Hay una imagen que define a Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, 1955) mejor que cualquier currículum literario: su risa. Una sonrisa iluminadora, radiante, que aparece al final de cada reflexión como si quisiera restar peso a la gravedad que implica estar vivo. Esa risa volvió a desplegarse durante su último encuentro con la prensa en Madrid, una cita convocada para presentar ‘Historias de fantasmas’ (Seix Barral), el libro que comenzó a escribir apenas dos semanas después de la muerte de su esposo, Paul Auster, escritor, compañero, amigo y amante durante 43 años de vida conjunta, truncada por un diagnóstico oncológico que devino en fatalidad.
El relato que Hustvedt construye en estas páginas es precioso, triste y conmovedor a la vez. Describe el duelo, los últimos días del escritor, su valentía y una muerte que la autora califica como ‘buena’. Pero el texto va mucho más allá de la mera crónica de una pérdida. Es, en su estructura fragmentaria y deliberadamente híbrida, una carta de amor inmortal dirigida a quien conoció en Nueva York a principios de los ochenta, del que se enamoró y con quien compartió su evolución vital y literaria, soportando además el peso de quienes la reducían a la categoría de ‘la mujer de’, sin reconocer la dimensión autónoma de su propia obra.
El libro arranca con una declaración que fija el tono de toda la obra: ‘Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto’. Con esas dos frases, Hustvedt no solo anuncia el tema, sino que establece la tensión central que atraviesa todo el volumen: la coexistencia de la vida que continúa y la ausencia que no termina de asimilarse. La realización de que ‘no estaba preparada para que algo desapareciera de mi realidad perceptiva que estuvo allí todo el tiempo’ condensa la experiencia de una fractura cognitiva que la autora describe como ‘desmembramiento cognitivo’.
Escrito entre mayo de 2024 y marzo de 2025, en un lapso de once meses que la autora define como un impulso irrefrenable, ‘Historias de fantasmas’ se convierte en un documento vivo del duelo. La autora confiesa que no pudo regresar a la novela política que había dejado a medias porque ya no se sentía la misma escritora. ‘Esta era lo único que podía escribir. Era una especie de necesidad. El primer párrafo salió de mí’, explica. Este proceso creativo responde a una lógica que la propia Hustvedt fundamenta desde la neurociencia y la fenomenología, disciplinas que le han permitido explorar en su obra la relación entre cuerpo, memoria y percepción.
La entrevista mantenida en Madrid expone con claridad las dos preguntas centrales que atraviesan el libro. La primera remite a la relación con la muerte. Hustvedt confiesa que no quiere morir y que ha tenido miedo a lo largo de su vida, pero haber presenciado la muerte de Paul, y sobre todo la manera en que él se comportó sabiendo que moría, le ha producido una transformación interior. Aunque él le dijo que tenía miedo, quienes lo amaban no percibieron ese temor, y Hustvedt lo define como ‘un regalo’. Estar tan cerca de la muerte de alguien a quien se ama intensamente le ha hecho sentir ‘un poco menos de miedo’ ante el final, aunque reconoce que no sabrá con certeza hasta el momento en que le toque enfrentarla.
La segunda reflexión aborda el duelo en plural. Hustvedt señala que la mayoría de los libros sobre la pérdida que ha leído, incluso algunos considerados buenos, caen en una narrativa de supervivencia predecible centrada en el ‘yo, yo, yo’, en la que la persona fallecida casi siempre está ausente, olvidada, como si nunca hubiera estado en el libro. Su intención con ‘Historias de fantasmas’ fue otra: ‘Yo quería resucitar a Paul, llorar a una persona, hacer el luto por ella. Honestamente, sigo queriendo que vuelva, y este libro era volver a traer lo que pude’. Esta aproximación introduce una novedad conceptual en el tratamiento del duelo: la ‘y’ que unía a ‘Siri y Paul’ se convierte en objeto del luto, tanto como la propia persona fallecida.
La trayectoria de Hustvedt aporta contexto a esta sensibilidad. Nacida en una familia de origen noruego en Minnesota, estudió en el St. Olaf College y obtuvo su doctorado en la Universidad de Columbia. Su carrera literaria comenzó en 1992 con ‘Los ojos vendados’, una novela elogiada por la crítica, a la que siguieron ‘Todo cuanto amé’, ‘El verano sin hombres’ y ‘La mujer temblorosa’, entre otras obras que combinan ficción, ensayo y reflexiones sobre arte, feminismo y neurociencia. En 2019 fue reconocida con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, un galardón que su esposo, Paul Auster, había recibido una década antes, en 2006, con el entonces nombre de Premio Príncipe de Asturias.
Auster, fallecido el 30 de abril de 2024 a los 77 años en su casa de Brooklyn como consecuencia de un cáncer de pulmón, fue referente de la narrativa contemporánea por obras como ‘La trilogía de Nueva York’, ‘El libro de las ilusiones’ y ‘Brooklyn Follies’. El diagnóstico se conoció en septiembre de 2022 y fue anunciado públicamente por la propia Hustvedt en marzo de 2023. El escritor continuó trabajando hasta el final, publicando en 2023 ‘Baumgartner’, una novela sobre el amor, deseo, pérdida y memoria que hoy se lee como un testamento anticipado.
Las implicancias de ‘Historias de fantasmas’ trascienden la crónica sentimental. El libro se inscribe en una conversación más amplia sobre la naturaleza del duelo contemporáneo, la representación literaria de la pérdida y los procesos psicológicos de reconstrucción de la identidad tras la muerte de un ser querido. Hustvedt, desde su enfoque interdisciplinario, propone que el duelo no es un estado homogéneo sino una experiencia que atraviesa el cuerpo, la memoria y la percepción, y que encuentra en la escritura un vehículo para su elaboración. La autora ha anunciado además que retomará la novela política que abandonó, consciente de que el texto resultante será necesariamente distinto al que habría escrito antes de la pérdida.
La conclusión que emerge de estas páginas y de las palabras de la autora es la de una sobreviviente que ha aprendido a habitar la ausencia sin renunciar a la memoria. ‘Me las he arreglado para no morir, ahora siento que hay un futuro’, declara. Esa afirmación, cargada de una honestidad que no elude el dolor pero tampoco se instala en él, sintetiza la experiencia que ‘Historias de fantasmas’ transmite con precisión clínica y sensibilidad literaria: el duelo como proceso de reinvención, donde la vida continúa no a pesar de la falta, sino junto a ella, sostenida por la ‘y’ que convirtió a dos escritores en una historia compartida que este libro se propone, contra toda lógica de cierre definitivo, mantener viva.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
