La exclusión de una escritora de un programa de festivales en España ya no es un episodio aislado, sino un capítulo de un conflicto que atraviesa universidades, instituciones culturales y medios. Esta vez el escenario fue Granada, el hecho ocurrió a dos días del inicio del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR ALH, y la reacción no tardó en llegar: más de 350 escritores, filósofos, artistas e intelectuales de distintos países firmaron un manifiesto en defensa de la escritora argentina Ariana Harwicz, retirada del cartel pocos días antes de su intervención.
El detonante fue una conversación titulada ‘Oponerse al mundo’, prevista para el 26 de septiembre a las 19.30 en la Plaza de las Pasiegas, junto al escritor Jesús Ortega. La organización la canceló tras peticiones de la Red Universitaria por Palestina de Granada y de uno de los clubes participantes, según admitió la propia dirección del certamen. La razón invocada no fue su obra literaria, sino sus posiciones públicas sobre Israel, Gaza y el boicot cultural.
El documento firmado por figuras como Fernando Savater, Margo Glantz, Piedad Bonnett, Óscar Tusquets, Andrés Trapiello, Santiago Roncagliolo, Fernando Iwasaki, Zoé Valdés, Carolina Sanín, Pola Oloixarac, María Negroni y Santiago Kovadloff sostiene que ‘ningún escritor debería ser excluido de un encuentro cultural por sus posiciones públicas’. Añade que defender la libertad de expresión solo para quienes comparten determinadas ideas implica ‘sustituir la confrontación libre de ideas por la selección ideológica’. El texto no exige adherir a las opiniones de Harwicz, sino que reclama que ‘nadie sea apartado de la vida cultural por sostener ideas propias y que ningún desacuerdo se convierta en una condena personal’.
Harwicz, nacida en Buenos Aires en 1977, reside en Francia desde hace casi dos décadas. Su primera novela, ‘Matate, amor’ (2012), fue traducida al inglés como ‘Die, My Love’ y quedó en la lista larga del Premio Booker Internacional en 2018. Su obra, traducida a más de diez idiomas, la convirtió en una de las voces más radicales de la literatura argentina contemporánea. La autora denunció públicamente la exclusión a través de X, donde escribió: ‘Me desprogramaron a último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror’. Relató que las organizadoras le expresaron admiración por sus libros antes de comunicarle la decisión y que, cuando ofreció asistir igualmente aunque hubiera protestas, le respondieron que su presencia podría ser peligrosa.
Dos versiones del mismo hecho circulan en el debate público. La organización del festival sostiene que los ‘posicionamientos públicos sobre Israel, Gaza y el boicot cultural son difícilmente conciliables’ con el ‘compromiso institucional’ de la Universidad de Granada contra las violaciones del derecho internacional humanitario en Gaza. La dirección del certamen reconoció que recibió peticiones de la Red Universitaria por Palestina y de uno de los clubes participantes.
La otra versión, la del manifiesto, apunta a un problema de procedimiento y de principios. Subraya que la autora no tuvo posibilidad de responder ni de explicar sus posiciones antes de que se resolviera su exclusión, y advierte sobre la circulación de declaraciones atribuidas a Harwicz fuera de contexto. ‘La discrepancia política, por profunda que sea, no justifica la tergiversación, la descalificación personal ni la estigmatización’, afirma el texto, que reclama a los organizadores una explicación transparente, el reconocimiento del perjuicio y una reparación pública.
Un elemento introduce una capa adicional de complejidad: el pronunciamiento de la Universidad de Granada. En un comunicado difundido el 19 de septiembre, la institución, una de las vinculadas al encuentro, aclaró que la decisión de retirar la invitación fue adoptada exclusivamente por la dirección del festival, que su equipo de gobierno no la aprobó ni la respaldó y que no comparte la medida. El festival, organizado con motivo del quinto centenario de la universidad, reúne del 21 al 27 de septiembre a más de sesenta escritores y pensadores en treinta actos gratuitos distribuidos en trece sedes, con invitados como John Banville, Juan Villoro, Patrick Boucheron, Silvia Federici y Gabriela Cabezón Cámara.
El caso se inscribe en una tendencia más amplia. Desde 2004, la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) impulsa el boicot a instituciones académicas y culturales israelíes como parte del movimiento BDS. En años recientes, informes sobre el boicot académico registraron un aumento de iniciativas de exclusión institucional en Europa. En España, el debate sobre los límites entre la protesta política y la programación cultural ya tiene antecedentes en el ámbito de la libertad de expresión, y el episodio de Granada añade un precedente que excede la figura de una autora.
Las implicancias son de dos órdenes. En el plano institucional, queda expuesta la tensión entre la autonomía de una dirección de festival y la responsabilidad de las instituciones que lo patrocinan, en este caso una universidad pública que se desmarcó de la decisión. En el plano cultural, el manifiesto plantea una pregunta operativa para cualquier certamen: si el criterio de programación se desplaza desde la calidad de la obra hacia la adhesión ideológica del autor. La respuesta democrática a una opinión controvertida, sostiene el texto, debe ser ‘el diálogo, la pregunta y la discusión pública, nunca la expulsión del programa’.
El cierre del episodio permanece abierto. El festival concluyó sin la presencia de Harwicz, la Universidad de Granada mantuvo su desacuerdo con la cancelación y más de 350 firmantes aguardan una respuesta de la organización. Lo que queda documentado es un precedente: la exclusión de una escritora por sus posiciones públicas en un encuentro financiado por instituciones públicas, en un contexto donde el boicot cultural dejó de ser una consigna marginal para convertirse en un factor que incide directamente sobre la programación cultural.
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