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Rafael Grossi consolida su candidatura a la Secretaría General de la ONU en un contexto de fragmentación global

En el marco de las deliberaciones a puertas cerradas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el diplomático argentino Rafael Grossi, de 65 años, ha emergido como uno de los tres postulantes con mayores posibilidades de suceder a António Guterres al frente de la Secretaría General del organismo. Según fuentes diplomáticas consultadas, en la segunda ronda de votaciones indicativas, celebrada el pasado viernes, Grossi obtuvo 7 apoyos, 6 ‘no apoyos’ y 2 ‘sin opinión’ entre los 15 miembros del Consejo. Este resultado lo sitúa en una posición competitiva, aunque por detrás de la ex canciller de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, quien lideró la votación con 8 apoyos, y de la ex vicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grynspan, que registró 7 apoyos. El proceso, regido por las reglas del Artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas, exige que el candidato final obtenga al menos nueve votos afirmativos y no reciba el veto de ninguno de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.

La candidatura de Grossi se desarrolla en un escenario internacional signado por tensiones geopolíticas profundas. Durante una entrevista concedida a medios argentinos, Grossi manifestó que su postulación ‘es fuerte, sólida y muy competitiva’, subrayando que su rol al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) le ha proporcionado un acceso directo y frecuente a los líderes de las potencias mundiales. ‘Trato temas muy sensibles y muy delicados con todos ellos’, declaró, refiriéndose a su implicación en expedientes como el programa nuclear iraní, el conflicto en Ucrania y la supervisión de instalaciones en Siria.

El contexto de estas declaraciones no es trivial. Grossi se encuentra en Washington para el lanzamiento, junto al secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, de una iniciativa de la OIEA destinada a fomentar el uso de energía nuclear en aplicaciones marítimas, incluyendo buques y centrales flotantes. Este evento, que cuenta con la participación de delegaciones de China y Rusia, ha sido interpretado por analistas como un gesto simbólico de la administración estadounidense hacia las aspiraciones del argentino, aunque esta lectura no ha sido confirmada oficialmente.

La contienda por la Secretaría General de la ONU posee características singulares. Por primera vez, el número de candidatas mujeres supera al de hombres: cinco mujeres y tres hombres aspiran al cargo, que nunca en la historia del organismo ha sido ocupado por una secretaria general. La elección se realiza mediante un procedimiento de votaciones informales y anónimas, donde cada miembro del Consejo califica a los postulantes con ‘apoya’, ‘no apoya’ o ‘sin opinión’. Este mecanismo, diseñado para evitar la exposición pública de las posturas individuales, no es vinculante, pero sirve como termómetro de las posibilidades reales de cada aspirante.

En la primera votación, celebrada en junio, Rebeca Grynspan había obtenido la primera posición. Sin embargo, en la segunda ronda, Carolyn Rodrigues-Birkett tomó la delantera, evidenciando una dinámica electoral fluida y sujeta a reacomodamientos. Los demás candidatos —la expresidenta chilena Michelle Bachelet; la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa; el diplomático ugandés Olara Otunnu; el expresidente senegalés Macky Sall; y la exministra de Comercio de Ecuador Ivonne A-Baki— se mantienen en una posición rezagada, con resultados muy inferiores en las votaciones preliminares.

El respaldo a Grossi se fundamenta en un perfil técnico y una trayectoria de negociación en escenarios de alta complejidad. Al frente del OIEA desde 2019, ha liderado misiones de verificación en Irán, ha participado en el seguimiento de la seguridad nuclear en la planta de Zaporizhzhia en Ucrania y ha mantenido canales de comunicación abiertos con todas las partes involucradas en conflictos regionales. Su capacidad para interactuar con gobiernos de distinto signo político, incluyendo aquellos con relaciones bilaterales tensas entre sí, constituye un activo en un proceso que busca a una figura capaz de navegar la parálisis institucional.

En sus declaraciones, Grossi expresó una visión crítica sobre el estado actual del multilateralismo: ‘Estamos en un mundo en llamas. Es desesperante que la ONU navegue hacia la intrascendencia. No podemos permitirlo’. Estas palabras resuenan en un contexto donde la organización ha visto limitada su capacidad de acción en crisis como las de Gaza, Sudán y la invasión rusa a Ucrania, y donde las reformas del Consejo de Seguridad continúan estancadas desde hace décadas.

El camino hacia la nominación final es extenso. Aunque el proceso podría completarse en semanas, algunos procesos históricos se han prolongado por meses. Tras las votaciones indicativas, el Consejo de Seguridad debe emitir una recomendación formal a la Asamblea General, que en términos prácticos ratifica al candidato seleccionado. Sin embargo, la incertidumbre persiste por la posibilidad de que se repita el escenario de 2016, cuando la elección de António Guterres fue precedida por un estancamiento de nueve rondas de votación.

El factor regional no es menor. La candidatura de Grossi se inscribe dentro de la tradición de aspirantes latinoamericanos, aunque en esta ocasión se enfrenta a la competencia directa de figuras de la región como Bachelet, Espinosa y los propios Grynspan y Rodrigues-Birkett, quienes, si bien provienen de otros países, también representan al bloque de América Latina y el Caribe. La fragmentación del voto regional podría dispersar apoyos clave, aunque Grossi parece confiar en que su alcance global y su experiencia en temas de no proliferación y seguridad energética le otorgan una ventaja comparativa inédita en esta contienda.

El posicionamiento de Grossi ante los miembros permanentes del Consejo de Seguridad es un factor decisivo. Su relación con todas las potencias, forjada a través de décadas de trabajo diplomático, incluyendo funciones en la Embajada argentina en Estados Unidos, le permite aspirar a un consenso amplio. Sin embargo, el veto sigue siendo la principal amenaza para cualquier candidatura. En las votaciones preliminares, ningún miembro manifestó formalmente su intención de ejercerlo, pero los alineamientos tácticos y las negociaciones de última hora son moneda corriente en estos procesos.

Además, el rol de su país de origen no es un hecho menor. Argentina, miembro no permanente del Consejo de Seguridad en el período 2025-2026, posee voz y voto en la deliberación, pero no tiene poder de veto. La administración del presidente Javier Milei ha expresado su respaldo explícito a la candidatura de Grossi, aunque la estrategia final de voto se mantiene en reserva.

El perfil de Grossi también ha sido vinculado a la defensa de la energía nuclear con fines pacíficos, un tema central en la agenda internacional de transición energética y seguridad climática. La iniciativa presentada en Washington, orientada a promover la nuclearización de la flota marítima, se enmarca en esa visión pragmática que busca ampliar el espectro de aplicaciones tecnológicas en un momento de alta demanda energética global y descarbonización progresiva.

El proceso electoral de la ONU es una ecuación compleja que combina formalismo, diplomacia silenciosa y oportunismo estratégico. Grossi no es un recién llegado a estas dinámicas; su experiencia en organismos internacionales y su conocimiento de los procedimientos internos de la organización son invaluables. No obstante, el resultado final dependerá de la capacidad de cada candidato para consolidar alianzas estables, neutralizar potenciales vetos y navegar la agenda cambiante de las prioridades internacionales.

Por el momento, el argentino se muestra cauto pero confiado. Sus declaraciones sobre la fortaleza de su candidatura reflejan una estrategia destinada a infundir la percepción de una postulación viable, condición necesaria para atraer el respaldo aún no comprometido de los miembros indecisos. A las puertas de la fase decisiva del proceso, Rafael Grossi se perfila como una figura a seguir de cerca, en una contienda que definirá el rumbo de la gobernanza global para el próximo lustro.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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