En septiembre de 2026, el arquitecto paraguayo Solano Benítez confirmó su designación como responsable del proyecto del Centro Pompidou Paraná, que se construirá en Foz de Iguazú, Brasil. La noticia, difundida por Clarín, pone de relieve un proceso de selección atípico y un enfoque arquitectónico que busca disolver los límites entre el museo y el entorno natural. Benítez, conocido por su obra con el estudio Gabinete de Arquitectura y por su enfoque en materiales locales y sostenibilidad, detalló que fue elegido tras un proceso que comenzó con una lista de 30 invitados, se redujo a 15 y luego a 5 finalistas. “No fue un concurso habitual”, declaró. La selección se dio en paralelo con el acuerdo entre el Pompidou y la Secretaría de Cultura del Estado de Paraná, firmado en 2025.
El proyecto se emplazará en un terreno estratégico: saliendo del aeropuerto, a mitad de camino entre Foz de Iguazú y las Cataratas del Iguazú, en el límite de una reserva forestal. La ubicación, según Benítez, fue lo primero que lo entusiasmó: “En el límite de una reserva forestal brutal con una inmensa fábrica de arcoíris funcionando ahí cerca, una de las maravillas del mundo. En la segunda ciudad turística de Brasil que recibe 6 millones de visitantes por año”. El arquitecto busca aprovechar un área previamente deforestada pero en proceso de reforestación natural, estableciendo una alegoría con las reducciones jesuíticas y el universo de Piranesi. La entrada al museo implicará atravesar el bosque, reforzando la transición entre el entorno urbano y la selva.
El diseño propone una intervención mínima y una fuerte conexión sensorial. Benítez describe una sala hipóstila donde los árboles funcionarán como columnas, con accesos en cada extremo y una gran plaza central. Destaca la incorporación del petricor, el aroma a tierra mojada tras la lluvia, como elemento central: “En el interior hay una gran batea dedicada a producir este aroma que funciona como una herramienta para definir la territorialidad y estimular la memoria sensorial de los visitantes”. Así, el museo se experimentará con todos los sentidos: aroma, visuales, viento y sonidos del bosque.
El programa arquitectónico abarca 34.000 m², de los cuales entre 20.000 y 24.000 m² serán espacios funcionales, y el resto áreas exteriores y de transición. En el nivel inferior se ubicarán recepción, auditorio, servicios, depósitos y la plaza central techada que conecta con los jardines. El nivel superior albergará las salas de exhibición, talleres y espacios educativos. Benítez enfatiza que la estructura será abierta, permitiendo el diálogo constante con el exterior.
El contexto histórico de este proyecto se remonta a la expansión internacional del Centro Pompidou, que ya tiene sedes en París, Metz, Málaga, Bruselas y Shanghái. La elección de Foz de Iguazú responde a una estrategia de descentralización cultural y a la importancia turística de la región, que recibe millones de visitantes anuales atraídos por las Cataratas. Además, se enmarca en un acuerdo de cooperación cultural entre Francia y el estado de Paraná, que busca impulsar el desarrollo económico y turístico de la zona.
La designación de Solano Benítez representa un reconocimiento a la arquitectura latinoamericana contemporánea, caracterizada por la innovación con recursos limitados y la sensibilidad ambiental. Benítez ha sido galardonado con el León de Oro en la Bienal de Venecia 2016 y ha desarrollado una carrera centrada en proyectos sociales y sustentables. Su selección para el Pompidou Paraná refuerza la tendencia de los grandes museos a expandirse hacia el sur global, buscando nuevos públicos y narrativas.
Las implicancias del proyecto son múltiples. En el plano económico, se espera un aumento del turismo cultural en la región, con la consecuente creación de empleos y dinamización de la economía local. La integración con la reserva forestal plantea desafíos ambientales, pero también oportunidades para un desarrollo turístico sostenible. En el ámbito social, el museo busca convertirse en un espacio de encuentro para la comunidad, con programas educativos y actividades culturales. La apuesta por un arquitecto paraguayo en territorio brasileño subraya la cooperación regional y la identidad compartida de la triple frontera.
Sin embargo, el proyecto también enfrenta críticas. Algunos sectores cuestionan el impacto de una gran infraestructura en un ecosistema frágil y señalan la necesidad de garantizar la preservación de la selva. Benítez responde que la intervención es mínima y que el diseño se adapta al entorno existente, utilizando técnicas de bajo impacto. Asimismo, la financiación del museo, que combinará fondos públicos y privados, ha generado debate sobre las prioridades presupuestarias en un contexto de necesidades sociales urgentes.
La construcción del Centro Pompidou Paraná se extenderá por varios años, con una fecha de apertura estimada para 2029. Mientras tanto, el equipo de Benítez trabaja en los planos ejecutivos y en la obtención de permisos ambientales. El arquitecto se muestra optimista: “Es un proyecto que apela a todos los sentidos y que busca reconectar a las personas con la naturaleza”. La iniciativa se suma a otros proyectos culturales en la región, como el Museo de la Triple Frontera y el Parque Nacional do Iguaçu, consolidando a Foz de Iguazú como un polo cultural y turístico de relevancia internacional.
En conclusión, el Centro Pompidou Paraná representa una apuesta audaz por parte de las autoridades brasileñas y francesas, y un desafío profesional para Solano Benítez. La integración de arquitectura, naturaleza y memoria sensorial propone una nueva forma de experimentar el arte y el territorio. El éxito del proyecto dependerá de la capacidad de equilibrar la conservación ambiental, la viabilidad económica y la participación comunitaria. Su desarrollo será seguido de cerca por el mundo de la arquitectura y la cultura, como un modelo de cómo los museos pueden dialogar con su entorno y contribuir al desarrollo sostenible.
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