Arquitectura

Casa 39 Árboles en Cariló: la vivienda que se integra al bosque y redefine la arquitectura de recorrido

En la localidad bonaerense de Cariló, conocida por su estricta normativa que protege el pinar y la vegetación autóctona, se erige la ‘Casa 39 árboles’, una obra que encarna la posibilidad de construir sin destruir. Diseñada por Grizzo Studio, la vivienda se destaca no solo por su estética contemporánea, sino por su estrategia de implantación: en lugar de talar o modificar drásticamente el terreno, el proyecto se adapta a la topografía y la flora existente, ofreciendo una experiencia espacial que privilegia el contacto directo con la naturaleza.

El nombre de la obra hace referencia al número de ejemplares arbóreos que conviven con la estructura. Según explicaron los arquitectos a medios especializados como Arqa y Design Boom, el terreno estaba dominado por pinos y especies trepadoras, por lo que la premisa fundamental fue ‘no tocar nada’. Esta decisión, que podría parecer restrictiva, se convirtió en la principal fuente de inspiración: la vivienda se inserta en el bosque como un elemento más, buscando mimetizarse y respetar la escala del entorno.

A diferencia de otras casas de playa en la zona, que suelen resolver el programa en una única planta elevada para captar vistas lejanas, ‘Casa 39 árboles’ propone un esquema en medios niveles que acompaña la pendiente natural del suelo. Este recurso no solo minimiza la intervención en el terreno, sino que genera una secuencia de espacios que permiten recorrer el bosque a distintas alturas: desde el nivel de las raíces hasta la altura de las copas. Como destacó el estudio en su memoria descriptiva, el objetivo es ofrecer una ‘lectura panorámica’ del paisaje, donde el usuario es parte de la escena y no un mero espectador.

La organización espacial se articula en torno a dos circuitos principales que responden a diferentes maneras de habitar la casa. El primero es un recorrido interior, que comienza en un hall semienterrado y asciende a través de medios niveles vidriados. Este camino permite acceder a los espacios más íntimos o de descanso (ubicados en las cotas intermedias) hasta llegar a una terraza elevada, pensada como un mirador entre las copas de los árboles. El segundo circuito es completamente exterior: parte de un patio interno con fogón, atraviesa el jardín y la piscina, y conecta los diferentes espacios de reunión al aire libre. Esta doble circulación enriquece la vida cotidiana y, al mismo tiempo, crea una serie de perspectivas que cambian con la luz natural y las estaciones.

Desde el punto de vista técnico, la obra se destaca por el uso de materiales nobles y de bajo mantenimiento, como la madera de eucalipto tratada para exteriores (térmicamente modificada), el hormigón armado a la vista y grandes paños de vidrio que buscan la máxima transparencia. Esta materialidad, además de integrarse cromáticamente con el bosque, responde a las condiciones climáticas de la costa atlántica, donde la humedad y la salinidad exigen soluciones resistentes. Según informó el portal 30.000 Arquitectos, la casa se desarrolla en alrededor de 400 metros cuadrados cubiertos, aunque la superficie semicubierta y las terrazas amplían la percepción del espacio habitable.

La ‘Casa 39 árboles’ se inscribe en una tendencia más amplia dentro de la arquitectura argentina contemporánea, que prioriza el respeto por el paisaje y la integración de la vegetación nativa en los proyectos. La reconocida arquitecta y crítica Marina Otero, en una entrevista con el diario La Nación, señaló que obras como esta representan ‘una madurez en la disciplina, que deja de ver el terreno como un soporte vacío y lo entiende como un ecosistema a preservar’. Este enfoque es particularmente relevante en Cariló, donde las ordenanzas municipales exigen que no se talen árboles de gran porte sin autorización y que las construcciones se retiren de los límites para conservar la masa forestal.

En términos de impacto, la vivienda no solo se convierte en una residencia de verano para sus dueños, sino en un manifiesto construido de sostenibilidad. Al integrar la arquitectura al bosque, se reduce la huella de carbono y se evita la pérdida de biodiversidad. Además, la decisión de utilizar circulaciones exteriores como los patios con fogón y la galería, fomenta un estilo de vida vinculado al aire libre, algo típico de la cultura de la costa atlántica pero llevado a un nivel de sofisticación arquitectónica poco habitual.

En conclusión, ‘Casa 39 árboles’ demuestra que es posible construir en un entorno naturalista sin destruirlo. Aporta una lección sobre cómo el diseño puede ser paciente, escuchar al sitio y ofrecer experiencias espaciales memorables. Para los profesionales del sector, es un referente de cómo el recorrido y la vistas pueden convertirse en herramientas para conectar al ser humano con su entorno. Para la comunidad de Cariló, es una prueba de que el desarrollo inmobiliario y la conservación del paisaje pueden convivir. La obra de Grizzo Studio reafirma el valor de la arquitectura como mediadora entre el hombre y la naturaleza, y siembra una pregunta que invita a la reflexión: ¿cuántos árboles más podríamos salvar si todos los proyectos pensaran primero en las raíces y después en el techo?

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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