Cultura

Semana Negra BA 2026: El terror y la novela negra argentina se debaten entre la realidad y la ficción en la Biblioteca Güiraldes

La tercera edición de la Semana Negra BA, celebrada en la Biblioteca Güiraldes de Talcahuano 1261, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ha instalado un debate que excede la mera literatura de género. El panel titulado «Historias de Terror (reales y de ficción) Made in Argentina» reunió el viernes a tres figuras disímiles del campo cultural argentino: la periodista especializada en policiales Virginia Messi, el guionista y realizador de cine Camilo de Cabo, y el escritor y librero Luis Mey. La moderadora, la también periodista y escritora Sol Klinkenberg, abrió el fuego con una cita a Stephen King, Mariana Enriquez y Luciano Lamberti, y con una pregunta que atravesó todo el encuentro: ¿cómo se relaciona el terror con la realidad cotidiana de un país atravesado por la vulnerabilidad social y la violencia?

El evento se desarrolló en un contexto de creciente consumo de historias de terror y suspenso en Argentina, un fenómeno que Klinkenberg describió como «una necesidad de consumo de estas historias». La mención de autores como Horacio Quiroga y su libro «El almohadón de plumas» funcionó como anclaje histórico para una tradición literaria que, según los panelistas, encuentra en la realidad argentina un terreno fértil.

Virginia Messi, reconocida por su trabajo en la sección Policiales del diario Clarín y autora de «Crimen y Misterio en Coghlan» (Planeta), tomó la palabra para trazar una distinción técnica que resultó central: «A mí no me gusta el terror sino el suspenso». La periodista argumentó que su labor cotidiana se inscribe más en la lógica del suspenso —la búsqueda de respuestas, la averiguación de qué ocurrió— que en la del terror como género. «Lo que a mí me gusta del suspenso es averiguar qué pasa. De eso trata mi trabajo casi cotidiano», afirmó.

El caso que Messi convirtió en libro es, precisamente, un ejemplo de cómo la realidad supera a la ficción. Diego Fernández Lima, un joven que se fue de su casa diciendo «Mamá, vuelvo a la noche», apareció enterrado en el jardín de la casa de un compañero de colegio 41 años después. La casona de Coghlan donde ocurrió el hallazgo tiene un dato adicional: allí vivió el músico Gustavo Cerati durante su juventud. «Eso es parte del suspenso que aún tenemos», sostuvo Messi, quien se definió como «muy cagona» frente al terror propiamente dicho.

La intervención de Messi permite observar una tensión estructural en el periodismo policial argentino: la crónica de un caso real exige protocolos de verificación, fuentes judiciales y testimoniales, y un manejo cuidadoso de la información. El suspenso, en este marco, no es un recurso estético sino una consecuencia del proceso investigativo. La desaparición de Fernández Lima y su resolución cuatro décadas después expone, además, las limitaciones del sistema de justicia y la persistencia de casos sin resolver en el país.

Camilo de Cabo, por su parte, ofreció una perspectiva radicalmente distinta. «Siempre me gustó desde muy chico, es mi género favorito de toda mi vida», declaró. El guionista y realizador trazó el origen de su vínculo con el terror en la infancia, en los cuentos que le leían su abuelo y su padre, y en la práctica de asustar a los niños al terminar la lectura. «A mi papá siempre le gustaba asustarnos cuando terminaba de leernos un cuento», relató.

Esta dimensión biográfica y afectiva del terror conecta con una tradición antropológica: el miedo como experiencia colectiva transmitida oralmente. El terror, en este sentido, no es solo un género editorial o cinematográfico, sino una práctica social que se reproduce en el ámbito familiar. La mención de de Cabo a la repetición del ritual con sobrinos y primos sugiere una continuidad generacional que explica la persistencia del género más allá de modas comerciales.

Luis Mey, escritor, librero y tallerista, completó el panel con una tercera posición que, si bien no quedó completamente desarrollada en el fragmento disponible, se inscribe en una tradición literaria argentina que combina el trabajo de librería con la escritura y la enseñanza. Mey ha publicado novelas y cuentos que exploran los márgenes sociales y las zonas oscuras de la experiencia urbana, y su presencia en el panel refuerza la idea de que el terror y la novela negra en Argentina no son compartimentos estancos sino vasos comunicantes.

