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Santiago Caputo y el operativo de salida de Flávio Bolsonaro: cómo el gobierno de Milei se involucró en la fuga del excandidato brasileño

La noche del martes 27 de octubre de 2026, el aeropuerto internacional de Puerto Iguazú se convirtió en el epicentro de una operación geopolítica que involucró a Argentina, Brasil y Estados Unidos. Flávio Bolsonaro, excandidato presidencial brasileño que perdió la segunda vuelta electoral del domingo anterior frente a Luiz Inácio Lula da Silva, abordó un vuelo privado junto a su familia con destino a Estados Unidos, haciendo escala en Guayaquil, Ecuador. Lo que parecía un simple traslado se transformó en un episodio de alta sensibilidad diplomática cuando se confirmó que Santiago Caputo, asesor clave del presidente argentino Javier Milei y responsable de áreas estratégicas como los servicios de inteligencia, supervisó personalmente la operación desde la ciudad misionera.

El contexto político brasileño es fundamental para entender la magnitud del hecho. La victoria de Lula da Silva en la segunda vuelta electoral, aunque ajustada, desencadenó una serie de reacciones entre los sectores bolsonaristas, que denunciaron un supuesto fraude sin presentar pruebas contundentes. La salida de Flávio Bolsonaro del territorio brasileño, pocas horas después de la derrota, sugiere un temor a represalias judiciales o políticas, especialmente considerando los procesos que enfrenta la familia Bolsonaro en Brasil por presunta corrupción y ataques al sistema democrático. En ese marco, la decisión de trasladarse a Estados Unidos, un país gobernado por Donald Trump, aliado ideológico de la familia, no resulta sorprendente, pero sí la participación activa del gobierno argentino en facilitar la operación.

Según fuentes de la Casa Rosada, Caputo monitoreó la operación desde su inicio. Empresas vinculadas a la Embajada de Estados Unidos contrataron con la aerolínea argentina Baires Fly un vuelo en un avión Gulfstream G400, matrícula LV-JQW. La aeronave esperó en el aeropuerto de Puerto Iguazú desde la noche del lunes hasta las 00:21 del miércoles, cuando despegó con Bolsonaro y su familia a bordo. El trayecto terrestre previo también estuvo coordinado: Flávio Bolsonaro cruzó a Argentina por el paso fronterizo del Puente Internacional Tancredo Neves a las 22:50 del martes, dirigiéndose directamente al aeropuerto. La operación involucró al gobierno estadounidense y a la administración argentina, y fuentes oficiales afirman que las autoridades brasileñas fueron notificadas, aunque este punto no ha sido confirmado por Brasilia.

El propio Donald Trump, al ser consultado por periodistas, confirmó que Bolsonaro había pasado por territorio argentino antes de salir hacia Estados Unidos. Esta declaración, sumada a la presencia de Caputo en Puerto Iguazú, sugiere un nivel de coordinación que trasciende lo meramente logístico. Caputo, apodado por la prensa como «El Mago del Kremlin» y señalado como uno de los líderes de «Las Fuerzas del Cielo», la facción digital más intensa del mileísmo, no solo supervisó la operación, sino que también utilizó sus redes sociales para enviar mensajes enigmáticos mientras los medios argentinos intentaban desmentir la fuga.

A las 10:43 de la mañana del miércoles, cuando la noticia de la salida de Bolsonaro monopolizaba la agenda periodística, Caputo publicó en X una imagen de la película «El gran truco» (The Prestige), dirigida por Christopher Nolan. La elección no fue casual: la película explora el arte de la ilusión y el sacrificio necesario para mantener un secreto. Minutos después, Migraciones emitió un comunicado desmintiendo el ingreso de Flávio Bolsonaro al país. «La Dirección Nacional de Migraciones no registra ingreso alguno de Flavio Bolsonaro a la República Argentina. A razón de la escalada mediática por la presencia de un avión privado en el Aeropuerto Internacional de Iguazú, las autoridades procedieron a iniciar controles correspondientes a la aeronave y tripulación. Finalmente se constató que la documentación de la empresa se encuentra en regla y no se presentó ningún plan de vuelo que incluya a la familia Bolsonaro», rezaba el texto oficial.

