Arquitectura

Solano Benítez y el Centro Pompidou Paraná: un museo que respira historia y naturaleza

En septiembre de 2026, el arquitecto paraguayo Solano Benítez confirmó su designación como responsable del proyecto del Centro Pompidou Paraná, una sede del prestigioso museo francés que se construirá en Foz de Iguazú, Brasil. La noticia, adelantada por Clarín, pone fin a un proceso de selección que se extendió por años y que involucró a treinta invitados iniciales, reducidos sucesivamente a quince, luego a cinco y finalmente a un único elegido. Lejos de un concurso tradicional, la elección de Benítez se dio en paralelo con las negociaciones entre el Pompidou y la Secretaría de Cultura del Estado de Paraná, acuerdo que se firmó en 2025. El proyecto, de 34.000 metros cuadrados, se emplazará en un terreno estratégico entre el aeropuerto de Foz de Iguazú y las Cataratas del Iguazú, en el límite de una reserva forestal.

Para comprender la magnitud de esta iniciativa, es necesario remontarse a la expansión internacional del Centro Pompidou. Inaugurado en París en 1977, el Pompidou revolucionó el concepto de museo al integrar arte moderno, biblioteca y centro de investigación en un edificio icónico de Renzo Piano y Richard Rogers. Su modelo de descentralización comenzó en 2010 con la apertura de una sede en Metz, Francia, y continuó con proyectos en Málaga (2015), Bruselas (2018) y Shanghái (2019). La elección de Foz de Iguazú para una nueva sede en América Latina responde a una estrategia de internacionalización que busca ampliar su audiencia más allá de Europa. La región de la triple frontera, que ya recibe seis millones de visitantes anuales atraídos por las Cataratas, ofrece un flujo turístico constante y una posición geopolítica clave.

El anuncio de Benítez no es casual. El arquitecto, nacido en Asunción en 1963, es una figura central de la arquitectura contemporánea latinoamericana. Graduado de la Universidad Nacional de Asunción, fundó junto a Gloria Cabral el estudio Gabinete de Arquitectura, reconocido por su uso innovador de materiales locales, como el ladrillo y la madera, y por proyectos de vivienda social y espacios públicos en Paraguay. En 2016, obtuvo el León de Oro en la Bienal de Venecia por su propuesta de techo de ladrillo en la exposición «Reporting from the Front». Su obra se caracteriza por una búsqueda de la identidad territorial y la sostenibilidad, aspectos que ahora aplicará al Pompidou Paraná.

El proyecto se distingue por su integración con el entorno natural. Benítez describe el sitio como un lugar «en el límite de una reserva forestal brutal» y aprovecha un área previamente deforestada que está siendo reclamada por la vegetación. La inspiración en las reducciones jesuíticas y en el universo de Piranesi sugiere una arquitectura que dialoga con la historia colonial y con lo sublime. El museo contará con una sala hipóstila donde los árboles actuarán como columnas, un acceso en cada extremo y una gran plaza central. Además, se incorpora el concepto de petricor, el aroma a tierra mojada tras la lluvia, mediante una batea que estimulará la memoria sensorial de los visitantes. Esta aproximación multisensorial es coherente con la trayectoria de Benítez, quien ha explorado cómo la arquitectura puede activar todos los sentidos.

La distribución del espacio refleja una cuidadosa planificación. De los 34.000 metros cuadrados totales, entre 20.000 y 24.000 están destinados a funciones museísticas, mientras que el resto son áreas exteriores y de transición. El nivel inferior albergará la recepción, un auditorio, servicios, depósitos y una plaza techada que conecta con los jardines. El nivel superior, según los planos preliminares, contendrá las salas de exhibición principal, que podrán adaptarse a diferentes muestras. Aunque no se han revelado plazos exactos, se estima que la construcción comenzará en 2027 y finalizará en 2029, con una inversión inicial estimada en 50 millones de dólares, financiados en parte por el gobierno de Paraná y patrocinadores privados.

El impacto económico y social en la región será significativo. Foz de Iguazú, con una población de aproximadamente 260.000 habitantes, depende en gran medida del turismo. La llegada del Pompidou no solo atraerá a un público adicional, sino que también generará empleos directos e indirectos, dinamizará el sector hotelero y gastronómico, y posicionará a la ciudad como un polo cultural en Sudamérica. Según datos de la Secretaría de Turismo de Paraná, se espera un aumento del 15% en la visita de turistas culturales, que suelen tener estadías más largas y mayor poder adquisitivo. Sin embargo, también plantea desafíos: la presión sobre la infraestructura urbana, el riesgo de gentrificación en áreas cercanas y la necesidad de preservar el frágil ecosistema de la selva subtropical.

La elección de un arquitecto paraguayo para un proyecto en Brasil tiene connotaciones geopolíticas. Históricamente, la relación entre ambos países ha estado marcada por la cooperación en infraestructura, como la represa de Itaipú, y por tensiones comerciales. Este proyecto simboliza una integración cultural en la triple frontera, que involucra también a Argentina. La región ya cuenta con el Parque Nacional del Iguazú, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y el Museo de las Tres Fronteras en Argentina. La llegada del Pompidou refuerza la identidad cultural compartida y podría fomentar iniciativas similares en el futuro.

Comparado con otras sedes del Pompidou, el proyecto de Benítez se distingue por su énfasis en la naturaleza y la memoria sensorial. Mientras que la sede de Metz se centró en un diseño minimalista de Shigeru Ban y Jean de Gastines, y la de Málaga en la rehabilitación de un edificio existente, la de Foz de Iguazú apuesta por una fusión con el paisaje. Esto responde a una tendencia global en arquitectura museística: la integración con el entorno como forma de atraer visitantes y generar experiencias únicas. Ejemplos como el Museo de Arte de São Paulo (MASP) de Lina Bo Bardi o el Museo del Mañana en Río de Janeiro ya exploraron esta dirección en Brasil.

En conclusión, el Centro Pompidou Paraná, con Solano Benítez a la cabeza, representa un hito en la arquitectura cultural de América Latina. No solo amplía la presencia de una institución europea en la región, sino que lo hace desde una perspectiva que valora el patrimonio local, la sostenibilidad y la experiencia sensorial. El proyecto se enmarca en un proceso de internacionalización de los museos que busca conectar con nuevas audiencias en un mundo globalizado. Su éxito dependerá de la capacidad de gestionar los desafíos ambientales y sociales, pero también de mantener la visión innovadora que caracteriza a su arquitecto. La historia de la arquitectura en la triple frontera está a punto de escribir un nuevo capítulo, y todo indica que será uno memorable.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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