Arquitectura

Nuevo Museo Nacional de Ecuador: cómo es el proyecto de 100 millones de dólares que reemplazó al diseño que indignó a la ciudadanía

La construcción de un nuevo Museo Nacional de Ecuador (MuNA), con un presupuesto de 100 millones de dólares, se convirtió en un termómetro de la tensión entre la gestión gubernamental y la opinión pública en el ámbito cultural. El proyecto, impulsado por el presidente Daniel Noboa, busca albergar más de 12 millones de objetos patrimoniales en una sede definitiva, un anhelo que arrastra desde finales de la década de 1960, cuando el museo funcionó bajo diferentes nombres y en locaciones provisorias. El concurso internacional, lanzado a fines de 2025, prometía un edificio icónico para el Parque La Carolina, en Quito, rodeado de obras de estudios de renombre como BIG, Kengo Kuma y Safdie Architects.

El primer ganador, anunciado en marzo de 2026, fue un diseño de líneas rectas y apariencia cúbica del estudio español Alberto Campo Baeza en colaboración con el local MAODA. Inmediatamente, una ola de críticas se desató en redes sociales. Los ciudadanos cuestionaron la escala del proyecto, su falta de integración con el entorno y, sobre todo, su supuesta incongruencia con la «identidad nacional». Una petición en línea, que reunió 20.000 firmas en menos de una semana, forzó al Ministerio de Cultura a reconsiderar. Medios como El Comercio de Quito y Primicias recogieron el malestar de gremios arquitectónicos locales, que señalaban que el diseño parecía ajeno a la tradición constructiva ecuatoriana.

Ante la presión, el Gobierno dio un paso inusual: declaró una «fase extraordinaria» y pidió a los diez finalistas originales que volvieran a presentar sus propuestas. Se conformó un nuevo jurado técnico internacional, distinto al que había emitido el fallo inicial. Además, se incorporaron una consulta ciudadana a través de una plataforma digital y una exposición pública de los proyectos, cuyo resultado representó el 15% de la calificación final. El ganador, anunciado en julio, fue el equipo encabezado por los japoneses SANAA (Premio Pritzker 2010), en colaboración con Caá Porá Arquitectura, Estudio A0, Jerome Haferd Studio y Taller Capital Landscape (SANAA + A0-CPA-JHS). Este mismo equipo había obtenido el tercer lugar en la primera instancia.

La decisión no estuvo exenta de controversia. Alberto Campo Baeza y MAODA denunciaron no haber participado del debate público, mientras que Alejandro Zaera-Polo, integrante del primer jurado, aseguró a Infobae que existieron «presiones políticas» para cambiar el fallo. Desde el Ministerio de Cultura, en cambio, defendieron el proceso como un ejercicio de «democracia participativa» y transparencia, argumentando que el cambio respondió al descontento legítimo de la ciudadanía. El presidente Noboa, en una breve declaración, comparó la situación con la frase de Groucho Marx: «Este es el proyecto, pero si no les gusta tengo otros».

El diseño ganador, bautizado «Estratos vivos», se inspira en las culturas precolombinas y poscolombinas, buscando reflejar la diversidad del pueblo ecuatoriano. El edificio, de nueve plantas con sótanos para depósitos y estacionamientos, se concibe como un sistema de plazas curvas interconectadas en varios niveles, revestidas de ladrillo terracota. Aberturas circulares atraviesan el volumen principal para crear patios interiores, mientras que las galerías se expanden y contraen alrededor de estos vacíos, formando un paisaje interior continuo. Estanques y jardines completarán el paisaje alrededor de la gran plaza donde se implantará el museo. «El proyecto adopta el círculo como expresión de memoria colectiva, encuentro y conexión con el cosmos», afirmó el equipo ganador, apuntando a un diálogo con el entorno verde del Parque La Carolina y los edificios vecinos.

Desde la perspectiva económica, el presupuesto de 100 millones de dólares representa una inversión sin precedentes para la infraestructura cultural del país, en un contexto de ajuste fiscal informado por el Banco Central del Ecuador. Analistas de Ámbito Financiero señalaron que la decisión de Noboa de sostener el financiamiento del museo, pese a las críticas iniciales, busca apuntalar la imagen de su gestión en el ámbito cultural, especialmente de cara a las elecciones de 2027. Sin embargo, el proceso generó un debate profundo sobre la legitimidad de los mecanismos de participación ciudadana en proyectos de gran escala y el rol del Estado como mediador entre la voluntad popular y el expertise técnico.

La nueva sede del MuNA, que se espera concluir en 2030, deberá combinar la conservación de un acervo que abarca desde la época precolombina hasta el arte contemporáneo, con una propuesta arquitectónica que, según sus creadores, «refleja la diversidad del pueblo ecuatoriano». El episodio dejó una lección clara: en la era digital, la construcción de un símbolo nacional ya no se decide solo en despachos de arquitectos, sino también en el murmullo de las redes y el peso de 20.000 firmas. El tiempo dirá si «Estratos vivos» logra lo que su predecesor no pudo: ser aceptado como un verdadero emblema de la identidad ecuatoriana.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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