En el barrio porteño de Palermo, un PH por escalera de principios del siglo XX se convirtió en el escenario de una reforma integral que buscó resolver el principal desafío de muchas viviendas antiguas: la falta de iluminación natural. El estudio Monocromo, liderado por la arquitecta Sofía Tavares Indart, asumió el encargo con la premisa de mejorar la entrada de luz sin perder la identidad histórica del lugar.\n\nEl PH, ubicado en una zona residencial de Palermo, contaba con elementos originales que entusiasmaron a los profesionales desde el inicio: bovedilla a la vista, pisos de pinotea, una altura libre de 3,80 metros en el primer piso y una terraza con potencial de ampliación. Sin embargo, la única fuente de luz natural era el patio del primer piso, que en su origen funcionaba como circulación exterior de la casa. Este patio, al estar rodeado de medianeras, recibía luz indirecta, lo que limitaba la luminosidad de los ambientes interiores.\n\nPara resolver esta situación, el equipo de Monocromo, en colaboración con los ejecutores Ignacio Floreano y Jimena Seveso, implementó una estrategia basada en la incorporación de una lucarna calada desde la terraza. Esta abertura, diseñada con una geometría que permite el paso de la luz sin comprometer la privacidad, actúa como un conducto lumínico que ilumina el primer piso y, de forma indirecta, la planta baja. La decisión de calar la lucarna responde a la necesidad de filtrar la luz directa, evitando deslumbramientos y generando un efecto tamizado que se integra con la materialidad del espacio.\n\nEl patio, que inicialmente parecía un obstáculo, sorprendió al equipo al dar al pulmón de manzana, un espacio verde rodeado de medianeras cubiertas por enredaderas. Este pequeño oasis urbano se convirtió en el corazón del proyecto. Para potenciar la luminosidad, se recuperó la medianera de ladrillo a la vista, pero se trabajó en blanco para homogeneizar el conjunto. La bovedilla original se mantuvo, y se aplicó una capa de pintura blanca mate para reflejar la luz natural que ingresa desde la lucarna y el patio.\n\nLa reubicación de la cocina fue uno de los mayores desafíos de la obra. Originalmente ubicada en un espacio reducido y sin ventilación directa, se decidió trasladarla a la planta baja, cerca del living, concentrando los servicios en una misma zona. Esta decisión permitió resolver las instalaciones existentes de manera eficiente, aprovechando cada hallazgo para mejorar el diseño. El núcleo de servicios se resolvió como un cierre guardado y revestimiento al mismo tiempo, utilizando acero inoxidable. Este material, elegido por su capacidad de reflejar la luz, se prolonga en la mesada, mientras que el mobiliario de cocina se transforma en banco hacia el sector del living, generando un espacio amplio y continuo.\n\nLa baranda de la escalera, realizada en chapa microperforada, sigue la misma lógica: permite que la luz que ingresa desde la terraza y la lucarna atraviese los ambientes, mientras que el movimiento entre niveles se percibe de forma sutil. La textura de la chapa microperforada juega con la luz y la sombra, creando profundidad y evitando la rigidez de los ángulos rectos. Las formas circulares se repiten en distintos elementos, como la bacha pedestal del toilette y la grifería en bronce de pared, buscando generar una experiencia más orgánica del espacio.\n\nEn el interior, la transición entre ambientes se resuelve con una materialidad continua, donde el piso de pinotea original se mantiene y se restaura. Solo aparece un gesto de color: una puerta en tono jalapeño, un verde intenso que dialoga con el pulido rojizo de la bovedilla. Este detalle, cuidadosamente seleccionado, evita sobrecargar visualmente el espacio y aporta un contraste sutil.\n\nLa reforma de este PH en Palermo se inscribe en una tendencia más amplia en la Ciudad de Buenos Aires, donde cada vez más propietarios optan por reciclar propiedades antiguas en lugar de construir desde cero. Según datos del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires, las reformas integrales en barrios como Palermo, Recoleta y Belgrano han aumentado un 15% en los últimos tres años, impulsadas por la búsqueda de espacios con historia y la dificultad de acceder a nuevas construcciones.\n\nEl proyecto de Monocromo, que demandó aproximadamente seis meses de obra, logró preservar la identidad del lugar y su historia, dándole carácter sin competir con lo existente. La combinación de elementos originales, como la bovedilla y los pisos de pinotea, con materiales contemporáneos como el acero inoxidable y la chapa microperforada, crea un diálogo entre pasado y presente. Este enfoque, según la arquitecta Tavares Indart, busca que la luz se convierta en un material más, capaz de transformar la experiencia del espacio.\n\nLa adaptación de viviendas históricas a las necesidades contemporáneas es un desafío recurrente en barrios como Palermo, donde la normativa de protección patrimonial limita las intervenciones drásticas. En este caso, el estudio Monocromo trabajó en estrecha colaboración con las autoridades locales para garantizar que las modificaciones fueran compatibles con las regulaciones. La incorporación de la lucarna calada, por ejemplo, fue aprobada tras demostrar que no afectaba la estructura original ni la vista de los vecinos.\n\nEn resumen, la reforma de este PH en Palermo demuestra que es posible reciclar un espacio oscuro y convertirlo en un lugar luminoso y funcional, sin sacrificar su esencia histórica. Las estrategias de diseño, como la incorporación de lucarnas, el uso de materiales reflectantes y la concentración de servicios, pueden aplicarse a otros proyectos similares, ofreciendo soluciones viables para la vivienda vertical en la ciudad.
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