En la ciudad de Shenzhen, epicentro tecnológico y financiero del sur de China, la empresa TP-Link, líder mundial en dispositivos de redes inalámbricas desde su fundación en 1996, inauguró su nueva sede corporativa: TP-Link LXD. El proyecto, diseñado por el estudio neoyorquino Kohn Pedersen Fox (KPF), se distingue por una estructura de tres torres unidas por una ‘cinta’ paisajística de más de un kilómetro de longitud que integra escaleras, terrazas, jardines y áreas recreativas a gran altura. La obra, que responde a una tendencia global de arquitectura corporativa sustentable, busca maximizar el espacio abierto en un entorno urbano extremadamente denso.
El complejo, que alberga 124.600 metros cuadrados de viviendas, oficinas y espacios de investigación y desarrollo, se levanta sobre un terreno compacto en el distrito de Nanshan, una zona que ha experimentado un crecimiento inmobiliario explosivo desde la década de 2010. Según datos del gobierno municipal de Shenzhen, la densidad poblacional en áreas centrales supera los 20.000 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que ha llevado a que los espacios verdes públicos sean escasos. En ese contexto, KPF propuso una solución que integra la naturaleza en altura: la ‘cinta’ no solo conecta las torres, sino que funciona como un parque elevado accesible desde todos los niveles.
Marianne Kwok, directora de KPF, explicó en la presentación del proyecto que ‘en un entorno urbano denso donde el espacio abierto suele desaparecer, el complejo lo recupera creando un espacio elevado continuo’. La arquitecta detalló que el recorrido del usuario se desarrolla como una progresión de espacios que se expanden y contraen, alternando entre actividad y tranquilidad, interacción social y soledad. La cinta se ensancha para albergar terrazas para reuniones, comedores y zonas de recreo —incluyendo canchas de básquet— para luego estrecharse en tramos de ascenso y pausa que enmarcan vistas del paisaje urbano de Shenzhen.
Desde el punto de vista estructural, el desafío de sostener una cinta de más de un kilómetro que envuelve tres torres fue resuelto en colaboración con la firma de ingeniería Arup. Las terrazas se apoyan en núcleos de hormigón desplazados en cada torre, lo que permitió distribuir las cargas de manera eficiente. Los tres volúmenes del complejo —dos torres de oficinas y una torre residencial más pequeña— están revestidos con una combinación de carpinterías de cristal y paneles metálicos perforados. Una franja de revestimiento de piedra texturizada sigue el curso de la cinta al pasar por los laterales de las torres, y el solado también se terminó con pavimento de piedra para crear continuidad visual con la planta baja.
El proyecto se inscribe en una política más amplia del gobierno chino de fomentar la ‘arquitectura ecológica’ y la ‘ciudad esponja’, conceptos que buscan mitigar los efectos del cambio climático mediante la integración de vegetación nativa y sistemas de captura de carbono en edificios de gran escala. Según un informe de 2025 del Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano-Rural de China, el país asiático cuenta con más de 2.000 proyectos de edificios verdes certificados, y Shenzhen es una de las ciudades líderes en la adopción de estos estándares. La ‘cinta’ de TP-Link LXD, con su densa vegetación nativa y espacios públicos a gran altura, se alinea con esa meta al promover el bienestar y reducir la huella de carbono.
El impacto del proyecto trasciende lo puramente arquitectónico. En un contexto donde las grandes corporaciones tecnológicas chinas como Huawei, Tencent y ZTE han optado por sedes monumentales que reflejan su poderío económico, TP-Link LXD apuesta por la integración horizontal y la conectividad peatonal como símbolo de su modelo de negocio. La empresa, que controla aproximadamente el 40% del mercado global de routers y equipos de redes, según datos de IDC de 2025, buscó con esta sede un espacio que fomente la interacción entre sus empleados y la innovación colaborativa. El recorrido exterior —diseñado para promover encuentros espontáneos entre los diferentes niveles y torres— incluye áreas de descanso, jardines y espacios dedicados a reuniones y actividades recreativas.
En cuanto a las comparaciones internacionales, el proyecto de KPF se asemeja a otras intervenciones urbanas de gran escala como el ‘High Line’ de Nueva York o el ‘Bosco Verticale’ de Milán, pero con una diferencia clave: mientras que aquellos son espacios públicos lineales o torres residenciales, TP-Link LXD integra la cinta vegetal directamente en la estructura de un complejo corporativo. Esto representa una evolución en la tipología de ‘edificio parque’, que combina alta densidad con accesibilidad a la naturaleza. En Argentina, proyectos como el ‘Distrito Tecnológico’ en Parque Patricios o el ‘Paseo del Bajo’ en Buenos Aires han intentado replicar este concepto, aunque a una escala mucho menor y sin alcanzar la integración vertical que propone el edificio chino.
La conclusión que surge del análisis de TP-Link LXD es que representa un hito en la arquitectura sustentable corporativa, pero también una respuesta pragmática a las condiciones de densidad y presión inmobiliaria de Shenzhen. La ‘cinta’ de más de un kilómetro no es solo un elemento estético o funcional, sino una solución técnica que permite recuperar espacio público en altura, capturar carbono y fomentar la interacción humana en un entorno urbano extremo. Sin embargo, su éxito dependerá de la capacidad de los usuarios de apropiarse de esos espacios y de que el mantenimiento de la vegetación a gran altura sea sostenible en el tiempo. En un mercado donde el precio del metro cuadrado en Shenzhen supera los 10.000 dólares, según el índice de precios de Savills de 2025, proyectos como este demuestran que la sustentabilidad y la rentabilidad pueden converger, siempre que el diseño priorice la experiencia humana por sobre la mera eficiencia constructiva.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
