La crisis habitacional y las dificultades de acceso a la vivienda por parte de los jóvenes no son exclusivas de los países subdesarrollados. En Suecia, un país reconocido por su Estado de bienestar y altos estándares de vida, la realidad esconde un problema profundo: los jóvenes no pueden acceder a viviendas dignas debido al aumento desmedido de los precios y a la insuficiencia de sus ingresos. Para visibilizar esta situación, la desarrolladora Riksbyggen, propiedad de sindicatos de la construcción, asociaciones de vivienda locales y cooperativas, convocó a la agencia de creativos BBDO Nordics para diseñar tres departamentos basados en lo que una persona de 25 años puede aspirar a comprar en ese país nórdico.
El proyecto, presentado a principios de septiembre de 2026, revela cifras impactantes: en Estocolmo, la capital, un joven promedio solo puede adquirir un departamento de 19 metros cuadrados; en Gotemburgo, la segunda ciudad del país, la superficie asciende a 31 metros cuadrados; y en Umeå, una ciudad universitaria al norte, se llega a los 45 metros cuadrados. Estas dimensiones, mucho más pequeñas que las famosas tiny houses, fueron calculadas con precisión utilizando el índice de Riksbyggen, que determina cuántos metros cuadrados puede comprar un joven según sus ingresos, los precios de la vivienda y las condiciones de la hipoteca. Además, se emplearon datos de la agencia gubernamental Statistics Sweden (SCB) y del banco digital Avanza, garantizando así un análisis riguroso y representativo.
Suecia enfrenta una crisis de vivienda que se ha agravado en la última década. Según informes de SCB, los precios de las viviendas en las grandes ciudades han aumentado más del 60% entre 2015 y 2025, mientras que los salarios de los jóvenes han crecido solo un 10% en el mismo período. Esta brecha ha generado que muchos jóvenes de entre 20 y 30 años se vean obligados a vivir con sus padres o a alquilar habitaciones en condiciones precarias, una situación que contrasta con la imagen de prosperidad que se asocia a los países nórdicos. Riksbyggen, con este proyecto, busca hacer tangible esta problemática, ya que, como explica Anton Bolin, director de arte de BBDO Nordics, “sobran cifras y estadísticas por todas partes, pero fácilmente se vuelven abstractas”. La idea es que la gente pueda experimentar directamente cómo es vivir en espacios tan reducidos.
El diseño de los prototipos estuvo a cargo de la empresa Dekormakarna de Estocolmo, que aplicó un estilo típicamente sueco, con arquitectura y detalles familiares, pero a una escala inusual que impacta por lo absurdo de la situación. Cada departamento refleja una época arquitectónica distinta: el primero se inspira en los principios del siglo XX, con fachada enlucida en ‘amarillo Estocolmo’, pisos de madera en espiga, ventanas con parteluces y molduras en el techo. El segundo, basado en el funcionalismo de los años 30 y 40, presenta líneas limpias, colores pastel claros, suelo de linóleo y un balcón de chapa ondulada. El tercero, contemporáneo, tiene una fachada de ladrillo y materiales más sencillos. Estos diseños no solo buscan mostrar la realidad, sino también generar una reflexión sobre el estándar de vivienda que una sociedad debería garantizar a sus ciudadanos.
La iniciativa ha resonado en otros países, incluida Argentina, donde la crisis habitacional es aún más profunda. Según datos del INDEC, más del 35% de los hogares en Argentina vive en condiciones de hacinamiento crítico (más de dos personas por cuarto), y el déficit habitacional afecta a millones de familias. Esta comparación pone en evidencia que el problema no es exclusivo de economías en desarrollo, sino que también golpea a naciones con altos niveles de bienestar, aunque de manera diferente. En Argentina, las políticas de crédito hipotecario casi han desaparecido debido a la inflación y la inestabilidad económica, mientras que en Suecia el problema se centra en la especulación inmobiliaria y la falta de construcción de viviendas asequibles. La experiencia sueca puede servir como ejemplo para reflexionar sobre políticas públicas que prioricen el acceso a la vivienda para los jóvenes.
Aunque el diseño y la campaña de Riksbyggen han generado interés mediático, el proyecto no ha estado exento de críticas. Algunos sectores consideran que visibilizar la crisis con “microcasas” podría normalizar espacios inhabitables, y países como Argentina ya han comenzado a debatir sobre los estándares mínimos de vivienda digna, según organizaciones como CELS y ACIJ. El Banco Mundial, también ha señalado que garantizar viviendas adecuadas es esencial para el desarrollo social y económico. La pregunta que surge es: ¿casas de 19 metros cuadrados son la solución o un síntoma de un problema mayor? La respuesta aún está abierta, pero este proyecto ha logrado poner en el centro del debate la urgencia de repensar las políticas de vivienda para las nuevas generaciones, tanto en Suecia como en el resto del mundo.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
