En una carpa montada sobre la Plaza República del Perú, casi 600 figuras del mundo del arte, la filantropía y los negocios escuchaban la voz de Eduardo Costantini. El empresario, que ese mismo día cumplía 80 años, eligió transformar su cumpleaños en un acto de refundación institucional. Lo que anunció allí no fue una donación más: fue la reconfiguración estructural del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), la institución que fundó hace un cuarto de siglo y que ahora aspira a sobrevivir a su propio creador.
La información disponible proviene de varias fuentes convergentes. La propia gala fue cubierta por medios nacionales como Clarín y La Nación, mientras que publicaciones especializadas internacionales —The Art Newspaper, Artnet News y el sitio oficial del museo— aportaron datos técnicos y económicos que permiten reconstruir la magnitud de la operación. El cruce de esos registros revela que los anuncios de esa noche no fueron improvisados: responden a un plan diseñado durante al menos un año.
EL TERRENO, LA ARQUITECTA Y EL PROYECTO SUBTERRÁNEO
El primer anuncio tuvo una base jurídica concreta. Esa misma mañana, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires había firmado la cesión del terreno ubicado por debajo de la Plaza Perú, el espacio verde contiguo a la sede actual del museo, en el barrio de Palermo. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, estuvo presente en la gala y destacó ante el auditorio «todo lo que el Malba le dio a Buenos Aires». La firma convierte un predio de dominio público en el soporte físico de una ampliación que, según el proyecto, no reducirá la superficie de la plaza ni restringirá el acceso público a ella.
El diseño surgió de un concurso privado en el que se evaluaron tres estudios. El seleccionado fue el Taller Frida Escobedo, con sede en Ciudad de México y Nueva York, fundado en 2006 por la arquitecta mexicana del mismo nombre. Escobedo no es una figura menor en el circuito global: en 2018 se convirtió en la arquitecta más joven en diseñar el Pabellón Serpentine de Londres, actualmente dirige la renovación del ala de arte moderno y contemporáneo del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET) y participa en la reforma integral del Centre Pompidou de París junto al estudio Moreau Kusunoki. Su cartera incluye además un complejo para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar.
Según la información difundida por el museo y recogida por The Art Newspaper, la ampliación duplicará la superficie destinada a exposiciones. Sumará nuevas salas para muestras temporales, un auditorio, espacios multiusos, talleres, áreas de guardado y oficinas. El proyecto contempla un jardín de esculturas, nuevas entradas, un patio paisajístico de aproximadamente 600 metros cuadrados y un jardín abierto que conectará con una escalera sobre la calle Salguero. La inauguración está prevista para fines de 2029 o comienzos de 2030, con el inicio de obra estimado para 2027.
Escobedo resumió el enfoque ante los presentes: «El proyecto busca transformar el museo en su conjunto, creando nuevas relaciones entre los programas que volvieron a Malba lo que es hoy». La formulación no es retórica. El nuevo esquema permitirá que las actividades de cine, literatura y educación funcionen de manera simultánea, incluso fuera del horario habitual del museo. Costantini explicó a la prensa especializada uno de los criterios de selección: «En lugar de tener el edificio original del Malba con un anexo pegado, los dos están mejor integrados. Y hay también una muy buena conexión entre el edificio, la plaza y el público».
EL FIDEICOMISO Y EL CAMBIO DE GOBERNANZA
El segundo bloque de anuncios apuntó a un problema estructural que el museo arrastra desde su fundación: su dependencia financiera de una sola persona. Costantini confirmó la creación del Malba Art Trust, un fondo dotado con 50 millones de dólares provenientes de su herencia. El objetivo declarado es construir un patrimonio que garantice la continuidad operativa de la institución.
Los números explican la urgencia. Según declaraciones del propio fundador a The Art Newspaper, Costantini cubre actualmente un déficit operativo anual de entre 3 y 4 millones de dólares. Con esa cifra, el fondo inicial podría sostener al museo durante aproximadamente 15 años, una proyección que el propio empresario calificó de insuficiente: «Eso no es mucho. El tiempo pasa». La meta es ampliar el fondo incorporando otras familias, instituciones y donantes de Argentina y el exterior, siguiendo el modelo de los endowments estadounidenses.
Esa lógica de despersonalización se extiende al gobierno del museo. Costantini anunció que desde el año anterior se trabaja en la reforma de los estatutos para conformar un board en el que la familia permanezca como miembro pero en minoría, con menos representantes. Se sumarán seis miembros nuevos, ninguno de ellos familiar. «Esto busca despersonalizar al Malba y crear una sostenibilidad de largo plazo», afirmó el fundador. La medida apunta a un riesgo señalado por propios y ajenos: la identificación total de una institución cultural con su creador.