La contradicción entre el comunicado y los hechos posteriores es evidente. Horas más tarde, medios brasileños citando fuentes allegadas a la familia Bolsonaro confirmaron que el excandidato estaba en vuelo a Estados Unidos. Caputo volvió a publicar en X después de las 14 horas: «Todos escribiendo rumores basados en rumores. Qué papelón los medios argentinos». Su tono desafiante y su insistencia en criticar a la prensa continuaron durante la madrugada. A la 1:24 AM, tras el éxito del operativo, escribió: «La cobertura periodística del día de hoy debe haber sido prob…» (el mensaje quedó truncado).

Las implicancias de este episodio son múltiples. En primer lugar, expone una coordinación entre el gobierno de Milei y el de Trump para facilitar la salida de un aliado político en un momento de crisis. Esto podría tensar las relaciones con Brasil, especialmente si se confirma que las autoridades brasileñas no fueron notificadas adecuadamente. Lula da Silva, quien asumirá el poder en enero de 2027, podría interpretar la maniobra como una injerencia en asuntos internos. En segundo lugar, evidencia el rol central de Santiago Caputo en la toma de decisiones del gobierno argentino, incluso en asuntos de política exterior y seguridad que exceden sus funciones formales. Su control sobre la SIDE y su capacidad para movilizar recursos logísticos privados plantean interrogantes sobre la transparencia y la legalidad de sus acciones.

En tercer lugar, la operación revela la existencia de redes de apoyo entre líderes de la derecha radical a nivel internacional. La utilización de una empresa argentina (Baires Fly) contratada por entidades vinculadas a la Embajada de Estados Unidos sugiere un modus operandi que podría repetirse en el futuro. Además, la elección de Puerto Iguazú como punto de salida no es azarosa: se trata de una zona de triple frontera con un alto flujo de personas y mercancías, lo que facilita operaciones discretas.

Desde el punto de vista económico, el operativo implicó un costo significativo. El alquiler de un Gulfstream G400 para un vuelo transcontinental con escala en Guayaquil puede superar los 200.000 dólares, según estimaciones de mercado. No está claro quién financió el traslado, aunque fuentes sugieren que empresas vinculadas a la Embajada de Estados Unidos se hicieron cargo. Este tipo de gastos, en un contexto de crisis económica en Argentina, podría generar cuestionamientos sobre el uso de recursos y la prioridad de la agenda gubernamental.

La reacción de los medios argentinos fue variada. Algunos sectores criticaron la falta de transparencia y la contradicción entre el comunicado de Migraciones y los hechos. Otros, alineados con el gobierno, minimizaron la participación de Caputo y se centraron en la supuesta persecución política contra Bolsonaro. La publicación de Caputo en X, comparando la situación con una película sobre ilusionistas, fue interpretada por algunos como una burla a la prensa y por otros como una admisión velada de que todo fue un montaje.

En conclusión, la salida de Flávio Bolsonaro desde Puerto Iguazú con la supervisión de Santiago Caputo constituye un hecho de relevancia internacional que involucra a tres gobiernos y plantea serias dudas sobre la transparencia de las acciones del gobierno argentino. La operación, cuidadosamente coordinada, sugiere un alineamiento estratégico entre las administraciones de Milei y Trump para proteger a figuras de la derecha regional, al tiempo que expone las tensiones latentes con Brasil. El rol de Caputo, quien actuó como un operador clave más allá de sus funciones oficiales, refuerza la percepción de un gobierno que utiliza los servicios de inteligencia y recursos privados para fines políticos. Las consecuencias diplomáticas y legales de este episodio aún están por verse, pero marcan un precedente inquietante en la política sudamericana.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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