En el corazón de un estudio abarrotado de libros, tazas de café y objetos de arte, Graciela Silvestri reflexiona sobre un concepto que pocos se detienen a analizar: el paisaje. Arquitecta formada en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), Silvestri ha dedicado más de tres décadas a investigar cómo la naturaleza y el territorio han moldeado la identidad nacional. Su trayectoria, que incluye una tesis doctoral dirigida por Jorge “Pancho” Liernur sobre el Riachuelo, y su libro ‘El lugar común: una historia de las figuras de paisaje’, la consolidaron como una de las voces más autorizadas en la materia.
La entrevista, realizada en el marco de la presentación de sus últimos trabajos, aborda la distinción entre medioambiente y paisaje, un debate que gana relevancia en un contexto global de crisis climática. Silvestri sostiene que el paisaje no es un mero escenario, sino una construcción cultural cargada de significados. ‘El mapa de la Argentina está hecho de paisajes’, afirma, y explica que cada región del país se define no solo por sus características geográficas, sino por las representaciones simbólicas que de ellas se han hecho a lo largo de la historia.
La cuenca del Plata, el Riachuelo y la pampa húmeda son algunos de los ejes de su producción académica. En su obra, la autora rastrea cómo las ideas sobre la naturaleza evolucionaron desde la colonia hasta el siglo XX, influenciadas por corrientes europeas y adaptadas a la realidad local. ‘La Argentina no tenía una historia monumental, así que construyó su identidad a partir de la naturaleza’, explica Silvestri, haciendo referencia a la famosa frase de Domingo Faustino Sarmiento sobre la relación entre civilización y barbarie.
En la conversación, Silvestri no solo analiza el pasado, sino que proyecta una mirada crítica sobre el presente. La discusión sobre el medioambiente, dice, se centra en aspectos técnicos y ecológicos, pero deja de lado la dimensión estética y simbólica del paisaje. ‘Medioambiente no es exactamente lo mismo que paisaje’, aclara, y agrega que el paisaje integra elementos sensoriales, como olores, sabores y movimientos, que son fundamentales para comprender la relación entre los seres humanos y su entorno.
Este enfoque interdisciplinario, que combina arquitectura, geografía, historia y ciencias naturales, le valió a Silvestri reconocimiento internacional. Fue profesora invitada en universidades de Europa y Estados Unidos, y organizó, junto con Jorge Silvetti, el seminario ‘Territorio Guaraní’ en la Escuela de Graduados en Diseño de Harvard. A pesar de su trayectoria, mantiene un perfil bajo, centrado en la docencia y la investigación, lejos de los reflectores mediáticos.
Contexto histórico y aportes de otros medios
La figura de Silvestri se inscribe en una tradición de pensadores argentinos que han reflexionado sobre el territorio, desde el naturalista Francisco P. Moreno hasta el geógrafo Federico Daus. En las últimas décadas, su trabajo ha sido clave para entender cómo el paisaje pampeano se convirtió en un ícono nacional, un proceso que comenzó con los viajeros del siglo XIX y se consolidó con la literatura y la pintura del Centenario. Medios como La Nación y Página/12 han destacado su capacidad para conectar estos procesos históricos con problemáticas urbanas actuales, como la contaminación del Riachuelo o las inundaciones en la cuenca del Plata.
En ‘El color del río’, Silvestri analiza el Riachuelo no solo como un curso de agua, sino como un espacio donde se materializan las contradicciones de la modernidad argentina. La investigación, que llevó adelante mientras trabajaba en el Conicet, revela cómo la percepción de este río cambió radicalmente a lo largo de los siglos, pasando de ser una fuente de vida y comunicación a un símbolo de degradación ambiental. Este trabajo, pionero en su época, influenció a toda una generación de arquitectos y urbanistas que hoy trabajan en proyectos de saneamiento y revitalización de la cuenca.
Implicancias para el debate actual
Las declaraciones de Silvestri llegan en un momento crucial. Argentina enfrenta desafíos ambientales significativos, desde la deforestación en el norte hasta la contaminación industrial en el área metropolitana de Buenos Aires. La autora insiste en que el cuidado del paisaje no es un lujo estético, sino una necesidad para la salud mental y social de la población. ‘Cuando perdemos un paisaje, perdemos parte de nuestra identidad’, advierte.
Su llamado a integrar el paisaje en las políticas públicas resuena con las demandas de organizaciones ambientalistas y colectivos vecinales que luchan por la preservación de espacios verdes en las ciudades. A diferencia de enfoques meramente técnicos, Silvestri propone una mirada que incorpore la memoria histórica y la participación comunitaria. Este enfoque, que algunos críticos podrían tildar de romántico, se fundamenta en una sólida base académica y en el trabajo de campo realizado durante décadas.
Conclusión: un mapa cultural en constante construcción
Graciela Silvestri nos ofrece una lección sobre la importancia de mirar más allá de lo evidente. El paisaje, nos dice, es una construcción colectiva que se redefine constantemente. En un país tan diverso como la Argentina, entender cómo nos relacionamos con nuestro territorio es esencial para proyectar un futuro sostenible y equitativo. Su obra, que abarca desde el Riachuelo hasta la cuenca del Plata, demuestra que la arquitectura no solo se ocupa de los edificios, sino también de los espacios que nos definen como sociedad.
El camino trazado por Silvestri, que comenzó con su tesis doctoral y se expandió a través de libros y seminarios internacionales, continúa inspirando a nuevas generaciones. Que su voz, siempre lúcida y provocadora, siga recordándonos que el mapa de la Argentina está hecho de paisajes, y que cada uno de ellos merece ser cuidado.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
