Cultura

Luis Chitarroni: la cartografía afectiva de un editor irrepetible reunida en un homenaje colectivo

¿Cómo se despide a un amigo? ¿Cómo se ensaya un adiós cuando quien se va es, además, un escritor, un editor, un lector erudito, un apasionado bibliófilo? La respuesta que proponen treinta voces del campo literario argentino es tan contundente como previsible para quienes conocieron al homenajeado: ese adiós debe tomar la forma de un libro.

La idea surgió de Natalia Meta, una de las cofundadoras de La Bestia Equilátera, al cumplirse un año de la muerte de Luis Chitarroni, acaecida el 17 de mayo de 2023 en el sanatorio La Trinidad de Buenos Aires, a los 64 años. La propuesta encontró su punto de partida en una mesa organizada en su memoria durante la Feria del Libro y prosperó hasta convertirse en la publicación que ahora presenta el mismo sello que el escritor dirigió durante dieciocho años.

El volumen, titulado ‘Luis Chitarroni. Por sus amigos’, es coordinado y prologado por Claudia Melnik, quien definió el espíritu de la obra con una formulación que condensa su ambición: no se trata de obituarios ni de trabajos críticos, sino de recordar a Luis en su ‘excéntrica suntuosidad’. Una elección que, según la propia editora, prefiere no ‘colocar lámparas de agua como en China para alumbrarle el camino en las tinieblas’, sino dejar que la palabra de quienes lo conocieron ilumine el recuerdo desde la cercanía.

El resultado es un mosaico coral que reúne testimonios de escritores, periodistas, editores y críticos con los que Chitarroni ejercitó dos de sus dones más celebrados: los de la palabra y los de la amistad. De Luis Gusmán a Edgardo Cozarinsky, de Sergio Bizzio, Daniel Guebel y Alan Pauls a Laura Ramos y Juan J. Becerra, de Ariel Schettini e Hinde Pomeraniec a Gustavo Ferreyra y María Sonia Cristoff, cada testimonio aporta anécdotas, recuerdos, correos electrónicos recuperados y epifanías que, sumados, construyen algo así como ‘las variaciones del recuerdo’ sobre el amigo, el colega, el maestro y, en más de una ocasión, la figura paterna que muchos reconocieron en él.

Aunque cada texto puede leerse de manera autónoma, el efecto del conjunto es otro: en sus repeticiones, subrayados y anecdotarios convergentes se termina armando una suerte de cartografía o memoria afectiva que opera como un duelo colectivo, un dispositivo ritual que conjura la ausencia a través de la palabra compartida.

Chitarroni fue una rara avis del panorama editorial argentino. Nacido en Buenos Aires el 15 de diciembre de 1958, inició su carrera como colaborador y redactor de críticas literarias hacia fines de los años ochenta en la revista Babel, donde escribió columnas. Gracias al vínculo con Enrique Pezzoni, se incorporó a la editorial Sudamericana, donde publicó a autores fundamentales de la posdictadura como César Aira, Ricardo Piglia, Rodolfo Fogwill, Daniel Guebel y María Negroni, entre otros. En 2006, junto a Natalia Meta y Diego D’Onofrio, fundó La Bestia Equilátera, el sello independiente que se convertiría en uno de los referentes del auge editorial independiente de las últimas dos décadas en la Argentina. Desde 2021 y hasta su muerte integró la Academia Argentina de Letras.

Su propia obra narrativa incluye las novelas ‘El carapálida’ (1997) y ‘Peripecias del no. Diario de una novela inconclusa’ (2007), así como el libro de cuentos ‘La noche politeísta’ (2019). En el terreno del ensayo publicó ‘Siluetas’, ‘Breve historia argentina de la literatura latinoamericana (a partir de Borges)’ y ‘Pasado mañana’, y preparó las antologías ‘Los escritores de los escritores’, ‘La muerte de los filósofos en manos de los escritores’ y ‘La carta perdida’.

El nuevo volumen ecolaliza la estrategia editorial que la propia casa utilizó en 2012 con la publicación de ‘Informes de lectura y Cartas a Montale’, que reunía textos del crítico triestino Roberto ‘Bobi’ Bazlen, quien, según la contratapa probablemente escrita por el propio Chitarroni, ‘por su pereza inigualable’ no había publicado ningún libro en vida. Tras su muerte, su figura y sus textos fueron curados en una edición a cargo de su amigo Roberto Calasso, que incluía los célebres informes de lectura y un género que Chitarroni cultivaría con particular ahínco: el epistolar. María Negroni recuerda que el propio Chitarroni le confesó que en aquel libro de Bazlen estaba el germen de sus ‘Siluetas’.

Con el mismo espíritu celebratorio y evocativo, La Bestia Equilátera publica ahora este homenaje de 176 páginas, un libro ‘rara avis’ para despedir al amigo, al escritor, al lector y al editor. Los testimonios ofrecen claves para comprender la complejidad de su figura. Luis Gusmán arriesga una hipótesis oxímica: alguien tan visible como Luis, sin embargo, reservaba una invisibilidad impenetrable. Alan Pauls, por su parte, elogia su histrionismo recordando que la barba y los anteojos eran, a su modo, una forma de esconderse detrás de la máscara de la presencia escénica. Y el propio Gusmán especula con que Chitarroni, en el fondo, ‘se había esfumado y era un fantasma que aspiraba a esa acumulación de vida que hay en los libros’.

El legado del editor trasciende el homenaje: en 2024, La Bestia Equilátera instituyó el Premio de Novela Luis Chitarroni para textos inéditos en español, y ese mismo año la Fundación Konex le otorgó el Konex de Honor a la personalidad de sobresaliente relieve de las letras argentinas fallecida en la última década. Este volumen se suma a ese reconocimiento póstumo, no como un monumento académico sino como un mapa sentimental trazado por quienes lo conocieron en el ejercicio más cotidiano y más elevado de la literatura: la amistad ejercida a través de la lectura, la edición y la conversación.

La publicación de ‘Luis Chitarroni. Por sus amigos’ confirma que el impacto de su figura no se agota en su obra propia, sino que se multiplica en la constelación de autores que publicó, en los criterios editoriales que instaló y en la cartografía afectiva que ahora, treinta voces se encargan de fijar para las generaciones futuras. Un homenaje que, en su gesto más profundo, devuelve a la letra impresa la función ritual de convertir el duelo privado en memoria compartida.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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