Cultura

Borges y la política: el enigma que Nicolás Freibrun descifra desde la ficción

La figura de Jorge Luis Borges ha sido objeto de encendidas disputas políticas desde su muerte en 1986. Acusado de elitista, conservador y hasta reaccionario por unos, reivindicado como un liberal crítico de los totalitarismos por otros, el autor de El Aleph permanece como un campo minado para cualquier intento de clasificación ideológica. Sin embargo, un nuevo libro del politólogo Nicolás Freibrun propone una tesis provocadora: solo a través de la ficción es posible decir la verdad del peronismo y, en consecuencia, comprender la verdadera dimensión política de la literatura borgeana.

Editado por Siglo XXI, el volumen lleva por subtítulo Un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha, y se presenta como un ensayo minuciosamente documentado donde los textos de Borges funcionan como fuente primaria. Freibrun, autor también de La invención de la democracia, sostiene que la política mainstream ha intentado clausurar el debate sobre Borges, ubicándolo en un casillero ideológico que no resiste el menor análisis. En diálogo con Clarín, el autor expande los ejes centrales de su investigación y ofrece una mirada que desestabiliza las lecturas convencionales.

LA POLÍTICA EN LA LENGUA

La primera operación que Freibrun realiza es ampliar la definición misma de lo político. «No hay un solo modo de hablar de política», afirma. «Lo que sucede es que la política mainstream cierra eso y lo coloca en algún lugar. La pregunta podría ser: ¿por qué la ficción o el arte en general no discute la política?». Para el politólogo, la respuesta reside en una operación de exclusión: al reducir lo político a la enunciación explícita, se dejan de lado manifestaciones donde lo político aparece de manera desplazada, insinuada, latente.

En ese marco, Borges hace política en la lengua. «Borges es un polemista. No olvidemos que la palabra polemos viene de lucha, en griego, de polis. De política, por lo tanto. Y Borges ya es un polemista por naturaleza. Y es un polemista del lenguaje», explica Freibrun. Esta distinción es crucial: no se trata de rastrear en los textos borgeanos una doctrina política sistemática, sino de detectar cómo el escritor interviene en el debate público a través de operaciones formales, estilísticas y narrativas que cuestionan el sentido común de su época.

Freibrun organiza su análisis en torno a grandes temas políticos que atraviesan la obra de Borges: el orden, la civilización y la barbarie, la cultura en Occidente, el ser argentino y el problema de cómo se escribe siendo argentino. En todos estos ejes, el escritor despliega una doble mirada: por un lado, su pertenencia a la tradición cosmopolita europea; por otro, su condición periférica, sudamericana, argentina. Esa tensión, lejos de resolverse en una síntesis armónica, constituye el núcleo de su politicidad.

EL PROBLEMA DE LAS CATEGORÍAS

Uno de los puntos más controversiales del libro es el cuestionamiento a las categorías de izquierda y derecha como herramientas para comprender a Borges. «Derecha e izquierda son categorías que ordenan el espacio político, no son categorías esenciales», sostiene Freibrun. «Alguien puede estar más a la derecha o a la izquierda de acuerdo al campo político de su contexto. En ese sentido, Borges pasó por todas las posiciones».

El autor periodiza esa trayectoria: en los años 30, Borges se manifiesta como un liberal progresista, crítico del nazismo, del nacionalismo reaccionario y del antisemitismo. Con el correr de las décadas, se desplaza hacia posiciones más conservadoras e incluso reaccionarias, algo que el propio escritor reconoció en varias entrevistas. Sin embargo, ese corrimiento no implica una identificación partidaria estable. «La idea de que él se afilie al Partido Conservador es una declaración de una coyuntura específica, no una definición identitaria permanente», matiza Freibrun.

Esta perspectiva permite releer episodios históricos que la crítica ha utilizado para condenar o absolver a Borges. Su adhesión a la Revolución Libertadora, su rechazo al peronismo, su apoyo a dictaduras militares en América Latina y su condena a los totalitarismos del siglo XX son analizados por Freibrun no como contradicciones de un pensador errático, sino como intervenciones en un campo de disputa donde las posiciones se redefinen constantemente.

CONSECUENCIAS GEOPOLÍTICAS Y CULTURALES

El libro de Freibrun interviene en un debate que excede los límites de la literatura argentina. La figura de Borges ha sido utilizada históricamente como botín de guerra simbólico por diversos sectores. La derecha lo reivindicó como defensor de la civilización occidental y enemigo de los populismos. La izquierda lo acusó de elitismo y complicidad con los sectores dominantes. El peronismo, por su parte, lo consideró un adversario declarado, enemigo visceral del movimiento justicialista.

La tesis de Freibrun, sin embargo, desarma esas apropiaciones. Si la verdad del peronismo solo puede decirse a través de la ficción, como sostiene el título del artículo, entonces la política no pertenece exclusivamente al ámbito de los discursos programáticos, las plataformas partidarias o los debates parlamentarios. La ficción, entendida como exploración de lo posible, como laboratorio de sentidos, se convierte en un espacio privilegiado para interrogar el orden social, las jerarquías y las formas de legitimación del poder.

En términos geopolíticos, esta lectura adquiere una dimensión continental. La obra de Borges, traducida a decenas de idiomas y estudiada en universidades de todo el mundo, ha funcionado como una puerta de entrada a la cultura argentina y latinoamericana. Su cosmopolitismo, su erudición y su estilo inconfundible lo convirtieron en un embajador cultural de facto, cuyas opiniones políticas eran escuchadas con atención en Europa y Estados Unidos. Comprender su politicidad, por lo tanto, implica repensar la relación entre literatura y poder en la periferia global.

EL LEGADO DE UNA LECTURA INCÓMODA

Freibrun no pretende reconciliar a Borges con ninguna tradición política. Su objetivo es más ambicioso: mostrar que la obra borgeana contiene una reflexión política de alta densidad que no se deja reducir a etiquetas. Esa reflexión se articula a través de la ficción, del ensayo, de la poesía y de la entrevista, y constituye una intervención permanente en el debate público argentino y latinoamericano.

El libro también plantea un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha: animarse a leer a Borges sin anteojeras ideológicas, reconocer las zonas incómodas de su obra y aceptar que la política no siempre se dice de manera directa. En un contexto donde la polarización política vuelve a dominar la agenda pública, la figura de Borges sigue siendo un espejo incómodo donde las tradiciones políticas argentinas se ven obligadas a mirarse.

La conclusión de Freibrun es tan provocadora como su punto de partida: la verdad del peronismo, y por extensión de la política argentina, no se encuentra en los manuales de historia ni en los discursos oficiales, sino en la ficción. Allí donde la literatura se politiza y donde la política se vuelve texto literario, Borges aparece no como un ideólogo, sino como un explorador de las ambigüedades que constituyen el ser nacional. Leerlo en profundidad es aceptar que las preguntas sobre el poder, la libertad y la identidad nunca tienen respuestas definitivas, sino apenas aproximaciones sucesivas, siempre provisorias, siempre en disputa.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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