La arquitecta y urbanista Itziar González Virós (Barcelona, 1967) se ha convertido en una de las voces más incisivas del pensamiento urbano contemporáneo. Su paso por la gestión pública, marcado por amenazas y denuncias, le ha dado una perspectiva única que hoy expone sin filtros. En una entrevista exclusiva con ARQ, realizada horas antes de su participación como anfitriona de Jan Gehl en el Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), celebrado el 30 de junio, González Virós lanzó duras críticas al concepto de espacio público tal como lo manejamos.
González Virós sostiene que “el espacio público es una mentira” al estar administrativamente gestionado por entidades que deciden sobre él sin consultar a los ciudadanos. “Lo hemos delegado a administraciones que lo gestionan y deciden llenar, por ejemplo, una plaza de terrazas comerciales sin consultar al vecindario. No hay decisiones conjuntas”, afirmó. Para ella, el debate debe virar hacia el “espacio comunitario”, un concepto que rescata la participación activa de los habitantes en la construcción de su entorno.
Esta postura, que ha resonado en foros internacionales, no es nueva en Barcelona. La ciudad condal ha sido escenario de tensiones entre la especulación inmobiliaria y el derecho a la ciudad. Según datos del Ayuntamiento de Barcelona, el número de plazas de terrazas en Ciutat Vella aumentó un 23% entre 2015 y 2023, mientras que las viviendas de uso turístico pasaron de 6.000 a más de 12.000 en el mismo período. Estos números explican la preocupación de activistas y urbanistas como González Virós, que ven en estas dinámicas una amenaza al tejido social.
La trayectoria de González Virós está marcada por un compromiso temprano con la rehabilitación urbana. Nacida en el Barrio Gótico, asistió a sus vecinas y participó en la reparación de su hogar, experiencia que la llevó a jurar en su graduación que jamás construiría obra nueva, dedicándose exclusivamente a rehabilitar. Esta ética profesional la acompañó en su paso por la gestión pública en 2007, cuando fue concejala independiente en Ciutat Vella. Durante su mandato, intentó frenar la turistificación descontrolada mediante un plan de usos que le valió amenazas de muerte y la destrucción de su vivienda, por lo que tuvo que vivir bajo protección policial.
El punto de inflexión fue el caso del Palacio de la Música, donde parcelas destinadas a una escuela fueron recalificadas por el Ayuntamiento para construir un hotel de lujo. González Virós se negó y lo denunció, lo que la llevó al borde de la imputación. “Si acababa imputada, mi vida y mi credibilidad profesional se terminaban”, confesó. Finalmente, dimitió, y meses después las denuncias se confirmaron, dándole la razón.
Este caso tuvo eco en otros medios locales. La Vanguardia y El Periódico de Catalunya cubrieron el escándalo del Palau, que destapó una red de corrupción que involucró a altos cargos del Ayuntamiento y que derivó en juicios y condenas. La denuncia de González Virós fue clave para poner en evidencia estas prácticas que, según la urbanista, son “brechas de gobernanza que permiten decisiones unilaterales sin participación ciudadana”.
El caso del Palau no fue aislado. Las investigaciones posteriores revelaron que, entre 2000 y 2015, los hoteles de lujo en Barcelona crecieron un 40%, mientras que el alquiler medio en Ciutat Vella aumentó un 35%, según informes del Observatorio DESC. Esta presión inmobiliaria ha empujado a muchos vecinos a abandonar el barrio, erosionando la comunidad que González Virós defiende.
Desde su salida de la política, González Virós ha canalizado su activismo a través de la consultoría y la docencia, colaborando con gobiernos locales y organizaciones comunitarias en la reconversión de locales comerciales en desuso. “Les dije a los arquitectos: no dejen las plantas bajas en manos del negocio solamente. Es el zócalo de la ciudad, el umbral donde lo privado se encuentra con lo colectivo”, explicó. Su llamamiento es a “dibujar” esos espacios para que existan, porque “lo que no se dibuja no existe”.
La arquitecta plantea el concepto de “umbral” como ese espacio híbrido que permite la cooperación y el encuentro. En un contexto de creciente polarización social y mercantilización del espacio urbano, propone que los ciudadanos recuperen la agencia sobre su entorno. Esta visión es compartida por otros expertos como el danés Jan Gehl, quien ha destacado la importancia de diseñar ciudades para las personas, no para los automóviles o el capital.
El impacto de estas ideas es tangible en Barcelona. Iniciativas como los “superilles” o planes de usos que limitan la apertura de nuevos hoteles o restaurantes, han sido promovidas por colectivos urbanos. Sin embargo, la presión turística sigue siendo inmensa. Según datos del Idescat, el turismo representa el 15% del PIB catalán, y Barcelona es el principal destino urbano de España, con más de 30 millones de pernoctaciones anuales.
La postura de González Virós, que no está exenta de críticas por parte del sector turístico y del mercado inmobiliario, destaca por su coherencia. En lugar de abogar por la erradicación del turismo, propone una regulación que equilibre los intereses económicos con el derecho a la ciudad. Para ella, la clave está en la participación ciudadana y en la transparencia administrativa.
A largo plazo, la urbanista apuesta por una “ciudad del cuidado”, donde las infraestructuras se diseñen para las personas vulnerables, como los ancianos que la vieron crecer. Se trata de una mirada que trasciende lo material y se centra en las relaciones humanas y la cooperación como bases del bienestar urbano.
Fuentes: ARQ Clarin, La Vanguardia, El Periódico, Observatorio DESC, Idescat.
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