El contexto de la Semana Negra BA es relevante para entender el auge del género. Este festival, inspirado en la Semana Negra de Gijón, España, se ha consolidado en Buenos Aires como un espacio de encuentro entre autores, lectores y editores. La tercera edición, realizada en octubre de 2026, incluyó paneles, presentaciones de libros y actividades en torno a la novela negra, el policial y el terror. La Biblioteca Güiraldes, ubicada en el barrio de Retiro, funcionó como sede central.

El fenómeno del terror «Made in Argentina» no es nuevo. Autores como Mariana Enriquez han logrado proyección internacional con obras que combinan el horror sobrenatural con la crítica social y política. Luciano Lamberti, mencionado por Klinkenberg, representa una generación más joven que explora el terror desde la literatura contemporánea. La referencia a Stephen King, por su parte, ancla el debate en la tradición global del género, mientras que Horacio Quiroga y su «El almohadón de plumas» recuerdan que la literatura rioplatense ha cultivado el terror desde principios del siglo XX.

Sin embargo, el dato más significativo del panel es la tensión entre realidad y ficción. Messi trabaja con hechos verificables, con expedientes judiciales y testimonios. De Cabo y Mey, en cambio, operan en el terreno de la invención. La pregunta de Klinkenberg —»¿Cómo es su relación con el terror ya que los tres vienen de lugares muy distintos?»— apuntaba precisamente a esa diversidad de aproximaciones.

En términos de implicancias, el auge del terror y la novela negra en Argentina puede leerse como una respuesta cultural a un contexto de crisis. La vulnerabilidad social, la inseguridad y la violencia son temas recurrentes en la crónica policial y en la ficción de género. El público argentino, según los panelistas, busca en estas historias una forma de procesar el miedo colectivo. La catarsis, mencionada por Klinkenberg, opera como mecanismo psicológico y social.

El caso de Coghlan narrado por Messi es paradigmático: un hecho real que permaneció sin resolver durante 41 años y que involucra a un barrio de clase media, una casa con historia y un músico famoso. La combinación de elementos —desaparición, misterio, fama— explica el interés literario y periodístico. El libro de Messi, publicado por Planeta, se inscribe en una tradición de crónica negra argentina que tiene antecedentes en autores como Rodolfo Walsh y Enrique Symns.

La distinción entre terror y suspenso que planteó Messi merece un análisis técnico. En narratología, el suspenso se define como la anticipación de un evento peligroso o incierto, mientras que el terror implica la presencia de una amenaza sobrenatural o extrema. La crónica policial, en este sentido, se acerca más al suspenso: el lector sabe que hay un enigma, pero no necesariamente que hay un monstruo. El terror, en cambio, requiere una ruptura de las leyes de la realidad.

De Cabo, al reivindicar el terror como género favorito, representa la posición opuesta: la aceptación del miedo como experiencia estética y lúdica. Su formación como guionista y realizador de cine sugiere una aproximación visual y narrativa al género, con influencias del cine de terror argentino y universal. La mención de los cuentos familiares indica que su relación con el terror es afectiva y no solo profesional.

El panel, en definitiva, dejó más preguntas que respuestas. ¿Puede la realidad argentina ser más terrorífica que la ficción? ¿Qué lugar ocupa el suspenso en el periodismo policial? ¿Cómo se articulan las tradiciones literarias locales con las globales? La Semana Negra BA, en su tercera edición, se consolida como un espacio donde estas preguntas se formulan públicamente. La participación de Messi, de Cabo y Mey demuestra que el género negro y el terror en Argentina no son un fenómeno marginal sino un campo en expansión, con autores, lectores y festivales que lo sostienen.

La Biblioteca Güiraldes, sede del evento, es un símbolo de la política cultural porteña. Su ubicación en Talcahuano 1261, en el barrio de Retiro, la convierte en un punto de encuentro para la comunidad literaria. La tercera edición de la Semana Negra BA, con paneles como el del viernes, confirma que el interés por el policial, el suspenso y el terror atraviesa generaciones y formatos.

El cierre del panel, con las palabras de los tres autores, dejó una certeza: el terror y la novela negra en Argentina están vivos, se debaten y se consumen. La realidad, como dijo Messi, proporciona el suspenso; la ficción, como defendió de Cabo, proporciona el miedo. Entre ambas, el público encuentra un espejo de sus propios temores.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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