LA DONACIÓN DE OBRAS: 1.232 PIEZAS Y UN AUTORRETRATO CLAVE
El tercer anuncio fue el de mayor impacto patrimonial. Costantini donará al museo la Colección Daros Latinamerica, integrada por 1.232 obras de 117 artistas de la región, producidas principalmente entre las décadas de 1950 y 2010. La colección fue fundada en 2000 por la coleccionista suiza Ruth Schmidheiny y su entonces esposo, Stephan. Permanecía inactiva desde la muerte de Ruth en 2019 y estaba almacenada en Zúrich. Costantini la adquirió en enero de 2026, según The Art Newspaper, tras una reunión en Nueva York con la familia Schmidheiny en la que, según su propio relato, se acordó el 90% de los términos en un solo encuentro.
La operación tiene una dimensión simbólica precisa: devuelve al continente un acervo que estaba depositado en Europa. Entre los artistas representados figuran Doris Salcedo, Ana Mendieta, Julio Le Parc, Alfredo Jaar, Lygia Clark, Jesús Rafael Soto, Liliana Porter, Luis Camnitzer y Guillermo Kuitca. De los 117 creadores, 75 no tenían obra en la colección del Malba. Con esta incorporación, el patrimonio total del museo pasa de aproximadamente 1.500 a cerca de 3.000 piezas, casi duplicándose.
A esa donación se suman 17 obras modernas latinoamericanas que Costantini adquirió en los últimos años y que hasta ahora permanecían en su colección personal, aunque varias estaban exhibidas en el museo. La más relevante es «Diego y yo» (1949), de Frida Kahlo, el último autorretrato de busto que la artista mexicana pintó antes de morir, exhibido en un lugar central de la muestra «Viva Frida», inaugurada el 20 de septiembre y que se extenderá hasta marzo de 2027 con obras provenientes de la Casa Azul. También se incorpora «Baile en Tehuantepec» (1928), de Diego Rivera, considerada una de las pinturas de caballete más importantes del muralista, y «Las distracciones de Dagoberto» (1945), de Leonora Carrington. La nómina se completa con piezas de Remedios Varo y Wifredo Lam, entre otros.
El propio Costantini explicó la lógica jurídica detrás de la decisión: «Tengo que empezar a donar obras, porque si no, cuando muera, no irán al Malba. Es una cuestión de herencia». Aclaró también que la donación no abarcará la totalidad de su colección personal.
IMPLICANCIAS: DEL MUSEO PERSONAL AL PATRIMONIO COLECTIVO
El conjunto de medidas configura un cambio de modelo. Durante 25 años, el Malba funcionó como una institución de autor: un museo construido, financiado y dirigido por su fundador, con una familia presente en el board y un déficit cubierto cada año con aportes personales. Los anuncios del 17 de septiembre de 2026 apuntan a desmontar progresivamente ese esquema. El fideicomiso, la reforma de estatutos y la donación masiva de obras son mecanismos que transfieren activos y decisiones desde una persona hacia una estructura institucional.
En términos económicos, la operación implica una capitalización significativa. Un fondo de 50 millones de dólares, aunque insuficiente para cubrir el déficit de manera indefinida, constituye la base de un endowment que deberá crecer con aportes externos. La ampliación, por su parte, demanda financiamiento adicional: Costantini declaró que buscará otros donantes y que está dispuesto a cubrir el costo total si no los consigue.
En términos patrimoniales, la incorporación de la Colección Daros reposiciona al Malba entre los principales acervos de arte latinoamericano del mundo. La colección, que había permanecido sin exhibición pública durante años en Europa, recupera circulación en su región de origen. La cesión del terreno bajo la Plaza Perú, en tanto, introduce un precedente urbano: el uso de espacio público subterráneo para expandir una institución cultural privada sin reducir la superficie verde en superficie.
Quedan preguntas que el tiempo y la documentación pública irán respondiendo. No se difundió el monto de la adquisición de la Colección Daros ni la valuación exacta de las 17 obras modernas donadas, aunque las fuentes coinciden en calificarlas como millonarias. Tampoco se especificó el costo total de la obra de Escobedo ni el cronograma detallado de la reforma de estatutos.
CONCLUSIÓN
Los hechos registrados el 17 de septiembre de 2026 son verificables y acotados: el Gobierno de la Ciudad cedió el terreno bajo la Plaza Perú; el Taller Frida Escobedo diseñará una ampliación que duplicará la superficie de exposiciones y abrirá entre 2029 y 2030; se creó un fideicomiso de 50 millones de dólares; los estatutos se reformarán para reducir la presencia familiar en el board; y el museo recibirá 1.232 obras de la Colección Daros Latinamerica más 17 piezas modernas, entre ellas «Diego y yo» de Frida Kahlo. Cada uno de estos elementos responde a una misma dirección: transferir a una estructura institucional lo que hasta ahora dependía de la voluntad y el patrimonio de un individuo. La frase que Costantini dio a La Nación resume el propósito declarado de la operación: «Mi único deseo es que el Museo se sostenga cuando yo no esté».
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
