Arquitectura

Premio Rogelio Salmona 2026: la arquitectura latinoamericana que teje comunidad desde los espacios abiertos

La Fundación Rogelio Salmona anunció la apertura de la quinta edición del Premio Latinoamericano de Arquitectura Rogelio Salmona, una convocatoria que desde 2016 reconoce aquellas obras construidas en América Latina y el Caribe que, por sus cualidades espaciales, han contribuido a transformar la vida colectiva. Bajo el lema «Espacios que nos unen», la edición 2026 invita a postular proyectos edificados entre 2010 y 2020 que hayan generado espacios abiertos capaces de propiciar el encuentro, la apropiación comunitaria y la integración respetuosa con su contexto urbano y social.

La convocatoria, difundida a través de los canales oficiales de la fundación y replicada por medios como Clarín, Infobae y La Nación, se extiende hasta los próximos meses y está dirigida a arquitectos, equipos de diseño, promotores, instituciones académicas y organizaciones sociales vinculadas a las obras. El jurado de esta edición está integrado por los arquitectos Daniel Bonilla (Colombia), Francesco Careri (Italia), Nicolás Campodónico (Argentina), Gabriela Carrillo (México) y Marta Moreira (Brasil), un panel que combina trayectorias en el diseño arquitectónico, el urbanismo social y la investigación sobre el espacio público.

Para comprender la relevancia de este premio es necesario remontarse a la figura de Rogelio Salmona (1929-2007), uno de los arquitectos colombianos más influyentes del siglo XX. Formado en el taller de Le Corbusier en París entre 1953 y 1957, Salmona regresó a Colombia con una convicción que atravesaría toda su obra: la arquitectura debe ser un instrumento de civilidad y no un simple objeto de contemplación. Su obra se distinguió por el uso magistral del ladrillo a la vista, la integración profunda de los edificios con el paisaje y el agua, y la creación de espacios públicos que fomentaban la interacción comunitaria.

Entre sus proyectos más emblemáticos destacan la Biblioteca Virgilio Barco (2001), las Torres del Parque (1970), el Centro Cultural Gabriel García Márquez (2008) y el Archivo General de la Nación (1992), todos en Bogotá. Estas obras no solo redefinieron el paisaje urbano de la capital colombiana, sino que establecieron un modelo de intervención arquitectónica donde el edificio dialoga con la ciudad y el ciudadano encuentra en el espacio construido un lugar de pertenencia. La Fundación Rogelio Salmona, creada en 2008, asumió la tarea de preservar y difundir ese legado, y el premio que lleva su nombre se ha convertido en un termómetro de cómo la arquitectura latinoamericana contemporánea asume ese desafío.

El Premio Salmona se ha consolidado como una plataforma de visibilización para obras que raramente ocupan las portadas de las revistas especializadas, pero que tienen un impacto directo en la vida cotidiana de las comunidades. En sus ediciones anteriores, el galardón ha reconocido proyectos como el Parque Biblioteca España en Medellín (Colombia), el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Argentina) y el Centro Cultural Kirchner (Argentina), entre otros, siempre bajo el criterio de que la calidad arquitectónica debe estar al servicio del uso colectivo. La edición 2026 mantiene ese espíritu y agrega un componente temporal: las obras deben haber sido construidas entre 2010 y 2020, lo que permite evaluar su desempeño real a lo largo del tiempo, más allá del impacto inicial.

La convocatoria de este año se complementa con una iniciativa paralela denominada Confluencias Urbanas, una plataforma latinoamericana de encuentro, exploración y reflexión sobre las formas de habitar las ciudades de América Latina y el Caribe. Articulada al premio, Confluencias Urbanas amplía la conversación sobre la arquitectura hacia las experiencias prácticas y las relaciones que construyen la vida urbana. Cada Confluencia combina exploración situada y encuentro colectivo, generando espacios de intercambio, investigación y experimentación que permitan reconocer otras formas de habitar y contribuir a la construcción de ciudades más abiertas, democráticas e incluyentes.

