Arquitectura

Edificios sustentables: del consumo energético a la evaluación integral del ciclo de vida

La construcción sustentable ha dejado de ser un concepto asociado exclusivamente al ahorro energético para convertirse en un enfoque integral que evalúa el desempeño ambiental, social y económico de un edificio a lo largo de todo su ciclo de vida. En una entrevista reciente, Sandra Amerise, arquitecta y asesora en Sustentabilidad del Instituto Unicer, explicó que medir solo el consumo energético es insuficiente: es necesario considerar también el confort térmico y acústico, la calidad del aire interior, la ventilación, el uso del agua y la elección de materiales con su impacto ambiental. Este cambio de paradigma refleja una evolución global en la manera de entender la sostenibilidad en la arquitectura, influida por normativas internacionales, avances tecnológicos y una mayor conciencia sobre la salud de los ocupantes.

El Instituto Unicer es una asociación civil integrada por siete empresas de la industria cerámica argentina dedicada a investigar, promover y divulgar soluciones constructivas basadas en ladrillos cerámicos rojos. Su trabajo se enmarca en un contexto donde la eficiencia energética en edificios cobró relevancia a partir de las crisis petroleras de la década de 1970, cuando los países desarrollados comenzaron a implementar políticas para reducir el consumo de energía. En Argentina, la preocupación por la eficiencia energética en la construcción se intensificó en la década de 1990 y, más formalmente, con la sanción de la Ley 13.059 de la Provincia de Buenos Aires en 2003, que promueve la eficiencia energética en edificios públicos, y luego con el Programa Nacional de Uso Racional y Eficiente de la Energía (PRONUREE) en 2007. Sin embargo, fue la Norma IRAM 11900 de etiquetado de eficiencia energética de edificios la que estableció un marco técnico para evaluar el desempeño energético, aunque limitado al consumo en calefacción y refrigeración.

A nivel internacional, certificaciones como LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), creada por el U.S. Green Building Council en 1998, y BREEAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Method), desarrollada en el Reino Unido en 1990, marcaron un hito al incorporar criterios más amplios que el simple consumo energético. Estas herramientas incluyeron aspectos como la selección de materiales, la calidad del aire interior, el uso eficiente del agua y la gestión de residuos. En Argentina, la adopción de estas certificaciones ha sido gradual pero creciente, especialmente en edificios corporativos y desarrollos de vivienda premium en grandes ciudades. No obstante, la mayor parte del parque edilicio argentino aún no cuenta con evaluaciones de sostenibilidad, lo que representa un desafío significativo.

El enfoque integral que propone Amerise se alinea con la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), que evalúa el impacto ambiental de un edificio desde la extracción de materias primas hasta su demolición o reciclaje. Según datos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el sector de la construcción en Argentina es responsable de aproximadamente el 30% del consumo energético final y de alrededor del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estos valores coinciden con estimaciones globales de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que atribuye al sector edilicio cerca del 30% del consumo mundial de energía y el 26% de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía. En este contexto, la elección de materiales con bajo impacto ambiental y alta durabilidad se vuelve crucial. Los ladrillos cerámicos rojos, producidos a partir de arcilla, son un ejemplo de material con materias primas abundantes en Argentina, buena durabilidad y capacidad de aportar inercia térmica, lo que contribuye al confort y la eficiencia energética.

La calidad del aire interior es otro aspecto central. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire interior puede ser entre dos y cinco veces mayor que la exterior, y se asocia con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. En Argentina, un estudio del año 2018 del Ministerio de Salud de la Nación señaló que las infecciones respiratorias agudas representan una de las principales causas de consulta médica, especialmente en niños y adultos mayores. Por ello, la ventilación adecuada y la selección de materiales que no emitan compuestos orgánicos volátiles (COV) son fundamentales para lograr edificios saludables. La arquitecta Amerise enfatiza que «no se trata solamente de consumir menos energía sino de lograr edificios más saludables, confortables y eficientes, adaptados a su clima y a las necesidades de quienes los habitan».

En cuanto al uso del agua, la escasez hídrica en varias regiones de Argentina, como Cuyo y el noroeste, ha llevado a una mayor atención a la eficiencia en el consumo y la gestión de aguas pluviales. Técnicas como la captación de agua de lluvia para riego y usos no potables, y la instalación de artefactos de bajo consumo, son cada vez más comunes en proyectos sustentables. Estas prácticas están alineadas con la Ley Nacional 26.438 de presupuestos mínimos para la gestión de residuos, que promueve la reducción, reutilización y reciclaje, y con ordenanzas municipales que incentivan la construcción sostenible en ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

La evolución del concepto de sustentabilidad en la construcción también se refleja en la creciente demanda de profesionales capacitados. Universidades argentinas, como la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), han incorporado materias específicas en sus carreras de arquitectura e ingeniería, y ofrecen posgrados en eficiencia energética y diseño sustentable. Asimismo, el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) y otras entidades promueven la actualización profesional en estas temáticas.

El trabajo del Instituto Unicer se suma a los esfuerzos de otras entidades, como el Instituto de la Construcción Sustentable (ICSU), que reúne a cámaras empresariales y colegios profesionales, y el Centro de Investigación y Desarrollo de la Construcción (CIDEC) de la UBA. Estas organizaciones coinciden en la necesidad de avanzar hacia una normativa nacional que integre los distintos aspectos de la sustentabilidad en la construcción, más allá del etiquetado energético. En 2021, se presentó en el Congreso un proyecto de ley de eficiencia energética en edificios que aún no ha sido tratado.

En resumen, el artículo de Clarín evidencia un cambio de paradigma en la construcción sustentable: de la medición exclusiva del consumo energético a una evaluación integral que incluye el confort, la salud de los ocupantes y el ciclo de vida de los materiales. Esta mirada se apoya en décadas de evolución normativa y técnica, y encuentra en el Instituto Unicer un actor que promueve soluciones constructivas basadas en ladrillos cerámicos rojos, un material tradicional pero con propiedades técnicas que aportan a la eficiencia y el confort. El desafío pendiente es la generalización de estas prácticas en un país donde el déficit habitacional y la necesidad de mejorar la calidad de la vivienda sigue siendo prioritario.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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