Cultura

ArPa desembarca en Buenos Aires: la feria paulista que apuesta por el modelo boutique y la conexión profunda con el arte

La feria de arte ArPa, nacida en São Paulo hace apenas cinco años, llega a Buenos Aires con una propuesta que desafía las lógicas del circuito internacional contemporáneo. Del 16 al 20 de septiembre, la Casa Victoria Ocampo, sede del Fondo Nacional de las Artes en el barrio de Palermo Chico, albergará la primera edición internacional de esta feria fundada por Camilla Barella, coleccionista y gestora cultural brasileña que lleva consigo una trayectoria formada entre el mundo de la moda, la consultoría para la feria británica Frieze y la fundación en 2016 de VIVA Projects, plataforma sanpablina de producción de proyectos independientes que co-dirige junto a su socia Cecilia Tanure.

La llegada de ArPa a la capital argentina no es un acontecimiento aislado. En el transcurso de sus cinco ediciones realizadas en la Mercado Livre Arena Pacaembu, el histórico estadio municipal remodelado que funciona como uno de los principales espacios expositivos de São Paulo, la feria recibió visitas de galerías argentinas. Esas visitas derivaron en participación efectiva: en las ediciones 2025 y 2026 ya habían participado veinte artistas argentinos y ocho galerías nacionales, construyendo una red de intercambio que ahora se materializa en una sede propia del otro lado de la frontera.

El modelo que propone ArPa se define deliberadamente en contraposición a la saturación de los grandes eventos feriales. La fundadora lo describe con precisión: “Buscamos que sea una feria con más profundidad, que no va al ritmo frenético y superficial de grandes eventos, sino que tiene una escala más acogedora, con tiempo de mirar las obras, de charlar con los galeristas, que aproxime relaciones y conexiones, de las posibilidades comerciales pero también institucionales”. La apuesta por la escala boutique no es una rareza local ni una derivación del contexto sudamericano. Es, en realidad, una tendencia que se observa en los puntos más altos del circuito internacional. La ya consolidada feria Este Arte, en Punta del Este, adoptó el mismo modelo. Y el caso más elocuente es el de Art Basel Qatar, que en su primera edición celebrada en Doha en febrero de 2026 eligió un formato de exhibición curado por el artista Wael Shawky y distribuido por sedes culturales de Msheireb Downtown, alejado del stand tradicional y de la lógica de la feria masiva.

La estructura interna de ArPa replica este criterio de contención. Según detalló Barella en diálogo con Clarín, las galerías participantes pueden presentar hasta tres artistas en el booth más grande, dos artistas en el booth medio y un solo artista en el espacio menor. Existen apenas tres tamaños posibles de stand, lo que reduce simbólicamente las jerarquías entre galerías y obliga, en la práctica, a que cada propuesta se funde en criterios curatoriales. “Que no haya tanta jerarquía entre las galerías. Por supuesto que el visitante no sabe de estas reglas pero lo siente: una experiencia más fructífera de conexión y de profundidad”, puntualizó la directora. Esta lógica se traduce en la selección de las salas participantes: las galerías no se postulan libremente, sino que son invitadas por la dirección del evento con el apoyo de un comité curatorial, y deben presentar proyectos concebidos específicamente para la feria.

La arquitectura del espacio juega un papel central en esta experiencia. Barella destaca que eligieron la ambientación para que “a través de la arquitectura, la iluminación y la acústica se genere un ambiente más íntimo. Es una feria que no te da ansiedad y de la que no sales agotada”. En Buenos Aires, ese criterio se potencia por el carácter emblemático de la sede elegida. La Casa Victoria Ocampo, proyectada en 1928 por el arquitecto Alejandro Bustillo bajo fuerte influencia de Le Corbusier, fue hogar de la escritora y gestora cultural que dio nombre al espacio, escenario de la legendaria revista Sur y desde 1980 sede del Fondo Nacional de las Artes. Declarada Monumento Histórico Nacional en 2022, la casa se ubica en Rufino de Elizalde 2831, en la zona de Palermo Chico. La residencia que alguna vez albergó conversaciones con Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea y Oliverio Girondo, entre otros referentes de la cultura argentina, será ahora el escenario del diálogo contemporáneo entre las escenas artísticas de Argentina y Brasil.

Para esta edición porteña, la feria sumará 19 galerías invitadas. De ellas, 16 son argentinas y dos son brasileñas (Almeida & Dale y Martins & Monteiro), las dos únicas galerías del país vecino que viajarán dado que la feria se realiza en simultáneo con ArtRio, en Río de Janeiro. La programación se organizará en torno a un sector principal, un jardín de esculturas y un núcleo dedicado al diseño, con presencia de artistas históricos y contemporáneos.

Las implicancias de este desembarco trascienden lo estrictamente ferial. En primer lugar, implica un reconocimiento del peso específico del coleccionismo argentino y de la escena de galerías de Buenos Aires en el mapa latinoamericano. En segundo término, la presencia física de una feria internacional en un espacio patrimonial como la Casa Victoria Ocampo establece un diálogo simbólico entre dos polos de esa historia cultural: el impulso fundacional que Victoria Ocampo dio a la modernidad cultural argentina y la contemporaneidad del arte brasileño en un momento de fuerte consolidación del mercado. El ingreso es libre y gratuito, un dato que también comunica una decisión: la feria no busca erigir barreras de acceso sino ampliar el alcance de sus contenidos a públicos no iniciados.

La tendencia que ArPa encarna, sin embargo, no está exenta de interrogantes. La proliferación de ferias boutique en paralelo a los grandes eventos tradicionales plantea un reordenamiento del calendario comercial del arte. Mientras que los megaeventos siguen funcionando como instancias de validación internacional y récord de ventas, el formato más contenido asume funciones complementarias: validación curatorial, encuentro institucional y construcción de relaciones a largo plazo con coleccionistas. Barella observa que este formato está “volviéndose más institucional, donde asisten curadores y directores de museos además de los coleccionistas”. Esa migración de públicos es la evidencia más clara de que la transformación de las ferias involucradas en las decisiones artísticas está en curso.

Los datos económicos del circuito argentino acompañan esta lectura. Durante las últimas ediciones de la feria en São Paulo, 20 artistas argentinos y 8 galerías nacionales participaron del evento, y la organización prevé una fuerte presencia de coleccionistas brasileños e invitados regionales de Perú, Paraguay y Uruguay para la cita de septiembre. Se esperan además actividades de formación, conversaciones entre profesionales y producción editorial específica sobre el mercado y la producción latinoamericana.

El desembarco de ArPa en Buenos Aires, en definitiva, cristaliza un momento de confluencia entre dos escenas que históricamente se observaron con distancia: la del coleccionismo regional que busca diversificar su acceso sin intermediaciones y la de la gestión cultural brasileña, que encuentra en Argentina un socio natural para consolidar su expansión latinoamericana. La feria llega con un formato deliberadamente contenido, casi a contracorriente del espectáculo que dominó la última década, y con la promesa de que el tiempo de observación dedicado a cada obra puede ser, en sí mismo, una declaración sobre el valor de lo que se exhibe.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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