En el barrio porteño de Colegiales, un edificio de viviendas colectivas desafía las tipologías convencionales. Se trata de Conde 1113, una obra proyectada por los arquitectos Leonardo Rietti, Daniel Zelcer y Liliana Schraier, que se levanta sobre un lote de geometría singular: un trapecio longitudinal de apenas 8 metros de ancho en el frente y 4 metros en el fondo, con una extensión de 50 metros. Esta condición, poco habitual en la ciudad, se convirtió en el punto de partida para una propuesta que prioriza los espacios compartidos y la conexión con la naturaleza.
El corazón del proyecto es un amplio patio central que organiza la totalidad de la obra. Este vacío separa dos bloques construidos sobre una planta baja libre, otorga cuatro fachadas de calidad similar y garantiza iluminación y ventilación natural a todos los ambientes. «El patio se convierte en núcleo articulador entre lo público y lo privado, proponiendo un espacio comunitario que desdibuja los límites convencionales de muros, puertas y ventanas», explicaron los arquitectos. El objetivo es reforzar la idea de vecindad y fomentar la interacción cotidiana.
Los accesos a las viviendas se resuelven mediante pequeños patios intermedios entre la circulación común y las unidades. Estos espacios aportan privacidad y transforman la experiencia cotidiana. La materialidad del edificio responde a una síntesis de elementos nobles y austeros: hormigón visto y hierro como estructura esencial, cielorrasos expuestos, pisos de madera natural y superficies de hormigón alisado para las terminaciones interiores. La vegetación incorporada en las fachadas y terrazas completa la paleta material y aporta un contrapunto sensorial. Las mallas electrosoldadas que delimitan las fachadas sostienen la vegetación y generan una segunda piel vegetal, que evoca la experiencia de habitar una casa.
Cada unidad fue diseñada conjuntamente con sus futuros habitantes, definiendo programas, terminaciones y mobiliario fijo. A pesar de la diversidad programática, todas comparten una condición espacial común: salas de estar apaisadas que se expanden hacia terrazas de 2 metros de ancho. Estas terrazas, junto con los patios intermedios, crean una transición gradual entre el espacio colectivo y el privado. La fachada hacia la calle se recompone con una malla de acero inoxidable que asegura privacidad y seguridad a las plantas inferiores, al mismo tiempo que articula la relación con el espacio urbano.
El proyecto ha tenido un fuerte impacto en el ámbito arquitectónico local. La obra obtuvo un reconocimiento en la 19° Bienal SCA + CPAU en la categoría Vivienda, distinción que subraya su propuesta innovadora. Desde la Sociedad Central de Arquitectos destacaron que el edificio «representa un giro hacia una arquitectura más integrada al tejido social, donde el espacio común no es un residuo sino el eje del diseño».
Esta propuesta se inscribe en un contexto de búsqueda de alternativas a la vivienda colectiva tradicional en Buenos Aires. En los últimos años, diversos estudios de arquitectura han explorado modelos que privilegian la comunidad y la sostenibilidad, como el de las «viviendas colaborativas» o «cohousing». Sin embargo, el caso de Colegiales se distingue por resolver estas aspiraciones en un lote de dimensiones extremas, demostrando que la geometría no es un límite sino una oportunidad.
Las implicancias del proyecto van más allá de lo estético. La decisión de incorporar vegetación en las fachadas no solo mejora el aislamiento térmico y acústico, sino que también contribuye a mitigar el efecto de isla de calor urbana, un problema creciente en la Ciudad de Buenos Aires. Según datos del Gobierno de la Ciudad, las áreas con mayor densidad edilicia registran temperaturas hasta 4°C más altas que las zonas verdes, lo que hace de esta estrategia un aporte tangible a la calidad de vida.
Conde 1113 se presenta como un manifiesto construido: la vivienda colectiva puede equilibrar intimidad y comunidad, austeridad y riqueza atmosférica, privacidad y cotidianeidad compartida. En un Buenos Aires donde el espacio es cada vez más caro y la vida urbana más fragmentada, este patio lleno de plantas se erige como una respuesta arquitectónica que invita a repensar cómo habitamos la ciudad.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
