En el corazón de Piñeyro, partido de Avellaneda, un proyecto arquitectónico elaborado por los estudiantes Jhessica Pinto y Miguel Galeano, del Taller de Proyecto Arquitectónico VI de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), propone un conjunto de viviendas que trasciende la mera función residencial para convertirse en un nuevo espacio social para el barrio. El diseño, desarrollado en el Taller D’Andrea bajo la cátedra del arquitecto Alejandro D’Andrea y con la colaboración de los docentes Gustavo Cantelmi, Juan Pablo Chielens y Nicolás Taglia, plantea un pasaje público principal que estructura la circulación y conecta los distintos sectores del terreno, generando ramales secundarios, espacios verdes y áreas comunes que gradúan la transición entre lo público y lo privado. La propuesta incluye viviendas en planta baja con patios propios y dúplex en planta alta, además de usos comunitarios y comerciales como una plaza pública en la esquina, locales comerciales, un restaurante, un SUM, sector de parrillas y áreas de juegos. Este ejercicio académico se inscribe en un contexto urbano y social más amplio: el déficit habitacional en el conurbano bonaerense, la necesidad de densificar áreas cercanas a la ciudad de Buenos Aires y la búsqueda de tipologías que fomenten la vida comunitaria sin sacrificar la privacidad.
El proyecto se ubica en Piñeyro, una localidad del partido de Avellaneda que limita al norte con el Riachuelo y al este con la ciudad de Buenos Aires. Históricamente, Avellaneda ha sido un polo industrial y obrero, con un crecimiento urbano marcado por la instalación de frigoríficos, textiles y metalúrgicas a principios del siglo XX. Según datos del Censo 2022, el partido de Avellaneda cuenta con una población de aproximadamente 370.000 habitantes, y como gran parte del conurbano, enfrenta desafíos de acceso a la vivienda, infraestructura y espacios públicos de calidad. La localidad de Piñeyro, con su tejido residencial de casas bajas y algunos edificios de altura, es representativa de esa mezcla de tradición y renovación. En los últimos años, el área metropolitana de Buenos Aires ha visto un incremento en proyectos de desarrollo inmobiliario, pero muchos de ellos se orientan a sectores de altos ingresos, dejando de lado la vivienda social y los espacios comunitarios. En este sentido, el proyecto de la UNDAV se alinea con una corriente de pensamiento arquitectónico que propone intervenciones de bajo impacto pero alto beneficio social, aprovechando terrenos vacantes o subutilizados para generar ciudad.
El diseño presentado por los estudiantes se organiza a partir de un pasaje principal que actúa como columna vertebral del conjunto. Este pasaje no es solo un corredor de circulación, sino un espacio público de pleno derecho que conecta la calle con el interior de la manzana, permitiendo el acceso a las viviendas y a los equipamientos. De este eje se desprenden ramales secundarios que conducen a los núcleos de escaleras y a los patios, generando una secuencia de espacios que van de lo más público (la plaza, los locales comerciales) a lo más privado (los patios de cada vivienda y los interiores domésticos). Esta gradación es clave para garantizar la privacidad sin aislar a los residentes. Las viviendas de planta baja cuentan con patios propios que se vinculan a sectores de encuentro más tranquilos y reservados, mientras que las de planta alta se resuelven en tipologías dúplex conectadas a los mismos espacios compartidos. Las tipologías se repiten y varían a lo largo de las tiras edificadas, evitando la monotonía y adaptándose a las diferentes orientaciones y condiciones del terreno.
El programa funcional incluye una variedad de usos que refuerzan el vínculo con el entorno urbano. En una de las esquinas se ubica una plaza pública que se vincula con un jardín de infantes existente y con el espacio verde del frente, funcionando como principal punto de encuentro barrial. En planta baja se distribuyen locales comerciales, un restaurante orientado hacia la plaza, y espacios de uso común como un SUM (Salón de Usos Múltiples), expansión exterior, sector de parrillas, sector de juegos y áreas recreativas. Estos usos no solo sirven a los residentes del conjunto, sino que están pensados para el barrio en general, activando la vida urbana en horarios diversos. La presencia de locales comerciales y un restaurante puede contribuir a la economía local y a la seguridad urbana, al aumentar la circulación de personas. Además, el retiro de las viviendas de la línea municipal en las que ingresan desde la calle permite ganar privacidad y mejorar la relación entre el interior doméstico y el espacio público, creando una franja de transición que puede ser jardín o expansión.
