Arquitectura

Casa FOA 2026 en el Palacio Molina: alquimia, patrimonio y federalización en el corazón de Barracas

La inauguración de la 42° edición de Casa FOA en el Palacio Molina, ubicado en el barrio de Barracas, representa un eslabón más en una larga historia de reconversión urbana y puesta en valor del patrimonio industrial porteño. El edificio, que data de 1890 y fue la primera sede de la fábrica de Alpargatas, abre sus puertas tras un proceso de restauración y adaptación que conjuga la memoria del trabajo fabril con las tendencias actuales del diseño de interiores. La muestra, que se extenderá hasta fines de octubre, propone un recorrido por 34 espacios intervenidos por arquitectos y diseñadores bajo el concepto de ‘alquimia’, entendido como la transformación de la materia y la transmutación de los usos.

La historia del Palacio Molina se remonta a finales del siglo XIX, cuando la industrialización argentina comenzaba a consolidarse. En 1890, la firma Alpargatas instaló su primera planta de producción en ese predio, dando empleo a cientos de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes europeos recién llegados. Con el correr de las décadas, el complejo se expandió con nuevas naves industriales hasta 1940, configurando un conjunto arquitectónico heterogéneo que combina el estilo academicista francés de la sede original con galpones de estructura de hierro y mampostería. La fábrica funcionó hasta fines del siglo XX, cuando la crisis del sector textil y la desindustrialización del país llevaron al cierre de numerosas plantas. El edificio quedó entonces en estado de abandono, hasta que en 2012 el desarrollador GES adquirió el predio y comenzó un plan de reconversión conocido como ‘Molina Ciudad’, que ya incluyó una intervención para Casa FOA en ese mismo año.

La edición 2026 de Casa FOA no es un hecho aislado. Se enmarca en un proceso más amplio de recuperación de antiguos predios industriales en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. Barracas, junto con La Boca y Parque Patricios, ha sido epicentro de una ola de desarrollos inmobiliarios que buscan convertir viejas fábricas y depósitos en lofts, oficinas y espacios culturales. Este fenómeno se remonta a la década de 1990, cuando el gobierno porteño impulsó la reconversión de áreas degradadas. Un antecedente clave fue la transformación de Puerto Madero, que marcó un antes y un después en la relación entre el patrimonio portuario y los nuevos usos urbanos. Luego vinieron casos emblemáticos como el de la ex fábrica de tabacos Nobleza Piccardo en Barracas, convertida en el centro comercial y cultural ‘Solar de la Abadía’, o la ex Usina de la Compañía Ítalo-Argentina de Electricidad, hoy Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

En este contexto, Casa FOA ha sido una plataforma recurrente para mostrar intervenciones en edificios patrimoniales. Desde su primera edición en 1985, la muestra ha ocupado antiguas casonas, hospitales, cárceles y fábricas, contribuyendo a visibilizar el potencial de estos espacios. En 2012, cuando se realizó en el mismo complejo de Alpargatas, el evento ya anticipaba la reconversión del lugar en un barrio de usos mixtos. Ahora, catorce años después, el Palacio Molina se presenta como la culminación de esa apuesta, con la desarrolladora GES a cargo de la comercialización de las unidades que se venderán tras el cierre de la exposición.

El concepto de ‘alquimia’ elegido por los organizadores no es azaroso. Alude a la capacidad de transformar la materia, pero también a la historia del propio edificio, que pasó de ser un símbolo de la producción industrial a un espacio de creatividad y diseño. En la inauguración, Marcos Malbrán, director general de la muestra, destacó que ‘esta muestra no es solo una exposición; es una construcción colectiva que impulsa diseño, industria, trabajo y talento argentino’. Por su parte, Fernando Barenboim, titular de GES Desarrollos, trazó un arco histórico: ‘Estamos parados en un lugar que tiene 140 años. Este es el primer edificio de 1890 y luego hubo desarrollos sucesivos hasta 1940. Son arquitecturas diferentes que cada uno de los proyectistas que intervino supo cuidar y respetar’.

La arquitecta Catalina Ulloa, responsable del proyecto de Casa FOA, explicó que ‘el concepto de alquimia nació porque este lugar era como una joya escondida a la que había que sacarle el brillo. Es un edificio que te emociona desde que entrás’. Y agregó: ‘Ver los sistemas constructivos originales es algo que ya no se ve en todos lados. Por eso el respeto al edificio fue un desafío central’. Ulloa también resaltó la sensibilidad de los nuevos participantes: ‘superaron el desafío de interpretar el edificio, de posicionarse y tomar partido por la historia en lugar de romper con todo para hacer algo totalmente nuevo. Vienen a aportar un aire fresco’.

La muestra ocupa los tres niveles del Palacio Molina y se distribuye en espacios que mantienen la estructura original: columnas de fundición, vigas de hierro, pisos de pinotea y aberturas de gran altura. Los expositores debieron adaptar sus propuestas a estas condiciones, lo que generó, según Juan Blas Fernández, gerente general de Casa FOA, ‘una homogeneidad inusual’ en las tipologías. ‘La arquitectura de esta sede, con esa construcción tan europea, hizo que los expositores no pudieran estar por debajo de lo que el edificio reflejaba. Los inspiró en un modelo más similar a Milán o Venecia’, afirmó.

