En el estadio Mario Alberto Kempes, de Córdoba, la Selección Argentina disputó el primero de los tres amistosos internacionales previstos antes de la despedida oficial de Lionel Messi, y lo hizo con una victoria contundente por 4-0 ante Bolivia. Sin embargo, más allá del resultado, el partido dejó una señal inequívoca: la irrupción de Leonel Flores, categoría 2007 surgida en Boca Predio y figura en el equipo de Rodolfo Arruabarrena, quien a los 80 minutos y 15 segundos reemplazó a Lisandro Martínez y disputó sus primeros 13 minutos con la camiseta albiceleste. En ese lapso, el joven de 18 años nacido en Beccar demostró que el escenario no le quedó grande: encaró, pidió la pelota, asoció y estuvo a punto de marcar un gol de volea tras un centro pinchado de Román Vega.
El contexto del encuentro era propicio para probar variantes. Argentina ya ganaba 3-0 y el entrenador Lionel Scaloni decidió darle minutos a un futbolista que, pese a su corta trayectoria en Primera División, viene siendo una de las apariciones más destacadas de la cantera xeneize. Flores, zurdo, de 1,75 metros de altura, se desempeña habitualmente como volante ofensivo o extremo por izquierda, y en Boca ha sumado un puñado de partidos bajo las órdenes de Arruabarrena, quien le dio continuidad en un momento de recambio institucional. Su convocatoria a la Selección mayor sorprendió a algunos, pero los informes de los coordinadores de juveniles ya lo señalaban como un proyecto de alta proyección.
El ingreso se produjo cuando el partido estaba resuelto. Julián Álvarez, el único campeón del mundo que permanecía en el campo además del arquero Dibu Martínez, era la referencia ofensiva. Lejos de amilanarse, Flores se ubicó sobre la banda izquierda y de inmediato pidió la pelota. A los pocos segundos, controló un envío en posición de lateral izquierdo, levantó la cabeza y filtró un pase en profundidad entre dos defensores para el «Flaco» López, delantero de Palmeiras, que quedó mano a mano con el arquero boliviano Guillermo Viscarra. La acción no terminó en gol, pero marcó el tono de su actuación.
Al minuto siguiente, volvió a recibir por izquierda. Manejó la pelota con ambas piernas, arrastró la marca hacia atrás, se sacó de encima a un rival con un amague y abrió para Franco Mastantuono, quien buscó a Julián Álvarez y casi amplió la cuenta. La capacidad de Flores para romper líneas con la conducción y habilitar en espacios reducidos quedó en evidencia: no se limitó a pasar y moverse, sino que asumió el riesgo de encarar.
Más tarde, en campo argentino, recibió nuevamente en el mismo sector. Esta vez, con un caño, eliminó a un defensor, tiró la pelota larga y pisó el área mientras las marcas lo rodeaban. La jugada derivó en falta, pero el balón quedó vivo y López convirtió el 4-0 con un puntazo certero. La participación de Flores fue determinante en la génesis de esa acción.
El repertorio continuó. En una de las últimas jugadas, agarró la pelota en la punta izquierda, tenía tres jugadores encima y, en lugar de descargar, decidió un pie a pie que le abrió la puerta del área grande. En el fútbol contemporáneo, donde abundan los pases horizontales, el juvenil de Boca encara. Y tiene otra virtud: después de encarar, pasa. Tras esa acción filtró para Valentín Barco, quien no pudo definir lo que hubiera sido un golazo. En la Scaloneta no hay lugar para los morfones y el pibe lo sabe.
El premio a semejante actuación pudo ser el gol. La última del partido, en el minuto 48, fue una linda acción entre Barco y Román Vega que llegó al fondo y tiró un centro pinchado que Flores aguantó a puro timing y remató de volea. La pelota tenía destino de red, pero el arquero de Bolivia se disfrazó de Neuer y voló para taparla. El estadio, que ya había ovacionado su ingreso, lamentó la atajada, pero reconoció el gesto técnico.
Más allá de lo individual, la aparición de Flores se inscribe en un proceso de recambio generacional que Scaloni viene gestionando con cautela. La Selección Argentina, campeona del mundo en Qatar 2022 y de América en 2021 y 2024, enfrenta el desafío de renovar su plantel sin perder competitividad. En ese marco, los amistosos ante Bolivia y los próximos encuentros sirven como laboratorio para evaluar a futbolistas jóvenes que puedan aportar en las Eliminatorias y en el Mundial 2026.
Flores no es un caso aislado. Boca Predio ha sido una usina de talentos que nutren a la Selección: desde Juan Román Riquelme hasta Éver Banega, pasando por Rodrigo Palacio, Nicolás Burdisso y más recientemente Valentín Barco y Equi Fernández. La formación en el club xeneize se caracteriza por priorizar la técnica individual y la inteligencia táctica, aspectos que Flores exhibió en sus 13 minutos.
El impacto de su debut trasciende lo deportivo. En un país donde el fútbol es pasión y los juveniles son escrutados prematuramente, la actuación de Flores generó expectativas. Los medios nacionales destacaron su desfachatez y su capacidad para asociarse con futbolistas consagrados. En redes sociales, su nombre se volvió tendencia y los hinchas de Boca celebraron que un producto de la cantera tenga espacio en la mayor.
Desde el punto de vista técnico, Flores aporta desequilibrio individual, algo que la Selección a veces extraña cuando los partidos se cierran. Su zurda, su cambio de ritmo y su visión de juego lo perfilan como un recambio natural para jugadores como Nicolás González, Ángel Correa o el propio Barco. Scaloni, que ha demostrado paciencia con los jóvenes, podría convocarlo nuevamente para los próximos compromisos.
Sin embargo, el camino recién comienza. La competencia interna en la Selección es feroz y consolidarse requiere regularidad en el club. Flores deberá seguir sumando minutos en Boca, donde la exigencia es máxima. La exposición mediática puede ser un arma de doble filo, pero su entorno y el cuerpo técnico xeneize parecen contenerlo.
En términos económicos, un debut de estas características revaloriza al jugador en el mercado internacional. Los clubes europeos monitorean constantemente a los juveniles argentinos, y una actuación como la de Flores ante Bolivia aumenta su cotización. Boca, que ha vendido a figuras como Barco y Fernández en los últimos años, podría recibir ofertas en el corto plazo. La dirigencia, sin embargo, busca retenerlo para que gane experiencia antes de dar el salto.
La Selección, por su parte, se beneficia de contar con alternativas juveniles en un momento en que algunos referentes se acercan al final de sus ciclos. La transición generacional es un desafío que Scaloni maneja con mano izquierda, combinando la experiencia de los campeones del mundo con la frescura de los nuevos valores. Flores es parte de esa camada que pugna por un lugar.
El partido ante Bolivia, más allá del resultado, dejó enseñanzas. Argentina mostró solidez defensiva, eficacia ofensiva y la capacidad de sus juveniles para no desentonar. La actuación de Flores fue la nota más alta de un segundo tiempo que tuvo ritmo y ocasiones. El público cordobés, que llenó el Kempes, se fue con la sensación de haber visto el nacimiento de una promesa.
En resumen, los 13 minutos de Leonel Flores no solo justificaron su convocatoria, sino que abrieron una puerta. Scaloni tomó nota, los hinchas también. El fútbol argentino, acostumbrado a producir talentos, suma un nuevo nombre a la lista. Queda por ver si la continuidad y el trabajo diario convierten esa ráfaga de desequilibrio en una carrera sólida en la elite. Por lo pronto, el debut quedó grabado: encaró como en Boca y casi se regala un golazo. La Selección tiene una nueva ilusión.
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