Cultura

Montevideo 1938: el verano en que Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou sellaron un mito de la poesía latinoamericana

El 27 de enero de 1938 quedó grabado en la historia de la literatura latinoamericana como una fecha singular: las tres poetas más importantes del continente, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, coincidieron en Montevideo en un acontecimiento convocado por el Ministerio de Educación uruguayo. La cita, que la historia oficial ha presentado como una cumbre institucional, esconde en realidad un entramado de afinidades, afectos y tensiones que apenas ahora comienza a ser examinado con rigor. Quien ha emprendido esa tarea es la escritora y periodista Gabriela Borrelli Azara, autora del ensayo Montevideo 1938. El verano interminable, publicado por La Libre.

El punto de partida de la investigación fue una obsesión personal: la búsqueda de la voz de Alfonsina Storni en archivos sonoros antiguos. Borrelli sabía, por testimonios conservados, que la poeta llenaba teatros y ofrecía conciertos de poemas en el hotel Provincial de Mar del Plata. En el curso de ese rastreo, la investigadora dio con el audio de una conferencia en la que Storni leía uno de sus poemas y agradecía expresamente a «Gabriela y Juana». Esa frase, breve y despojada, funcionó como la primera pista de un acontecimiento que el tiempo había transformado en mito apenas recordado.

La reconstrucción que propone Borrelli no se limita a la crónica de un día. El ensayo se despliega como un registro detectivesco de una pasión lectora que se niega a aceptar una única versión de los hechos. ¿Quién convocó a las tres poetas? ¿Cómo se llevaban entre ellas? ¿Qué las unía y qué las distanciaba? ¿Quién estuvo presente y qué se dijo exactamente? Para responder a estas preguntas, la autora indaga en un corpus documental que incluye cartas, colaboraciones en prensa, invitaciones y saludos cruzados a lo largo de las dos décadas anteriores al encuentro. Esos registros mínimos pero certeros —la correspondencia, los artículos, las dedicatorias— revelan una red de complicidades tejida mucho antes del verano de 1938.

El contexto histórico resulta decisivo para comprender la magnitud de aquella coincidencia. A lo largo de 1938, las mujeres uruguayas acudieron por primera vez a las urnas; Alfonsina Storni falleció en octubre de ese mismo año, arrojándose a las aguas de Mar del Plata desde la escollera del Club Argentino de Mujeres, y Gabriela Mistral publicó Tala, su poemario más celebrado. Los tres hechos, aparentemente inconexos, se inscriben en un año bisagra para la poesía y la condición femenina en América Latina. Ese enero inolvidable en Montevideo funcionó como un punto de condensación que la autora reconstruye a partir de las pequeñas escenas que la historia suele omitir: conferencias preparadas entre maletas, perlas de marfil rodando por el piso, la intimidad de tres mujeres en la cima de sus carreras.

El análisis de Borrelli se concentra, sin embargo, en las distintas estrategias que cada poeta desplegó para insertarse en un mundo literario que relegaba a las mujeres a los márgenes. Gabriela Mistral entendió desde muy temprano que la cultura y la política eran inseparables: escribía poesía, daba clases y ofrecía conferencias asumiendo cada una de esas prácticas como parte de un mismo proyecto. Su consagración, forjada en el magisterio y el servicio diplomático, tuvo un punto de inflexión en México y culminó en 1945 con el Premio Nobel de Literatura, el primero otorgado a una escritora latinoamericana.

Alfonsina Storni presentó un perfil distinto. Nacida en Suiza en 1892 y radicada en Argentina desde niña, desarrolló una vocación de popularidad que la llevó a ser la única mujer poeta en un grupo dominado por varones como Baldomero Fernández Moreno y Horacio Quiroga. Su relación con Quiroga, una de las figuras más influyentes del ambiente literario rioplatense, nunca derivó en matrimonio, lo que le permitió conservar una libertad inusual para su época. Publicó su primer libro de poemas en 1916 y, como consecuencia, perdió su trabajo en una escuela, un episodio que evidencia la hostilidad del entorno para con las mujeres que osaban tomar la palabra escrita. Su escritura, enmarcada en el modernismo y atravesada por una mirada feminista que trascendió las fronteras nacionales, evolucionó con Ocre en 1925 hacia una lírica intimista de fuerte impronta vanguardista.

De las tres, Juana de Ibarbourou fue quizá la que trabajó con mayor deliberación su consagración como poeta nacional. En 1929, apenas unos años después de haber sido invitada por Gabriela Mistral a visitarla en México, recibió el título de Juana de América en Montevideo, en una ceremonia que selló simbólicamente su matrimonio con el continente entero. Esa unción institucional, celebrada en el palacio de las leyes uruguayo, la colocó en una posición singular dentro de las letras del Río de la Plata.

La convergencia de los tres itinerarios en Montevideo en enero de 1938 reviste así una densidad que la crónica institucional ha tendido a aplanar. El encuentro, aunque formalmente organizado por el Estado uruguayo, fue en la práctica una reunión prácticamente improvisada, un acontecimiento tan histórico después como fortuito al momento de gestarse. Las tres mujeres que aquel verano coincidieron en la capital uruguaya representaban no solo tres vertientes estéticas —el modernismo de Storni, el lirismo americanista de Mistral, la sensualidad interiorista de Ibarbourou— sino también tres modelos posibles de inserción para la mujer poeta: la política, la popularidad y la consagración institucional.

El ensayo de Borrelli no se conforma con reconstruir los hechos. Se acerca, más bien, al núcleo de la poética de las tres mujeres a través de sus cartas y de los gestos mínimos que la correspondencia conserva. «A la poesía como acontecimiento no se la busca en forma directa sino que se camina constante e insistentemente hacia ella siempre buscándola sin precisiones sobre dónde encontrarla», escribe la autora en las primeras páginas del libro. «Así como surge el poema surgió también el encuentro que me sigue pareciendo maravilloso». Esa convicción metodológica —la idea de que la poesía y el acontecimiento se alcanzan por aproximación, no por asalto frontal— atraviesa todo el volumen y define su tono, a medio camino entre la investigación minuciosa y la narración sensible.

Las implicancias de aquel verano se proyectaron más allá de 1938. El encuentro consolidó un circuito de legitimación mutua que las tres poetas se dispensaron a lo largo de toda su trayectoria, y en ese sentido la cita de Montevideo corona una serie de intercambios que venían de décadas atrás. La muerte de Storni, ocurrida apenas nueve meses después, otorgó a la reunión un carácter definitivo: fue el último acto público de una poeta que consideraba el suicidio una elección concedida por el libre albedrío, tal como había expresado en un poema dedicado a Horacio Quiroga, quien también había optado por esa salida. La zamba Alfonsina y el mar, compuesta posteriormente, popularizó una versión romántica de su suicidio que convive con los registros más sobrios de la historia.

Montevideo 1938. El verano interminable se inscribe así en una línea de trabajo que reexamina la historiografía literaria desde una perspectiva atenta a las condiciones materiales de producción cultural. Al recuperar las cartas, los sonidos y los gestos que la cronología oficial había omitido, Gabriela Borrelli Azara devuelve a las tres poetas su densidad humana y documenta, con precisión, uno de los pocos instantes en que las voces femeninas más potentes del continente ocuparon juntas el centro de la escena pública. Lo que aquel 27 de enero de 1938 ocurrió en Montevideo no fue únicamente una serie de conferencias institucionales: fue la materialización de un tejido de afinidades que convirtió a tres mujeres en las Trois Gloires —las Tres Glorias de América— y dejó en la memoria literaria del continente una estrella que aún titila.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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