Cultura

Vestir mundos: cuándo las prendas dejan de ser producto para volverse patrimonio y archivo vivo del diseño argentino

En plena conmemoración de su 70 aniversario, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires se prepara para abrir una sala que interpela la frontera entre industria, artesanía y especulación estética. El próximo jueves 10 de septiembre a las 18 horas, con entrada libre y gratuita, queda inaugurada en el segundo piso del edificio de Avenida San Juan 350, en San Telmo, la muestra «Vestir mundos», una exposición creada a partir del archivo de la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), curada por Franco Chimento y Raúl Flores y enmarcada en el programa anual «Habitando el futuro» que la institución desarrolla durante todo 2026.

La exhibición reúne más de cuarenta prendas concebidas por quince autores argentinos, un espectro temporal que se extiende desde los creadores surgidos en los albores del nuevo milenio hasta aquellos que adquirieron notoriedad en el último lustro. La mayor parte del acervo procede de las tareas de investigación y preservación lideradas por Sebastián Rodríguez, asesor de indumentaria de la Fundación IDA, aunque la muestra también incorpora piezas prestadas especialmente para la ocasión y otras de reciente adquisición por parte del museo. El propósito declarado no es otro que indagar en cómo el acto de vestir —y, en una dimensión más comercial, la moda— imagina los futuros próximos a partir de decisiones técnicas, materiales y simbólicas concretas.

La curaduría organiza las piezas en torno a seis núcleos temáticos que interpelan tensiones ambientales, transformaciones tecnológicas y desigualdades sociales. Chimento y Flores subrayan que esos núcleos no operan como segmentos cerrados sino como nexos conceptuales que dialogan a lo largo de toda la superficie de la sala, habilitando recorridos transversales y lecturas comparadas entre generaciones de diseñadores.

El módulo «En el umbral» concentra las producciones de Trosmanchurba, la firma que entre 1997 y 2002 unió a Jessica Trosman y Martín Churba y que se erigió como punta de lanza de la vanguardia textil local, con exportaciones a Estados Unidos, Europa y Asia y pasos por la New York Fashion Week. El dúo innovó en técnicas de fusión, quemado y recomposición de plásticos y descartes industriales, junto al uso experimental de fibras, microfibras y estampados arrugados bautizados como «lechugas». La muestra también despliega las creaciones posteriores de Churba para Tramando, emprendimiento concebido como tienda, estudio, taller y laboratorio, donde extendió su exploración textil hacia soportes instalativos y acciones artísticas. De ese período sobresalen los guardapolvos desarrollados junto a la Cooperativa La Juanita, del Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza, para la colección «Pongamos el trabajo de moda para siempre» (2004), producción que resignificó el delantal de trabajo como emblema de la cultura laboral argentina y que se anticipa como uno de los emblemas de Vestir mundos.

El oficio se expresa también en el núcleo «Desarme», donde se exhibirán las icónicas piezas negras con hilvanes blancos a la vista diseñadas por Vicki Otero para la colección «Industria argentina» (verano 2017). Aquel desfile permanece indeleble en la memoria del público local: las modelos retiraron las máquinas de coser de una pasarela devenida en taller de costura, mientras una banda sonora de Fernando Ciraudo recreaba el sonido industrial de máquinas, radios AM y sirenas de cambio de turno. La puesta funcionó como metáfora del desmantelamiento productivo argentino y recupera vigencia en un contexto en el que el sector textil atraviesa una nueva etapa de contracción, con caída del consumo, pérdida de empleos y clausura de fábricas.

El saber hacer desacelerado constituye un eje de lectura complementario. Las prendas de Manto —proyecto fundado por Clara de la Torre y dirigido junto a Diana Dai Chee Chaug y Verónica Olavide— se inscriben en la preocupación por la transmisión de conocimientos y el sostenimiento de redes de hilanderas y tejedoras en el norte argentino, con comunidades ubicadas a más de 3.000 metros de altitud en localidades como San Isidro, La Quiaca y Abra Pampa. En el mismo núcleo se incorpora la obra de la salteña Roxana Liendro, formada en las artes plásticas y hija de un orfebre, que trasladó los recursos del trabajo en metales al campo de la indumentaria: su tapado «Noche Andina» pone en diálogo alpaca y cobre con textiles como el barracán y el aguayo.

Otra vertiente de la muestra, vinculada a la memoria afectiva como materia prima del diseño, recupera las piezas de la fueguina Juliana García Bello. Nacida y criada en Río Grande, la diseñadora construyó la colección «Dora Duba» (2017-2019) a partir de los textiles hogareños —manteles, cortinas y encomiendas— que su abuela le enviaba desde La Plata hacia Tierra del Fuego a lo largo de los años. La pieza GB 009, exhibida en la muestra, condensa una práctica de reciclaje y reaprovechamiento que la diseñadora elevó a metodología de trabajo.

Los alcances de la muestra no se agotan en la dimensión estética. En el recorrido conviven marcas y colectivos de distinta naturaleza: los hermanos Aguirre de Therapy, que operan sobre el reciclaje y la exorcización del desecho como recurso; Vero Ivaldi y Cora Groppo, que exploran materialidades poco convencionales; Milagros Pereda; Nous Étudions (Romina Cardillo); y el dúo 12NA, compuesto por Mercedes Martínez y Mariano Breccia, que investiga nuevos materiales, incluido el desarrollo de biomateriales a partir de hongos y bacterias.

La exposición profundiza así una alianza de largo aliento entre el Museo Moderno y Fundación IDA, institución dedicada a la preservación del patrimonio del diseño argentino, cuya estructura incluye un consejo asesor de conservación, concepto, gráfica, producto e indumentaria. Para el Moderno, Vestir mundos consolida un trabajo de catalogación conjunta orientado a constituir una memoria compartida del diseño local, precisamente en un momento en que la industria textil enfrenta su propia reconfiguración: la llegada de marcas internacionales de lujo, la expansión del ultra fast fashion y la simultánea reactivación de circuitos culturales gratuitos.

Con la indumentaria presentada como pieza de museo, la muestra ofrece una perspectiva a contrapelo del relato dominante: el vestir deja de leerse como consumo pasivo para entenderse como territorio donde se procesan duelos, se constituyen identidades y se ensayan respuestas concretas a las crisis. Vestir mundos podrá visitarse hasta el 1 de julio de 2027 en la Sala H del segundo piso del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita. Los hechos quedan, como las prendas que los narran, expuestos al juicio del visitante.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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