alrededor de esta obra capital, articulando manuscritos, documentos históricos, pinturas, ilustraciones originales, fotografías de época y material audiovisual inédito.
El eje central de la muestra recae sobre el material documental asociado a la tercera edición del libro, publicada en 1944 por la Editorial Guillermo Kraft de Buenos Aires bajo el título El dolor de la tierra —subtítulo que acompañó a Zogoibi en esa versión—. En esa edición participó el artista español Carlos Sáenz de Tejada, pintor, cartelista y figurinista nacido en Tánger en 1897, quien realizó la viñeta de la portada y una serie de ilustraciones para cada uno de los 34 capítulos que componen la novela. Muchas de estas piezas se exhiben por primera vez, dado que permanecieron inéditas en los fondos del museo durante décadas.
Un aspecto que añade interés a esta sección es el carácter inusual del proceso creativo de Sáenz de Tejada: el ilustrador español concibió sus representaciones de escenas gauchescas sin haber pisado jamás el suelo argentino, trabajando exclusivamente a partir del texto de Larreta y de las referencias que el propio autor le transmitió. Sus viñetas, realizadas en tono pastel, constituyen así un testimonio singular sobre los mecanismos de circulación de imágenes entre España y el Río de la Plata, y sobre la idealización estética del mundo rural pampeano desde una perspectiva peninsular.
La exhibición se completa con otras dos series ilustrativas de relevancia histórica. Por un lado, los trabajos de Alfredo Guido, artista que intervino en la primera edición de Zogoibi en 1926. Por otro, las ilustraciones encargadas en 1930 al pintor uruguayo Pedro Figari para la segunda edición francesa de la novela, uno de los artistas rioplatenses más reconocidos de la época, conocido por recrear paisajes, tradiciones y costumbres del ámbito rural para los grandes coleccionistas de la elite terrateniente.
La presencia de Figari resulta indicativa del alcance internacional que tuvo la obra de Larreta. La muestra aloja una vitrina con distintas ediciones de Zogoibi publicadas en alemán, francés, italiano y también una versión cubana, junto con manuscritos originales del autor en los que se observan los bocetos de sus personajes, elaborados para orientar el trabajo de los ilustradores.
El argumento de la novela, reconstruido por la curadora Patricia Nobilia durante la presentación, se desarrolla en el contexto del campo pampeano. Su protagonista, Federico de Ahumada, hijo de un estanciero, se debate entre un vínculo amoroso con una mujer extranjera y su “noviecita”, hasta que una confusión trágica desencadena el desenlace: en un encuentro en una tapera, confundiendo las siluetas, Ahumada apuñala fatalmente a quien creía un enemigo y descubre que ha asesinado a su amada. Devastado por el error, el personaje se quita la vida. El final, de crudeza inusitada para la época, resultó tan perturbador que Larreta lo reescribió en al menos tres versiones distintas con el objetivo de suavizar el impacto frente a sus lectores.
La novela no estuvo exenta de controversia en su momento. Ricardo Valerga, curador de la muestra, recordó que si bien Zogoibi se vendió profusamente, fue objeto de feroces críticas por parte de los intelectuales martinfierristas y los jóvenes vanguardistas, al punto de que la revista La Campana de palo la consagró como “el peor libro del año” en una encuesta apócrifa publicada en 1926.
La muestra contextualiza la obra dentro de un año considerado bisagra para las letras argentinas: el mismo 1926 en que se publicó Zogoibi aparecieron también Don Segundo Sombra, la gran novela gauchesca de Ricardo Güiraldes, y El juguete rabioso, uno de los clásicos de Roberto Arlt. Las tres obras dialogan en la sala, ofreciendo un panorama excepcionalmente rico de un momento de profunda transformación literaria y social en el país.
La exposición se completa con fotografías de la estancia Acelain, el emblema del proyecto vital de Larreta. Ubicada en la cima de un cerro en el partido de Tandil, con sus tierras extendiéndose hasta el partido vecino de Azul, la estancia fue encargada en 1922 al arquitecto hispanista Martín Noel, quien la concibió en estilo neocolonial español inspirado en la arquitectura hispanoárabe. Larreta eligió deliberadamente un emplazamiento elevado y pedregoso, contrariando la práctica habitual de los estancieros pampeanos que preferían zonas bajas para resguardarse del viento, con el fin de recrear tanto el paisaje andaluz como los desniveles característicos del País Vasco. El nombre Acelain homenajea a una pequeña aldea homónima situada en la provincia de Guipúzcoa, tierra de origen de sus ancestros.
La estancia, construida entre 1922 y 1924 sobre un campo de aproximadamente 10.000 hectáreas, contempla jardines de cientos de hectáreas con terrazas escalonadas, acequias, laguna, pinos, cipreses y araucarias. Representa la materialización del “gran sueño” que Larreta transformó en realidad en su segunda patria: una casona inmensa que evocara un antiguo poblado vasco, pero asentada en las tierras pampeanas, donde el escritor solía permanecer alrededor de seis meses al año.
El recorrido museístico incluye además un tango de relevancia histórica: Refucilos, compuesto por el músico argentino y dedicado a la figura de Carlos Gardel, quien lo interpretó en 1928. La letra del tango anticipa el trágico desenlace de la novela, demostrando la penetración de Zogoibi en la cultura popular rioplatense. También se proyectan fragmentos de El linyera, película dirigida por el propio Larreta en 1933, que aborda la marginación social de los trabajadores rurales golondrinas y que fuera llevada además al teatro.
La muestra puede visitarse de martes a domingos en la sede del museo, y se complementa con un programa de ciclos, conferencias y visitas guiadas. El miércoles 9 de septiembre a las 15 horas tendrá lugar una visita guiada a cargo de los propios curadores, Patricia Nobilia y Ricardo Valerga, con ingreso por orden de llegada y sin reserva previa.
En un plano más amplio, la exposición invita a reflexionar sobre las tensiones que atravesaban la sociedad argentina en la década de 1920. La reivindicación de las tradiciones gauchescas que subyace a la obra de Larreta debe leerse en diálogo con la conflictividad social, el fenómeno inmigratorio y la búsqueda de identidad de una oligarquía terrateniente que intentaba anclarse en un pasado rural idealizado mientras el país se urbanizaba aceleradamente. Los estudios académicos, como los del historiador Carmelo Bonet, han interpretado Zogoibi como una descripción de “la penetración de la ciudad en el campo”, un fenómeno social de la época que dejaba de lado, quizás sin proponérselo, al gaucho real.
Con esta exposición, el Museo Larreta recupera no solo la dimensión literaria de su ilustre propietario, sino también las complejas articulaciones entre arte, literatura, arquitectura y vida señorial que caracterizaron a una figura definitivamente polifacética de la cultura argentina del siglo XX.
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