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Georgina Orellano: ‘La cárcel no repara nada, agrava el conflicto social’

En una entrevista con Clarín, Georgina Orellano, secretaria general del Sindicato de Trabajadorxs Sexuales de la Argentina (AMMAR), presenta su nuevo libro ‘Vidas de putas’, una obra que trasciende el debate teórico sobre la legalización del trabajo sexual para centrarse en la cruda realidad del barrio porteño de Constitución. La publicación, compuesta por una serie de crónicas, se sumerge en un territorio donde el trabajo sexual, la migración, la violencia institucional, el narcomenudeo y las redes de solidaridad coexisten en un equilibrio precario. Orellano, con una trayectoria de activismo que abarca más de dos décadas, busca desafiar las narrativas dominantes que suelen reducir a las trabajadoras sexuales a meros objetos de estudio o intervención estatal, proponiendo en cambio una lectura desde la experiencia directa y la organización colectiva.\n\nEl libro, ambientado en los hoteles familiares, pensiones y la Casa Roja —sede comunitaria de AMMAR—, retrata las estrategias de supervivencia de trabajadoras sexuales migrantes y personas expulsadas de distintos sistemas de protección. ‘Yo no escribo desde el enojo’, aclara Orellano. ‘El libro habla de desgracias con cierta gracia y ternura porque así es como atravesamos nosotras la conflictividad’. Esta perspectiva, que combina humor y afecto con la dureza de la realidad, se convierte en el hilo conductor de una obra que también cuestiona las políticas públicas y ciertos consensos establecidos dentro del feminismo y el progresismo. La autora sostiene que la discusión sobre el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo ha quedado relegada en favor de un enfoque más urgente: narrar la vida cotidiana en un barrio estigmatizado, donde la violencia policial, los desalojos, el consumo problemático y la pobreza extrema son moneda corriente.\n\nUno de los ejes centrales de ‘Vidas de putas’ es la crítica a la distancia con la que otros actores sociales abordan la realidad de las trabajadoras sexuales. Orellano argumenta que tanto la derecha como ciertos sectores progresistas caen en una mirada infantilizadora que romantiza la pobreza o, por el contrario, criminaliza a quienes viven en contextos de exclusión. ‘Cuando asumió el actual gobierno, muchos sectores progresistas pasaron a ocupar el lugar de la resistencia. Sin embargo, cuando hablan de los problemas sociales siguen teniendo una mirada muy parecida a la derecha cuando se trata de pensar la seguridad’, señala. En ese sentido, la autora denuncia que la discusión sobre el narcomenudeo en el barrio no puede ignorarse como estrategia de supervivencia para muchas compañeras, pero advierte que las respuestas punitivas, como la cárcel, no reparan las causas estructurales del conflicto. ‘La cárcel no repara nada, agrava el conflicto social’, afirma de manera categórica, posicionándose contra las políticas de mano dura que, según ella, solo profundizan la vulnerabilidad de las comunidades marginadas.\n\nEl libro también aborda la relación tensa con un sector de los vecinos de Constitución, que a menudo estigmatizan a las trabajadoras sexuales como parte del problema de inseguridad y deterioro urbano. Orellano relata cómo, en los últimos años, se han profundizado los conflictos con la policía, que realiza operativos de desalojo y hostigamiento constante. En este escenario, la Casa Roja emerge como un espacio de resistencia y organización, donde se tejen redes de apoyo mutuo que incluyen asistencia legal, contención emocional y acceso a recursos básicos. Las crónicas documentan cómo las trabajadoras sexuales migrantes, muchas de ellas provenientes de países vecinos, enfrentan barreras adicionales como la falta de documentación y la discriminación xenófoba, lo que las coloca en una posición aún más precaria dentro del entramado social.\n\nLas implicancias de la obra de Orellano trascienden el ámbito literario para situarse en el debate público sobre las políticas de seguridad y exclusión en Argentina. En un contexto donde la criminalización de la pobreza y el encarcelamiento masivo son herramientas recurrentes del Estado, ‘Vidas de putas’ ofrece un testimonio que evidencia cómo estas medidas no solo fallan en resolver los conflictos sociales, sino que los agravan al perpetuar ciclos de violencia y desposesión. La autora insta a repensar las estrategias de intervención: en lugar de focalizarse en la represión, propone abordajes que reconozcan la agencia de las trabajadoras sexuales y su capacidad de organización. Esta perspectiva choca con ciertos discursos abolicionistas dentro del feminismo, que insisten en equiparar el trabajo sexual con violencia de género sin considerar las voces de quienes lo ejercen.\n\nLa conclusión que se desprende de la entrevista y del libro es clara: la discusión sobre el trabajo sexual no puede desligarse de las condiciones materiales en las que se produce. Orellano no busca imponer una posición unívoca, sino abrir un espacio para que las propias trabajadoras sexuales narren su experiencia sin intermediaciones. ‘Quise correr la discusión de lo estrictamente teórico para hablar de la conflictividad social que atraviesa el país y de cómo impacta en nuestras vidas’, resume. ‘Vidas de putas’ se convierte así en una herramienta para desmontar los prejuicios que rodean a quienes viven en los márgenes, recordando que detrás de los números y las etiquetas hay personas que luchan día a día por su dignidad. En un país donde la desigualdad se profundiza, la obra de Orellano ofrece una mirada cruda pero esperanzadora sobre la capacidad de organización comunitaria como respuesta a un Estado que, según ella, a menudo está ausente o es punitivo.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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