La Primera Confluencia, que se desarrollará en paralelo al premio, explora la hospitalidad como una posibilidad para reconocer otras formas de relacionarnos y construir lo común en las ciudades latinoamericanas. A través de cartografías situadas en distintos territorios, la iniciativa busca identificar y visibilizar prácticas, experiencias y formas locales de acoger al otro, generando nuevos imaginarios urbanos que trascienden la mera infraestructura. Esta dimensión del proyecto responde a una preocupación creciente en el ámbito latinoamericano: la necesidad de pensar la ciudad no solo desde el diseño, sino desde las relaciones sociales que la habitan.

En términos comparativos, el Premio Salmona se distingue de otros galardones de arquitectura en la región, como el Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana o el Premio Iberoamericano de Arquitectura y Diseño, por su énfasis explícito en la dimensión social y comunitaria de las obras. Mientras otros premios priorizan la innovación técnica o la estética formal, el Salmona coloca en el centro de la evaluación la capacidad de un edificio o espacio público para generar cohesión social, apropiación ciudadana y transformación del entorno. Esa perspectiva lo convierte en un observatorio privilegiado de cómo la arquitectura latinoamericana responde a problemas estructurales como la desigualdad urbana, la segregación residencial y la falta de espacios de encuentro en las ciudades.

La historia del premio también refleja una evolución en la propia arquitectura latinoamericana. En sus primeras ediciones, las obras premiadas tendían a ser grandes equipamientos culturales o educativos. Con el correr de los años, la convocatoria se ha abierto a intervenciones más pequeñas y dispersas: parques lineales, mercados públicos, centros comunitarios de barrio, recuperaciones de espacio público en zonas periféricas. Esa ampliación responde a un cambio de paradigma en la disciplina, que ha ido abandonando la idea del arquitecto como autor de objetos aislados para asumir un rol de facilitador de procesos urbanos colectivos.

El contexto latinoamericano actual refuerza la pertinencia de esta convocatoria. La región atraviesa un proceso de urbanización acelerada, con más del 80% de su población viviendo en ciudades, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Ese crecimiento ha generado enormes desafíos en materia de vivienda, transporte, espacio público y cohesión social. En ese marco, la arquitectura puede ser una herramienta de inclusión o de exclusión, según cómo se diseñen los espacios y quiénes tengan acceso a ellos. El Premio Salmona, al reconocer obras que priorizan el encuentro y la apropiación comunitaria, ofrece un repertorio de buenas prácticas que pueden inspirar políticas públicas y proyectos en toda la región.

Las implicancias de esta convocatoria trascienden el ámbito disciplinar. En un momento en que las ciudades latinoamericanas enfrentan tensiones sociales, fragmentación urbana y crecientes desigualdades, el premio pone el foco en experiencias que demuestran que es posible construir espacios más democráticos e incluyentes. La convocatoria también fortalece una red de arquitectos, académicos y organizaciones sociales que trabajan en esa dirección, generando intercambios que trascienden las fronteras nacionales y contribuyen a una identidad arquitectónica latinoamericana común.

La referencia a Rogelio Salmona no es solo un homenaje, sino una hoja de ruta. Su obra demostró que el ladrillo, el agua y el paisaje pueden ser materiales de construcción de ciudadanía. El premio que lleva su nombre actualiza esa apuesta y la proyecta hacia el futuro, convocando a una nueva generación de arquitectos a pensar sus obras no como objetos autónomos, sino como infraestructuras sociales capaces de unir lo que la desigualdad separa.

La convocatoria se mantiene abierta y los términos de referencia están disponibles en el sitio oficial de la Fundación Rogelio Salmona. La selección de obras y el fallo del jurado se darán a conocer en los próximos meses, en un proceso que combina la evaluación técnica con la visita a las obras finalistas, una metodología que el premio ha adoptado desde sus inicios para garantizar que la valoración no se limite a las imágenes, sino que contemple la experiencia real de los espacios y su impacto en las comunidades. Con esta quinta edición, el Premio Salmona reafirma su posición como uno de los galardones más relevantes de la arquitectura latinoamericana y como un espacio de reflexión sobre el papel de la disciplina en la construcción de sociedades más justas.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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