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Bioenergía y alimentos certificados: la ventana de oportunidad que el agro argentino no puede desaprovechar

La producción agropecuaria argentina se encuentra en un punto de inflexión. Factores globales como la urgencia por mitigar el cambio climático y la creciente demanda de alimentos con trazabilidad certificada están redefiniendo los mercados internacionales. En este contexto, el país cuenta con condiciones estructurales que, bien aprovechadas, podrían consolidar su posición como proveedor clave de bioenergía y de productos alimenticios con valor agregado.

Así lo expuso Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge, durante su participación en el ciclo Visión 360° de Clarín, dedicado a analizar “El campo que viene: producción, innovación y valor en la nueva economía”. Ejecutivos y especialistas coinciden en que la Argentina tiene recursos naturales, capital humano y capacidades tecnológicas que, combinadas, generan un escenario propicio para la expansión.

**Oportunidades en un contexto de transición energética**

En los últimos años, la preocupación por el calentamiento global intensificó la búsqueda de fuentes de energía renovables. En ese marco, los biocombustibles derivados de productos agrícolas (como el biodiésel a base de soja y el bioetanol de maíz) se posicionan como alternativas viables para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el transporte. Según Bassi, “esa es una oportunidad que aparece pocas veces en la vida” y la Argentina posee los elementos necesarios para capitalizarla.

El país cuenta con una frontera agrícola aún expandible y con posibilidades de intensificar la producción en áreas ya cultivadas. A su vez, la estructura productiva está compuesta en buena medida por productores jóvenes, altamente digitalizados y con una formación orientada a la eficiencia. Este perfil permite adoptar sistemas de certificación de huella de carbono y de estándares de sustentabilidad, requerimientos cada vez más exigentes en los mercados europeos y asiáticos.

**Factores que potencian la competitividad**

Bassi destacó que la producción agrícola argentina es “probablemente la más competitiva del mundo”. Uno de los factores clave es el uso eficiente de insumos, aunque señaló que en algunos casos esa eficiencia deriva en subdosis de fertilizantes, lo que implica una pérdida de rendimiento potencial. “Nos estamos perdiendo oportunidades de producir más con la soja”, afirmó.

La necesidad de equilibrar la eficiencia con la productividad es uno de los desafíos técnicos que el sector debe resolver. El acceso a tecnologías de agricultura de precisión, la adopción de sistemas de monitoreo satelital y la aplicación de bioinsumos son herramientas disponibles que, utilizadas adecuadamente, pueden incrementar los rendimientos sin comprometer la sustentabilidad.

**Desafíos estructurales**

A pesar del panorama favorable, la Argentina enfrenta obstáculos que limitan su inserción plena en los nuevos mercados. La infraestructura logística, en particular la red vial y portuaria, presenta cuellos de botella que encarecen los costos de transporte y reducen la competitividad internacional. Además, la presión fiscal y la falta de una política de largo plazo para el sector agroindustrial generan incertidumbre entre los inversores.

Otro punto crítico es la necesidad de avanzar en la certificación de procesos y productos. Los compradores globales exigen cada vez más información sobre el origen y las condiciones de producción. La Argentina tiene la capacidad de implementar esos estándares, pero requiere de un marco institucional estable y de una coordinación público-privada que facilite la adopción masiva de prácticas certificables.

**Implicancias económicas y sociales**

El desarrollo de la bioenergía y los alimentos certificados no solo tiene impacto en las exportaciones, sino también en la generación de empleo en las economías regionales. La integración de cadenas de valor en el interior del país permitiría fijar población en zonas rurales, promover el agregado de valor en origen y diversificar la matriz productiva. Sin embargo, este proceso debe acompañarse de inversiones en educación técnica y en transferencia de tecnología hacia los pequeños y medianos productores.

A nivel macroeconómico, el aumento de las exportaciones de productos con mayor valor agregado contribuiría a mejorar la balanza comercial y a generar divisas, un objetivo central en el contexto actual. La transición energética global abre un mercado creciente para los biocombustibles, cuyo horizonte de demanda se proyecta en expansión durante las próximas décadas.

**Una ventana que no se puede desaprovechar**

En conclusión, la Argentina está ante una coyuntura excepcional. Los cambios en la matriz energética mundial y la valorización de la producción sustentable constituyen una oportunidad histórica para el agro nacional. No obstante, la concreción de estas posibilidades dependerá de la capacidad del país para resolver los desafíos de infraestructura, adoptar innovaciones tecnológicas y consolidar un marco regulatorio que incentive la inversión y la certificación. Como sostiene Bassi, el combo de clima, tierra disponible y productores competitivos es una ventaja que no se repite frecuentemente. La pregunta es si el país logrará transformar ese potencial en resultados concretos y sostenibles.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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