El mercado inmobiliario de Uruguay atraviesa una tendencia que combina la vida rural con la cercanía al mar, fenómeno que en los últimos años impulsó desarrollos de baja densidad en la zona comprendida entre José Ignacio y Pueblo Garzón. En ese corredor, conocido por su perfil exclusivo y su paisaje serrano, se presentó Chacras Lagos de Garzón, un complejo de nueve chacras sobre un campo de 62 hectáreas que busca consolidar un estilo de vida vinculado con la naturaleza, la privacidad y la amplitud.
El proyecto, desarrollado por ALG Lifestyle junto con el estudio del arquitecto argentino Martín Gómez, se inserta en una zona que tradicionalmente fue elegida por compradores extranjeros y argentinos que buscan escapar de los centros urbanos sin perder el acceso a los servicios de Punta del Este. A 50 minutos de esa ciudad y a unos 20 de José Ignacio, el emprendimiento aprovecha la topografía ondulada, los bosques de coronillas y las plantaciones de olivos para integrar las viviendas al entorno.
Según datos del mercado inmobiliario uruguayo, la demanda de campos y chacras en la región aumentó significativamente desde 2020, cuando la pandemia aceleró la búsqueda de espacios al aire libre. Un informe de la consultora inmobiliaria Guruceaga señaló que las ventas de propiedades rurales en Maldonado crecieron un 25% en 2021, y la tendencia se mantuvo en los años siguientes, con picos en los meses de verano. En paralelo, el precio del metro cuadrado en zonas como José Ignacio o Pueblo Garzón superó los US$ 3.000, mientras que las chacras de mayor tamaño ofrecen una relación precio-superficie más conveniente, con valores que oscilan entre US$ 30.000 y US$ 60.000 por hectárea.
El desarrollo Chacras Lagos de Garzón responde a esta lógica. Cada chacra tiene entre seis y diez hectáreas, y aunque cada una cuenta con padrón independiente y acceso propio, no existen alambrados ni divisiones visibles entre propiedades, lo que conserva la sensación de un único gran campo. Según explicó Alejandro Le Gentil, socio de ALG Lifestyle, la propuesta busca “preservar la continuidad del paisaje, las vistas abiertas y la sensación de vivir en un único gran campo sin perder la privacidad ni la independencia de cada propietario”.
La arquitectura del proyecto fue diseñada por Martín Gómez, reconocido por sus obras minimalistas que priorizan la integración con el entorno. Las viviendas proyectadas tienen superficies de entre 55 y 300 metros cuadrados, en una sola planta, con amplios ventanales que enmarcan las visuales hacia los tajamares y las sierras. En el planteo urbanístico se definió el mejor lugar para cada casa, considerando orientación, visuales y características del terreno. Esta metodología, surgida de un estudio detallado del paisaje, busca que cada construcción se ubique como un mirador natural.
El comprador puede optar por construir con el diseño de Gómez o contratar su propio arquitecto, aunque la mayoría prefirió la primera opción, según confirmó el desarrollador. Esta decisión estratégica permite mantener una línea arquitectónica común que cuida el conjunto y evita intervenciones disruptivas.
Del total de nueve chacras, el 80% ya fue vendido, lo que da cuenta del interés que generó el proyecto entre compradores argentinos y extranjeros. Las unidades disponibles tienen precios que van de US$ 350.000 a US$ 450.000, e incluyen un plan de financiación con un 10% de reserva, 40% a los 60 días con la firma del boleto y el 50% restante en cuatro cuotas trimestrales en dólares. Esta estructura permite a los interesados planificar la inversión en un contexto de tipo de cambio fluctuante.
El fenómeno de las chacras de diseño cerca de la costa no es nuevo. A fines de los años 90, Pueblo Garzón comenzó a atraer a artistas y figuras del mundo del arte, como el cineasta Francis Ford Coppola, que adquirió una propiedad en la zona. Ese antecedente sentó las bases para una revalorización progresiva. Luego, la creación de la ruta 10 y la mejora de accesos consolidaron el corredor como un destino residencial de lujo. Hoy, conviven emprendimientos de alta gama con bodegas y restaurantes que elevan el atractivo de la zona.
En términos económicos, la venta de propiedades en Uruguay es impulsada por inversores que buscan refugio ante la volatilidad regional. La ley de promoción de viviendas de interés turístico, que ofrece exoneraciones fiscales en el impuesto a la renta y a la propiedad, favorece este tipo de desarrollos. Ese marco normativo, sumado a la estabilidad política, posiciona al país como uno de los destinos más elegidos para la compra de segunda residencia.
Las implicancias sociales y ambientales de este tipo de proyectos son materia de análisis. Por un lado, la llegada de residentes con alto poder adquisitivo dinamiza la economía local y genera empleo. Por otro, el avance sobre terrenos rurales plantea desafíos en términos de preservación de los ecosistemas. En el caso de Chacras Lagos de Garzón, se mantuvieron los tajamares existentes y se respetó la vegetación autóctona, aunque la creación de nueve padrónes independientes implica una subdivisión del terreno original. Expertos en planificación territorial sugieren que, si bien estas iniciativas elevan el valor paisajístico, requieren normativas claras para evitar la fragmentación del suelo.
La tendencia de las chacras boutique con diseño de autor, que integran arquitectura contemporánea en entornos rurales, se replica en otras zonas de Uruguay, como la región de José Ignacio o el área de Punta del Este. Especialistas en branding inmobiliario sostienen que la demanda ya no se enfoca únicamente en la cercanía al mar, sino en experiencias completas donde el campo y la naturaleza juegan un rol central. Este giro conceptual redefine lo que se entiende por lujo: la privacidad y el espacio abierto se vuelven bienes escasos y valiosos.
Con la venta del 80% de sus lotes, Chacras Lagos de Garzón se posiciona como un caso de éxito que confirma la madurez del mercado. Los precios por hectárea que ofrece, entre US$ 35.000 y US$ 75.000, se ubican en línea con los valores zonales para campos con alta calidad de suelo y agua. En una comparativa, desarrollos similares en zonas como El Chorro o Maldonado del Este suelen superar los US$ 100.000 por hectárea, aunque carecen del mismo nivel de parquización.
En conclusión, la propuesta de Chacras Lagos de Garzón no constituye un hecho aislado sino la manifestación de un cambio cultural y económico que valora la experiencia sobre la mera posesión. La combinación de un entorno natural privilegiado, arquitectura de autor y cercanía a destinos como José Ignacio o Pueblo Garzón explica la alta velocidad de comercialización. Qué implica para el futuro de la región dependerá de cómo se equilibren las demandas del desarrollo inmobiliario con la preservación del paisaje que origina ese atractivo.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
