Casa FOA, la tradicional muestra de arquitectura y diseño, inaugurará en los próximos días una nueva edición en un escenario de alto valor patrimonial: la histórica fábrica de calzados Alpargatas, ubicada en el corazón de Barracas, en la manzana delimitada por la avenida Patricios y las calles Lamadrid, Azara y Olavarría. El edificio, que funcionó como planta industrial desde fines del siglo XIX y permaneció en desuso durante casi tres décadas, será el punto de partida para una intervención que busca transformar la materia y resignificar el espacio.
La muestra, cuyo concepto rector es la “alquimia”, propone una metamorfosis de estas estructuras históricas para devolverles una vitalidad contemporánea. En diálogo con la arquitecta Catalina Ulloa, responsable del área de Arquitectura de Casa FOA, se pudo conocer los detalles de esta intervención que abarca únicamente la planta baja del edificio, desplegándose en 5.700 metros cuadrados donde se distribuirán 42 propuestas entre espacios interiores y al aire libre.
El valor histórico del predio es incuestionable. La fábrica de Alpargatas fue una de las industrias más emblemáticas de la Argentina, símbolo del despegue manufacturero del país a partir de 1885, cuando se estableció en esa zona de Barracas. Su producción de alpargatas, calzado y textiles acompañó el crecimiento económico nacional y dio empleo a miles de trabajadores. La manzana que hoy ocupa la muestra alberga distintas etapas constructivas: desde la nave más antigua, con estructura de hierro, cabreadas de madera y bovedillas de ladrillo, hasta una ampliación posterior realizada en hormigón. Esta combinación de materiales refleja más de un siglo de evolución industrial y fabril.
La historia de Alpargatas está ligada a la expansión urbana de Buenos Aires. Barracas, que en el siglo XIX era una zona de mataderos y curtiembres, se convirtió a fines de esa centuria en un polo industrial estratégico, atravesado por el ferrocarril y el Riachuelo. La fábrica no solo produjo calzado, sino que también fue parte de la vida social y económica del barrio. Su cierre, ocurrido a fines de los años ’90, dejó un vacío funcional y simbólico en la zona, que recién ahora comienza a recomponerse a partir de iniciativas culturales e inmobiliarias.
En este contexto, Casa FOA retoma el desafío de reciclar patrimonios industriales. La intervención, coordinada por Ulloa, implicó un profundo trabajo de rescate: se recuperaron carpinterías históricas de los niveles superiores y se las reubicó en la planta baja, conservando la identidad fabril del complejo. “El edificio gustó muchísimo por su riqueza histórica. Los profesionales conectaron de inmediato con la memoria del lugar respetando la impronta original y dialogando con ella”, explicó la arquitecta durante un recorrido exclusivo por la obra.
El recorrido de la muestra estará organizado de manera que los visitantes perciban una coexistencia entre pasado y presente. En el ingreso, como siempre, se ubicarán el hall de entrada y la boletería, pero con una particularidad: la boletería estará exenta de la caja original, buscando que los proyectos se aprecien como un diálogo respetuoso con el edificio. A medida que se avanza, se descubren espacios de altísimo valor arquitectónico, como la nave central con sus cabreadas de madera, que será restaurada para albergar algunas de las propuestas.
Entre las propuestas que anticipa Casa FOA, se destaca el Hall de Entrada (Espacio 1) a cargo de Fernando Russi y Tomás Rowinski, que marcará el inicio del circuito. Le seguirá un Bar de Hotel (Espacio 2) diseñado por Martín Casabe, y una Cafetería (Espacio 16) de María Ramos para la firma Proyeco, que ocupará uno de los sectores de mayores dimensiones, incorporando las carpinterías recuperadas y una expansión al aire libre de la firma Mike Outdoor. Esta propuesta es una de las más esperadas, ya que permitirá apreciar de cerca la puesta en valor de un elemento constructivo que atravesó el tiempo.
El sector gastronómico y de reunión estará completo con un Estar con Cocina (Espacio 3), un Bar y Cava (Espacio 4) proyectado por Marina González Clement, y una Cocina y Comedor (Espacio 7) de Lucía Quinteros. También se presentará la “Cocina de Encuentro” (Espacio 24), un concepto de Megan Dabove y Mary Verellen, que busca generar un punto de encuentro para los asistentes.
El concepto de alquimia que guía esta edición no es un mero recurso estético. La alquimia, entendida como la capacidad de transformar la materia, se aplica aquí en un sentido metafórico: transformar estructuras que quedaron obsoletas para darles nueva vida. Esta visión, además, se inscribe en una tendencia global del diseño y la arquitectura que promueve la reutilización adaptativa de patrimonios industriales, valorando su sostenibilidad y su rol en la identidad de los barrios.
La elección de Barracas como sede no es casual. En los últimos años, la zona experimentó un proceso de renovación urbana impulsado por la llegada del distrito tecnológico y la recuperación de espacios verdes, como el Parque las Heras. La fábrica de Alpargatas, junto a otros emprendimientos culturales como el Faena Arts Center o el edificio de la ex compañía de seguros La Buenos Aires, forma parte de un eje de reconversión que busca consolidar a la Comuna 4 como un nuevo polo turístico y cultural.
Según datos del Gobierno de la Ciudad, el valor promedio del metro cuadrado en Barracas aumentó un 18% en los últimos dos años, en parte gracias al desarrollo del distrito tecnológico y la llegada de nuevos emprendimientos. También se ha registrado un incremento en la demanda de propiedades y espacios comerciales, lo que refleja un interés creciente por la zona.
La muestra estará abierta al público desde mediados de septiembre y se espera la asistencia de más de 100.000 visitantes, siguiendo la tendencia de ediciones anteriores. Casa FOA, que celebró su primera edición en 1985, tiene una larga trayectoria en la puesta en valor de edificios patrimoniales, como el Palacio Belgrano, el Club Español o la ex fábrica de calzados La Biela.
En síntesis, la edición de Casa FOA en la ex fábrica Alpargatas no solo presenta una muestra de diseño, sino que constituye un hito en la recuperación del patrimonio industrial porteño. Al transformar la alquimia en un concepto curatorial, no solo se celebra la creatividad de los diseñadores, sino también la capacidad de la ciudad de resignificar su pasado para imaginar un futuro más sustentable e inclusivo. Las 42 propuestas, distribuidas en una planta imponente, prometen ser un punto de inflexión para Barracas y para la escena cultural de Buenos Aires.
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