El mercado inmobiliario de la costa uruguaya vive una transformación silenciosa. Durante años, el foco estuvo puesto en departamentos frente al mar o casas de playa de alto estándar en Punta del Este y José Ignacio. Sin embargo, en los últimos cinco años, la demanda se ha corrido hacia el interior: compradores argentinos, brasileños y europeos buscan chacras con perfil rural, pero con acceso rápido a la playa y a los servicios de la zona.
Esa tendencia, que combina el disfrute del campo con la cercanía al mar, encontró un nuevo exponente: Chacras Lagos de Garzón, un complejo de nueve lotes ubicado a 20 minutos de José Ignacio y a 50 de Punta del Este, en el departamento de Maldonado. El proyecto, desarrollado por ALG Lifestyle junto con el estudio Martín Gómez Oficina de Arquitectura, se presenta como una alternativa para un grupo reducido de propietarios que buscan amplitud, privacidad y contacto con la naturaleza.
El terreno, de 62 hectáreas, incluye pequeños bosques de coronillas, plantaciones de olivos y tajamares de gran escala que fueron proyectados como lagos naturales. Los caminos internos son de tierra compactada y se diseñaron para mantener el carácter campestre. No hay alambrados ni divisiones visibles entre las parcelas: cada una tiene su padrón independiente y acceso propio, pero la vista se mantiene abierta, lo que refuerza la sensación de vivir en un único gran campo.
Según explicó Alejandro Le Gentil, titular de ALG Lifestyle, el concepto busca preservar la continuidad del paisaje y las vistas, sin resignar independencia. “Este concepto permite preservar la continuidad del paisaje, las vistas abiertas y la sensación de vivir en un único gran campo, sin perder la privacidad ni la independencia de cada propietario”, afirmó en la presentación del proyecto.
La propuesta arquitectónica es otro de los ejes del emprendimiento. Martín Gómez, reconocido por su trabajo en viviendas de alta gama en Argentina y Uruguay, diseñó una línea de casas contemporáneas de una planta, con superficies que van de los 55 a los 300 metros cuadrados. Los modelos predominantes son minimalistas, con grandes superficies vidriadas y una fuerte conexión con el exterior.
Sin embargo, no todos los compradores están obligados a construir con el diseño del estudio. El desarrollador permite que cada propietario contrate su propio arquitecto, aunque hasta ahora la mayoría optó por la opción de Gómez, lo que garantiza una estética uniforme y armónica con el entorno.
Para cada chacra, el equipo definió el mejor emplazamiento posible, considerando la orientación, las visuales y las características del terreno. Sobre esa base, se proyectó una vivienda tipo que responde a una misma línea arquitectónica, cuidando el horizonte y la vegetación autóctona.
El proyecto ya registró un alto nivel de ventas: el 80% del desarrollo está comercializado. Las tres chacras restantes tienen precios que van desde los US$ 350.000 hasta los US$ 450.000. El plan de financiación ofrece un 10% de reserva, 40% a los 60 días con la firma del boleto y el 50% final en cuatro cuotas trimestrales en dólares.
Según informó el portal especializado Reporte Inmobiliario, esta modalidad de pago flexible es habitual en emprendimientos de esta escala, pero en este caso se destaca porque no requiere un desembolso total al momento de la compra, lo que facilita el ingreso de inversores que aún no definieron su proyecto de construcción.
La zona, conocida como el triángulo entre José Ignacio, Pueblo Garzón y Ruta 9, se consolidó en los últimos años como un polo de desarrollo de chacras y estancias de lujo. A diferencia de otros mercados, el valor no está en la cercanía al mar, sino en la calidad de vida que ofrecen estos grandes predios.
La demanda proviene mayoritariamente de Argentina, donde el interés por Uruguay como destino residencial sigue firme. Según datos del Ministerio de Turismo uruguayo, el 45% de los visitantes extranjeros que llegan a Maldonado son argentinos, y muchos de ellos evalúan comprar propiedades, no solo para vacacionar, sino para mudarse o invertir.
Algunos analistas del sector inmobiliario local señalan que la tendencia responde a una búsqueda de espacios más amplios y contacto con la naturaleza, acelerada por la pandemia de COVID-19. Pero también hay factores estructurales: la estabilidad jurídica de Uruguay, la seguridad y la ausencia de restricciones cambiarias hacen que el país sea visto como un refugio de valor.
Chacras Lagos de Garzón se inscribe en una corriente de desarrollos similares que crecen en la zona de Pueblo Garzón, como la chacra de 10 hectáreas lindera al restaurante del chef Francis Mallmann, o los emprendimientos de la firma CampoTinto en Rocha. También se suma a la oferta ya existente de estancias chic cerca del mar, como la desarrollada por el estudio BaBO en la ruta 10.
En comparación con otros mercados, el valor de estas chacras resulta competitivo: mientras que una casa de playa en José Ignacio puede superar los dos millones de dólares, aquí se accede a una parcela de 6 hectáreas con proyecto de vivienda por menos de medio millón. Eso explica el rápido ritmo de venta, con un 80% de colocado en menos de un año.
Para Le Gentil, el proyecto “constituye una expresión contemporánea del lujo, menos relacionada con la ostentación y más vinculada con la calidad de vida”. La frase condensa el espíritu de una nueva camada de compradores que buscan no solo una propiedad, sino un estilo de vida que combine tiempo, espacio y naturaleza.
La consolidación de esta tendencia no parece tener techo. Si bien el stock de propiedades en la costa uruguaya sigue siendo limitado, la demanda se mantiene firme, especialmente de parte de inversores extranjeros que ven en esta zona una oportunidad a largo plazo.
Según datos de la Cámara Inmobiliaria de Punta del Este, las consultas por chacras y lotes rurales crecieron un 35% en el último año, y el valor promedio de las transacciones aumentó un 12% respecto de 2025. Esto se refleja en proyectos como este, que apuestan a la baja densidad y al alto nivel de diseño.
A futuro, se espera que el área cercana a Pueblo Garzón siga recibiendo nuevos desarrollos, aunque los especialistas recomiendan equilibrio: “Es importante que no se sature la vista de la sierra”, señaló un paisajista local que participó de proyectos en la zona. “Eso es lo que buscan los compradores: silencio, verde y libertad”.
Por ahora, Chacras Lagos de Garzón parece haber encontrado la fórmula: pocas unidades, diseño de autor y un entorno que combina monte nativo, lagunas artificiales y la cercanía del mar. Una combinación que, a 20 minutos de uno de los balnearios más exclusivos de Sudamérica, se ha convertido en un producto inmobiliario de alta demanda.
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