La 42° edición de Casa FOA abrió sus puertas en el Palacio Molina, la antigua fábrica de Alpargatas reconvertida en un espacio cultural y residencial en el barrio de Barracas. La muestra, que se extiende hasta el 1° de octubre, propone un recorrido por espacios que reflexionan sobre la reconversión edilicia y la preservación del patrimonio industrial, con el paisajismo y el arte como ejes transversales. Organizada por la Fundación Oftalmológica Argentina (FOA), la exposición celebra este año el concepto de ‘alquimia’ como hilo conductor: la transformación de materiales, historias y espacios en algo nuevo.
El edificio que alberga la muestra tiene una historia que se remonta a 1887, cuando la firma argentina Alpargatas instaló su planta textil en el sur de la ciudad. Durante décadas, la fábrica fue un motor económico de Barracas y empleó a miles de trabajadores. Tras el cierre de la producción en 1990, el predio quedó en desuso hasta que, en la década de 2010, fue adquirido por el Grupo IRSA, que impulsó un proyecto de reconversión integral. El Palacio Molina, como se lo conoce actualmente, conserva la estructura de ladrillo visto, los grandes ventanales y las naves industriales, adaptadas ahora para usos residenciales, comerciales y culturales. Esta edición de Casa FOA se suma a ese proceso de resignificación, mostrando cómo el diseño puede dialogar con la memoria del lugar.
Los espacios dedicados al paisajismo, aunque no abundan, se destacan por su calidad. El Espacio 8, denominado ‘Tramas del tiempo’, diseñado por el paisajista Tomás Nadares, propone un entramado que combina arquitectura, vegetación, agua, arte y diseño contemporáneo. La cuerda de los muebles de la marca Tidelli se convierte en metáfora de los hilos que se cruzan y construyen algo nuevo. El naranja es el color protagonista, elegido por Nadares ‘para impactar y combinar con el verde de la vegetación’. Está presente en canteros, toldos y flores de especies como rayito de sol, lantana camara, asclepia curassavica, ojo de poeta y zinnia, combinadas con enredaderas verdes, sauce eléctrico y vetiver.
En el Espacio 18, la diseñadora Guadalupe Diez creó ‘un lugar mágico’ lleno de rincones y secretos. Recuperó plantas existentes como totoras, musgos y gramíneas, y las integró con macetas y otras especies para lograr un toque sofisticado. Una rampa conduce a una plataforma con barra y livings para el relax, alfombras de exterior que aportan calidez y estructuras doradas de acero inoxidable que trepan por la pared. Una pasarela custodiada por tres sillones ofrece otra perspectiva del espacio iluminado.
El Espacio 29, presentado por Grupo Nisen, es la expansión de una heladería con un deck y mesas al aire libre. El paisajista Eduardo Stafforini completó el ambiente con bambúes, especies aromáticas y frutales, e incorporó esculturas de aves de los artistas Carlos Uruzola y Gerardo Pochettino, siguiendo la premisa de sumar arte como elemento clave.
La elección de plantas nativas no es casual. En los últimos años, el paisajismo argentino ha virado hacia el uso de especies autóctonas por su bajo mantenimiento, resistencia y contribución a la biodiversidad. Según datos de la Sociedad Argentina de Paisajistas, la demanda de plantas nativas creció un 40% en la última década, impulsada por una mayor conciencia ambiental y por normativas como la Ley de Presupuestos Mínimos de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático Global (Ley 27.520). En este contexto, Casa FOA se convierte en una vidriera de tendencias que combinan estética y sostenibilidad.
La muestra también refleja el creciente interés por la reconversión de espacios industriales en polos culturales. En Buenos Aires, casos como el de la exfábrica de Alpargatas se suman a otros como el Distrito de Diseño en Barracas, el Polo Cultural de la ex Usina de Colegiales o el proyecto de la ex Cervecería Munich en Recoleta. Estas iniciativas buscan preservar el patrimonio arquitectónico y, al mismo tiempo, dinamizar zonas que habían perdido su función original.
Casa FOA, que se realiza desde 1985, ha tenido un rol fundamental en la difusión del diseño y la arquitectura argentinos. A lo largo de sus 42 ediciones, ha ocupado edificios emblemáticos como el Palacio Errázuriz, la ex cárcel de Caseros y el Mercado de Abasto, entre muchos otros. En cada oportunidad, la muestra convoca a diseñadores, arquitectos y paisajistas a intervenir espacios, generando un diálogo entre lo existente y lo nuevo. La edición 2026 no es la excepción: el Palacio Molina se transforma en un laboratorio de ideas sobre cómo habitar el patrimonio.
La muestra puede visitarse de lunes a domingos de 12 a 20 en Av. Regimiento de Patricios 1053, CABA. La entrada general tiene un costo de $3.500 y los menores de 12 años ingresan gratis. Además, se ofrecen visitas guiadas con inscripción previa. Como en años anteriores, parte de la recaudación se destina a proyectos de la Fundación Oftalmológica Argentina, que trabaja en la prevención de la ceguera en sectores vulnerables.
En síntesis, Casa FOA 2026 propone un recorrido que entrelaza pasado y presente, arte y naturaleza, industria y diseño. El Palacio Molina, con su historia de esplendor fabril y su presente de reconversión, es el escenario ideal para una muestra que invita a reflexionar sobre la transformación de las ciudades y la importancia de preservar la memoria mientras se construye el futuro.
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