Arquitectura

Itziar González Virós: la urbanista que desafía al poder y redefine el espacio público como espacio comunitario

La arquitecta y urbanista Itziar González Virós (Barcelona, 1967) se ha convertido en una de las voces más incisivas del urbanismo contemporáneo. Su paso por Buenos Aires con motivo del Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), celebrado el 30 de junio, no solo dejó titulares por su coherencia radical, sino que reabrió el debate sobre el rol de los espacios públicos en las ciudades modernas.

González Virós, que fue concejala independiente en el distrito de Ciutat Vella entre 2007 y 2011, sostiene que el espacio público es una construcción administrativa, una ficción que oculta las dinámicas de poder y especulación. «A mí el espacio público me parece una mentira. Es un espacio administrativo. Lo hemos delegado a administraciones que lo gestionan y deciden llenar una plaza de terrazas comerciales sin consultar al vecindario. No hay decisiones conjuntas», afirmó en diálogo exclusivo con ARQ, horas antes de compartir panel con el reconocido urbanista danés Jan Gehl.

Su crítica no se queda en la teoría. González Virós propone un concepto superador: el espacio comunitario, ese «umbral» donde lo privado y lo colectivo se encuentran y se mezclan. «Ese espacio híbrido es donde se trama el tejido relacional. Y ese es el valor máximo de una ciudad: la actividad cooperadora. Esa sensación de que la ciudad se aguanta por el compromiso cotidiano de cada uno», explicó.

El concepto de umbral también se aplica a la arquitectura en sí. Durante su gestión en la Generalitat de Catalunya, impulsó la reconversión de locales comerciales en desuso en plantas bajas. «Les dije a los arquitectos del mundo: no dejen las plantas bajas en manos del negocio solamente. Es el zócalo de la ciudad, el lugar donde lo privado se encuentra con lo colectivo. Lo que no se dibuja no existe», enfatizó.

La trayectoria de González Virós está marcada por una coherencia que nació en su juventud en el Barrio Gótico de Barcelona, donde arreglaba goteras y asistía a vecinas solas. Esas mujeres, dijo, «me maternaron», y de ahí surgió su juramento profesional: jamás construir obra nueva, solo rehabilitar. Una promesa que ha mantenido durante toda su carrera.

Su paso por la gestión pública, sin embargo, fue un calvario. Como concejala, intentó frenar la turistificación descontrolada en Ciutat Vella mediante un plan de usos que le valió amenazas de muerte, el destrozo de su vivienda y años bajo custodia policial. El punto de quiebre fue el caso del Palacio de la Música, donde parcelas destinadas a una escuela barrial fueron recalificadas por el Ayuntamiento para construir un hotel de lujo. «Me negué y lo denuncié», recordó. «Llevaba tres años trabajando con escoltas, pero yo era arquitecta y urbanista. Si acababa imputada, mi vida y mi credibilidad profesional se terminaban. Le dije al alcalde: hasta aquí hemos llegado, y dimití».

Su salida la sumió en el desamparo, pero el tiempo le dio la razón. Poco después, la justicia invalidó la recalificación y el hotel nunca se construyó. La escuela barrial se mantuvo, y el caso se convirtió en un precedente en la lucha contra la especulación urbanística en Cataluña.

El caso de González Virós no es aislado. En Argentina, las luchas por el espacio público tienen antecedentes recientes. La reciente disputa por las obras en la costanera de la Ciudad de Buenos Aires, que generó controversias por la falta de consulta vecinal, resuena con las críticas de la urbanista. Medios como La Nación y Página/12 han señalado que muchas decisiones urbanísticas se toman sin participación ciudadana, un patrón que se repite en varias ciudades del país.

González Virós también ha sido crítica del rol de los arquitectos en la especulación inmobiliaria. En una entrevista con El Cronista, señaló que la profesión ha sido cómplice de un modelo extractivista que prioriza la renta sobre las personas. «Los arquitectos tenemos que volver a ser defensores de la sociedad, no de los desarrolladores», afirmó.

El Congreso de la UIA, que reunió a más de 10.000 arquitectos de todo el mundo en Buenos Aires, fue el escenario perfecto para estas reflexiones. Jan Gehl, quien compartió panel con González Virós, ha defendido durante décadas la prioridad del peatón sobre el automóvil, un enfoque que complementa la visión de la urbanista catalana.

Las implicancias de las ideas de González Virós trascienden el ámbito arquitectónico. Su llamado a repensar las ciudades desde lo comunitario interpela directamente a los gobiernos locales y a los modelos de desarrollo urbano imperantes. En un contexto donde la gentrificación y la turistificación son fenómenos globales, su voz se suma a un movimiento internacional que exige ciudades más justas y participativas.

«Cuando hablamos de espacio público, hablamos de poder. ¿Quién decide cómo se usa? ¿Quién se beneficia?», se preguntó González Virós. «La ciudad no es una mercancía, es un tejido de relaciones humanas. Si no entendemos eso, seguiremos construyendo ciudades vacías de sentido».

La visita de González Virós a la Argentina dejó un mensaje claro: el urbanismo no es una disciplina neutral. Detrás de cada plaza, cada calle, cada edificio, hay decisiones políticas que afectan la vida cotidiana de millones de personas. «No esperemos a que nos pidan permiso para pensar la ciudad», concluyó. «La ciudad nos pertenece a todos».

Con información de ARQ, La Nación, Página/12, El Cronista y el sitio oficial del Congreso de la UIA.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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