La elección de Barracas como sede no es casual. En los últimos años, el barrio ha experimentado una transformación acelerada. Según datos del Gobierno de la Ciudad, entre 2010 y 2020 se registraron más de 50 proyectos de reconversión de predios industriales en la zona sur. El barrio pasó de tener una población de 77.000 habitantes en 2001 a más de 90.000 en 2022, con un aumento significativo de la oferta de viviendas nuevas. Sin embargo, este proceso ha generado tensiones: por un lado, la puesta en valor del patrimonio y la creación de empleo; por otro, el riesgo de gentrificación y el desplazamiento de residentes históricos.

Organizaciones vecinales de Barracas han manifestado en distintas oportunidades su preocupación por el impacto de estos desarrollos en la vida del barrio. Si bien reconocen el valor de recuperar edificios abandonados, advierten que la llegada de nuevos residentes de mayor poder adquisitivo puede expulsar a los inquilinos tradicionales. Un informe del Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires señala que, entre 2015 y 2023, los alquileres en Barracas aumentaron un 280%, muy por encima de la inflación promedio. Este fenómeno no es exclusivo de Buenos Aires: ha ocurrido en otros barrios industriales reconvertidos, como el caso de Puerto Madero o el de los docklands de Londres.

En paralelo, la muestra Casa FOA ha sido criticada en algunas ediciones por su carácter elitista y por priorizar el diseño de vanguardia sobre las necesidades sociales. Este año, la organización buscó contrarrestar esas críticas con un enfoque en la ‘federalización’ del evento, invitando a diseñadores de distintas provincias. La consigna oficial menciona la ‘federalización’ como uno de los ejes, y se espera que una parte de los fondos recaudados se destine a programas de formación en oficios para jóvenes de barrios vulnerables. Sin embargo, los detalles de estos programas no fueron especificados durante la inauguración.

Otro aspecto destacado de la jornada fue la distinción otorgada a la trayectoria de un arquitecto o diseñador. En ediciones anteriores, este reconocimiento recayó en figuras como Clorindo Testa, Mario Roberto Álvarez o Justo Solsona. Este año, el galardón fue para un profesional que ha trabajado en la integración de patrimonio y diseño contemporáneo, aunque su nombre no trascendió en la gacetilla oficial. La entrega de distinciones suele ser uno de los momentos más emotivos de la apertura.

El Palacio Molina, una vez finalizada la muestra, será comercializado por Achával Cornejo. Se ofrecerán unidades de vivienda y oficinas, con precios que rondarían los 3.500 dólares por metro cuadrado, según estimaciones del sector. El proyecto incluye además un espacio para un museo dedicado a la historia de Alpargatas, que ocupará parte de la nave principal. Esta iniciativa busca preservar la memoria del sitio y evitar que la reconversión borre por completo su pasado industrial.

La apertura de Casa FOA en el Palacio Molina se inscribe en una tradición que combina la exhibición de diseño con la reflexión sobre la ciudad. Desde sus inicios, la muestra ha sido un termómetro de las tendencias arquitectónicas y un motor para la revalorización de áreas postergadas. En 1985, cuando se realizó la primera edición en un edificio de la calle Arroyo, el país salía de la dictadura y comenzaba a reconstruir su tejido cultural. Cuatro décadas después, en un contexto de crisis económica y cambios sociales, la muestra reafirma su apuesta por el patrimonio como recurso estratégico para el desarrollo urbano.

El éxito de convocatoria de Casa FOA suele medirse no solo por la cantidad de visitantes, sino por su impacto en el mercado inmobiliario. En ediciones anteriores, la muestra ha funcionado como vidriera para barrios como Palermo, Recoleta y San Telmo, atrayendo inversiones y acelerando procesos de transformación. En Barracas, el efecto ya se hace sentir: según datos del Colegio de Escribanos, las operaciones de compraventa en el barrio aumentaron un 45% en el último año, y la zona sur concentra el 20% de los nuevos emprendimientos de la ciudad.

Sin embargo, el modelo de reconversión de fábricas en emprendimientos de lujo no está exento de controversias. Especialistas en urbanismo advierten que la ciudad necesita un equilibrio entre la preservación del patrimonio, la generación de vivienda asequible y la creación de espacios productivos. La experiencia internacional muestra que las reconversiones exitosas son aquellas que logran integrar usos diversos y mantener la mezcla social. En ese sentido, el Palacio Molina representa un desafío: convertir un símbolo de la producción en un lugar que no expulse a quienes hicieron posible esa historia.

La 42° edición de Casa FOA permanecerá abierta hasta el 25 de octubre, de martes a domingos, con entradas que rondan los 5.000 pesos. Se espera la visita de más de 100.000 personas, cifra similar a la de años anteriores. La muestra incluye además un ciclo de charlas y talleres sobre restauración, diseño sustentable y patrimonio industrial, con participación de especialistas nacionales e internacionales.

En definitiva, la apertura del Palacio Molina como sede de Casa FOA condensa varias tensiones de la Buenos Aires contemporánea: la puja entre memoria y mercado, la revalorización de lo antiguo y la presión inmobiliaria, la creatividad local y las tendencias globales. El edificio, que alguna vez fue el corazón de una de las empresas más emblemáticas del país, se transforma una vez más. La alquimia, como metáfora, parece inevitable: de la producción en serie a la exhibición de objetos únicos, del trabajo obrero al consumo cultural, de la fábrica al loft. El desafío será que esa transformación no borre las huellas de quienes lo habitaron antes.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *