Politica

Encuesta de Udesa: Bullrich lidera una tabla de imágenes con todos los políticos reprobados

Una nueva encuesta nacional de la Universidad de San Andrés (Udesa) reveló que las imágenes de los principales dirigentes políticos de Argentina se encuentran en terreno negativo. El relevamiento, realizado entre el 3 y el 8 de septiembre de 2026 con 1.004 entrevistas en todo el país, evaluó a 26 figuras del oficialismo, la oposición y outsiders con aspiraciones presidenciales. El resultado es contundente: todos obtuvieron más rechazos que apoyos, con diferenciales negativos de dos dígitos. En ese contexto, Patricia Bullrich se posicionó como la mejor valorada, aunque su balance también es desfavorable.

El informe bimestral de Udesa se ha convertido en una referencia para medir el clima político y social. En esta edición, la tabla de imágenes se ordenó según la valoración positiva, pero la conclusión central es que los 26 dirigentes evaluados tienen negativas más altas que positivas. El caso más extremo es el de Máximo Kirchner, con un balance de -54 puntos: apenas un 12% de imagen positiva contra un 71% de negativa. Le siguen otros nombres con diferenciales negativos significativos, aunque el documento no detalla la totalidad de la tabla. Lo cierto es que ni los referentes más instalados ni los outsiders logran escapar del desgaste generalizado.

El contexto que rodea a estos números no es alentador. El mismo estudio confirma que el Gobierno y la economía atraviesan un momento crítico ante la opinión pública. La insatisfacción con la marcha general del país alcanza el 69%, mientras que solo el 29% se muestra satisfecho. Esta oscilación mes a mes refleja una estabilidad en la percepción negativa. En cuanto a la aprobación presidencial, Javier Milei registra un 35% de aprobación y un 61% de desaprobación, una situación que, según el informe, se ha estabilizado desde hace algunos meses, especialmente desde el final de la gestión de Adorni. La comparación histórica con Mauricio Macri muestra que, si bien la percepción sobre la marcha del país (29%) supera la de aquel entonces, la aprobación de Milei (35%) se encuentra en un nivel similar a la del ex presidente en el mismo período de su mandato.

El desempeño de los poderes del Estado no escapa al descontento. El Poder Ejecutivo encabeza la tabla con un 23% de satisfacción, seguido por el Judicial (17%), el Senado (15%) y la Cámara de Diputados (14%). Esta insatisfacción generalizada se refleja también en la agenda de problemas: los temas económicos y laborales lideran las preocupaciones. La falta de trabajo (39%), los bajos salarios (36%), la corrupción (29%) y la pobreza (29%) son los principales flagelos señalados por los encuestados.

En cuanto a las políticas públicas mejor valoradas, las áreas con mayor nivel de satisfacción son Exterior (32%), Defensa (32%) y Energía (29%). Sin embargo, la satisfacción con la política económica viene en descenso. La situación económica retrospectiva y prospectiva no es alentadora: el 55% considera que la situación del país empeoró respecto al año pasado y un 43% anticipa que empeorará en el futuro. Esta tendencia pesimista se mantiene firme.

El ranking de imágenes deja en evidencia un sistema político en crisis de credibilidad. Los diferenciales negativos arrancan en -19 puntos, un umbral que comparten dirigentes con aspiraciones presidenciales pero poco conocidos a nivel nacional, como Hernán Lacunza y Sergio Uñac, junto con Myriam Bregman. Esto sugiere que incluso los nombres menos instalados no logran generar una percepción positiva. La tabla completa, que no fue detallada en su totalidad, incluye tanto a figuras del oficialismo como de la oposición y a outsiders que coquetean con candidatearse en 2027.

El caso de Patricia Bullrich, la mejor posicionada, no implica un respaldo mayoritario. Su imagen positiva, aunque superior a la de los demás, sigue siendo inferior a su negativa. Esto plantea un escenario donde la ciudadanía no encuentra en ninguno de los dirigentes evaluados una opción que despierte entusiasmo. La política argentina parece sumida en un desencanto generalizado que atraviesa a todas las fuerzas.

Las implicancias de estos datos son profundas. En primer lugar, la legitimidad del sistema político se ve cuestionada. Con todos los referentes reprobados, la representatividad de las instituciones se debilita. En segundo lugar, el pesimismo económico y la insatisfacción con la marcha del país anticipan un clima de conflictividad social. La falta de trabajo y los bajos salarios como principales problemas indican que la agenda pública está dominada por urgencias materiales. En tercer lugar, la comparación con la gestión de Macri sugiere que el actual gobierno no ha logrado diferenciarse sustancialmente en términos de aprobación, a pesar de un contexto global distinto.

De cara a las elecciones de 2027, el panorama es incierto. Los outsiders que buscan posicionarse, como Lacunza o Uñac, enfrentan el desafío de construir una imagen positiva en un electorado hastiado. La ventaja de Bullrich, aunque relativa, podría consolidarse si logra capitalizar el descontento, pero su propio diferencial negativo indica que no es una tarea sencilla. La oposición, por su parte, no encuentra en sus figuras más conocidas un remanso de apoyo.

El informe de Udesa también revela que la satisfacción con el Poder Ejecutivo (23%) es la más alta entre los poderes, lo que, aunque magro, sugiere que el oficialismo retiene cierto apoyo minoritario. Sin embargo, la insatisfacción con el Congreso y la Justicia es aún mayor, lo que plantea un problema de confianza en las instituciones democráticas.

En conclusión, la encuesta de Udesa pinta un cuadro sombrío para la clase política argentina. Ningún dirigente logra un balance positivo, y la insatisfacción ciudadana se extiende a todos los ámbitos. La economía, el empleo y la corrupción son las principales preocupaciones, y el pesimismo sobre el futuro inmediato predomina. En este contexto, la figura de Patricia Bullrich emerge como la menos rechazada, pero su liderazgo dista de ser un faro de esperanza. El sistema político enfrenta un desafío de legitimidad y representación que podría definir el rumbo de las próximas elecciones. Los datos no dejan margen para el optimismo: la sociedad argentina parece haberle dado la espalda a sus dirigentes, y ninguno de ellos, por ahora, encuentra la forma de revertir esa tendencia.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *