Hay obras que envejecen y obras que, por el contrario, parecen adelantarse a su tiempo. La Pampa Cósmica de Pérez Celis pertenece a la segunda categoría. Más de medio siglo después de que el artista concibiera ese paisaje infinito como una puerta de entrada al universo, su mirada regresa al Palacio Libertad de Buenos Aires en formato de experiencia inmersiva. La propuesta, producida por la Fundación Pérez Celis, no se limita a una proyección tecnológica: incorpora diez pinturas originales del denominado período pampeano (años 60 y 70) para establecer un diálogo directo entre la materia pictórica y su reinterpretación digital. El resultado es un artefacto cultural híbrido que permite leer, en una misma sala, la continuidad de una obsesión estética que atravesó décadas.
La instalación puede visitarse durante todo el mes de septiembre, de miércoles a domingo, en el espacio cultural ubicado en el ex Correo Central. Las imágenes se proyectan sobre las paredes de la sala inmersiva y generan un paisaje en transformación permanente, acompañado por una banda sonora que modifica el clima de la experiencia y habilita múltiples puntos de observación para el espectador. No se trata de una simple exhibición de cuadros con recursos audiovisuales: la propuesta reorganiza la relación entre obra, espacio y público. Aquello que Pérez Celis construyó con materia, color y pincel se transforma ahora en luz, movimiento y píxeles que recorren la arquitectura del edificio.
Para comprender la dimensión de esta apuesta hay que remontarse a la década de 1960. Después de recorrer Perú, Bolivia y el norte argentino, Pérez Celis regresó a Buenos Aires y comenzó a frecuentar los vastos territorios de la Pampa. La inmensidad del paisaje ingresó entonces en su obra junto con una nueva presencia: la línea del horizonte. Aquella Pampa, sin embargo, no era solamente geografía. En sus pinturas convivieron las referencias prehispánicas de sus viajes con los colores saturados del pop-art, la psicodelia, las historietas y la cultura de masas. Ese cruce de tradiciones visuales, que en otros artistas de la época derivó en experimentaciones dispersas, en Pérez Celis adquirió una coherencia programática: la búsqueda de una imagen capaz de sintetizar lo americano sin renunciar a la contemporaneidad internacional.
El contexto histórico resultó determinante. En pleno auge de la carrera espacial, con la Unión Soviética y Estados Unidos compitiendo por hitos en la exploración del cosmos, la ciencia ficción y las imágenes de los viajes al espacio alimentaron un imaginario en el que el paisaje argentino podía convertirse en territorio cósmico. Pérez Celis lo formuló con precisión en 1969: «La Pampa es el mejor punto de partida para enunciar lo americano». Y agregó: «De algún modo, la Argentina ya está –a través de la infinitud pampeana– en el espacio del que hablan los cosmonautas». La frase resume una de las claves de aquel período: el artista no necesitaba abandonar la Pampa para imaginar el universo. El infinito estaba allí, en la distancia que separaba al observador del horizonte.
Esa operación conceptual diferenciaba a Pérez Celis de otros artistas latinoamericanos que buscaban lo universal en la abstracción geométrica o en el conceptualismo. Mientras muchos optaban por borrar las marcas locales para insertarse en un relato global, él hacía lo contrario: profundizaba en el paisaje propio para proyectarlo hacia lo cósmico. El crítico Jorge López Anaya señaló en su momento que la obra del artista construyó «un puente entre la herencia precolombina y la cultura de masas», una lectura que la instalación actual reactualiza al poner en contacto las pinturas originales con las proyecciones digitales.
El período pampeano de Pérez Celis coincidió con una etapa de efervescencia cultural en Argentina. Los años 60 vieron el auge del Instituto Di Tella, la experimentación con nuevos medios y la irrupción de una generación que discutía los límites del arte tradicional. En ese marco, su opción por el paisaje y por una figuración simbólica lo apartó de las corrientes dominantes. Mientras el pop local ironizaba sobre la sociedad de consumo y el conceptualismo privilegiaba la idea sobre la forma, Pérez Celis sostenía la pintura como práctica central y la cargaba de referencias cósmicas. Esa decisión, que en su momento pudo leerse como una resistencia a la vanguardia, hoy se revela como una anticipación de debates posteriores sobre identidad, territorio y tecnología.
La instalación en el Palacio Libertad retoma aquella concepción desde otro lugar. Si en los años 60 y 70 Pérez Celis encontraba el cosmos en la inmensidad del paisaje, hoy es la tecnología la que permite que ese universo pictórico invada el espacio físico y envuelva al espectador. Entre ambos momentos hay más de medio siglo, pero también una continuidad: la búsqueda de una imagen capaz de desbordar los límites del cuadro. Las diez pinturas originales que se exhiben funcionan como anclaje material de esa búsqueda, mientras las proyecciones expanden sus principios compositivos hacia el entorno arquitectónico.
El Palacio Libertad, antigua sede del Correo Central y reconvertido en espacio cultural, aporta un marco significativo. Su arquitectura monumental, con grandes salas y techos altos, permite que la videoinstalación despliegue su escala. No es casual que la Fundación Pérez Celis haya elegido ese sitio: se trata de un edificio que, como la obra del artista, combina tradición y modernidad, pasado y presente. La experiencia inmersiva se integra así a una política cultural que busca atraer nuevos públicos mediante formatos tecnológicos sin renunciar al patrimonio artístico.
Las implicancias de esta propuesta exceden el ámbito estético. En primer lugar, plantea una reflexión sobre la conservación y difusión del arte argentino. La digitalización de obras y su reinterpretación en clave inmersiva abre un debate sobre la autenticidad, los derechos de autor y el papel de las fundaciones en la gestión del legado. En segundo lugar, la instalación se inserta en un circuito internacional de experiencias inmersivas que, desde los Van Gogh o Frida Kahlo hasta las propuestas de teamLab, buscan convertir la pintura en espectáculo audiovisual. La diferencia, en este caso, radica en la escala local y en la especificidad del material: no se trata de un formato importado aplicado a un artista cualquiera, sino de una relectura de un período concreto de la producción de Pérez Celis.
Desde una perspectiva económica, este tipo de propuestas forman parte de una industria cultural en expansión. Las experiencias inmersivas han demostrado capacidad para atraer públicos amplios, incluidos sectores que habitualmente no frecuentan museos o galerías. En un contexto de crisis para el financiamiento cultural, los formatos híbridos ofrecen una vía para generar ingresos y visibilidad. La Fundación Pérez Celis, en ese sentido, apuesta por un modelo que combina exhibición tradicional, tecnología y espectáculo.
La dimensión geopolítica también merece atención. La reivindicación de lo pampeano como punto de partida para imaginar lo cósmico conecta con debates contemporáneos sobre soberanía territorial, identidad latinoamericana y el lugar de la región en la exploración espacial. En un momento en que Argentina discute su participación en proyectos satelitales y su rol en la arena internacional, la obra de Pérez Celis ofrece una metáfora potente: la periferia puede ser centro si se la piensa desde su propia especificidad.
La experiencia inmersiva de La Pampa Cósmica no es, entonces, una simple actividad de entretenimiento. Funciona como una operación de memoria y proyección: recupera un período poco difundido de un artista central y lo actualiza mediante herramientas tecnológicas que permiten nuevas lecturas. Las diez pinturas originales y las proyecciones establecen un diálogo que interpela tanto al espectador especializado como al público general. En ese cruce, la obra de Pérez Celis demuestra que la búsqueda de una imagen capaz de desbordar los límites del cuadro sigue siendo una pregunta vigente. Medio siglo después, la Pampa sigue siendo el mejor punto de partida para enunciar lo americano. Y el cosmos, un horizonte que se confunde con el infinito.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