El proyecto dialoga con experiencias previas de vivienda colectiva en Argentina, como los conjuntos habitacionales construidos por el Estado en las décadas de 1960 y 1970 (por ejemplo, el Barrio Parque Los Andes o los conjuntos de la Comisión Municipal de la Vivienda en Buenos Aires), que en muchos casos priorizaron la repetición de bloques sin considerar adecuadamente los espacios de encuentro y la integración con la trama existente. En contraste, esta propuesta pone el acento en la continuidad espacial y en la generación de lugares de intermediación, inspirada en principios del urbanismo moderno pero con una mirada contemporánea que valora la diversidad y la apropiación. También resuena con el concepto de «manzana abierta» o «pasaje urbano» que ha sido explorado en proyectos como el Plan Urbanístico de Barcelona o en intervenciones más recientes en Rosario y Córdoba. En el contexto local, la UNDAV ha sido un actor relevante en la discusión sobre hábitat y vivienda: su carrera de Arquitectura, relativamente nueva, ha ido ganando prestigio con trabajos finales que abordan problemáticas concretas del sur del conurbano. Este tipo de ejercicios académicos suelen alimentar el debate público y, ocasionalmente, son tomados por municipios o desarrolladores como referencia para proyectos reales.
Las implicancias de este tipo de propuestas son múltiples. En primer lugar, en términos urbanos, la apertura de un pasaje público mejora la conectividad barrial y puede reducir la percepción de inseguridad al aumentar la vigilancia natural. La incorporación de una plaza y locales comerciales diversifica los usos y evita que el conjunto se convierta en un gueto residencial. En segundo lugar, en términos sociales, la presencia de espacios comunes como el SUM, las parrillas y los juegos fomenta la interacción vecinal y el sentido de pertenencia, algo fundamental en barrios donde la vida comunitaria se ha ido debilitando. En tercer lugar, en términos económicos, la vivienda en planta baja con patio y los dúplex en altura ofrecen tipologías versátiles que pueden adaptarse a diferentes composiciones familiares y necesidades. Si bien el proyecto es un ejercicio académico, su lógica podría ser replicada por cooperativas o desarrolladores interesados en modelos de vivienda colectiva con fuerte componente social.
Sin embargo, también es válido señalar desafíos. La implementación de un pasaje público dentro de un conjunto residencial requiere de un diseño cuidadoso de la seguridad y el mantenimiento, así como de un marco legal que permita la cesión de espacios al dominio público o su gestión compartida. En Argentina, experiencias de pasajes privados de uso público (como los barrios cerrados) han mostrado tensiones entre la privatización y el acceso. Aquí, al tratarse de un proyecto académico, no se abordan estos aspectos normativos, pero son parte del debate necesario para llevar estas ideas a la práctica. Por otro lado, la densificación en Piñeyro debe considerar la capacidad de infraestructura (agua, cloacas, transporte) y evitar procesos de gentrificación que expulsen a los residentes históricos. Avellaneda ha experimentado un aumento en los precios de la vivienda en los últimos años, especialmente en áreas cercanas a la estación de tren y al acceso a la ciudad de Buenos Aires, lo que hace relevante pensar en políticas de suelo que protejan a los sectores populares.
En conclusión, el proyecto de Pinto y Galeano para Piñeyro representa un ejercicio académico que combina reflexión teórica y propuesta concreta. Al organizar el conjunto en torno a un pasaje público y priorizar la transición entre lo público y lo privado, ofrece una alternativa a los modelos de vivienda masiva que suelen ignorar la dimensión comunitaria. Su énfasis en la plaza, los locales comerciales y los espacios de encuentro apunta a fortalecer el barrio existente, no a reemplazarlo. En un contexto donde la vivienda y el espacio público son temas urgentes en el conurbano bonaerense, este tipo de trabajos universitarios aportan ideas frescas y contribuyen a imaginar ciudades más integradas. La Universidad Nacional de Avellaneda, con su anclaje territorial, cumple así un rol clave al vincular la formación profesional con los problemas reales de su entorno. Si bien el proyecto aún no trasciende el ámbito académico, su enfoque podría inspirar futuras intervenciones en Piñeyro y otras localidades similares, demostrando que es posible diseñar vivienda colectiva que sea, al mismo tiempo, privada y comunitaria, urbana y vecinal.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
