Cultura

El misterioso cuadro de San Martín y su amante desconocida llegó al Museo de Arte Decorativo

Durante siglo y medio, una tela del siglo XIX permaneció guardada en la buhardilla de un manoir del barrio parisino de Marais sin que nadie reparara en el detalle que la volvería extraordinaria: en el fondo del cuadro, colgado sobre la pared de un dormitorio burgués, aparece el retrato de José de San Martín con la inscripción explícita de su nombre. Se trata, según confirmó el Estado argentino, del único óleo identificado en Europa con la imagen del Libertador, atribuido al marino y artista francés Adolphe d’Hastrel (1805-1874). La obra fue donada por el psicoanalista y coleccionista Horacio Amigorena y depositada recientemente en el Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD), en la avenida del Libertador 1902 de la Ciudad de Buenos Aires.

El hallazgo combina dos capas de información que conviene separar. Por un lado, los datos verificables de la pieza: un óleo sobre tela de 63 por 49,5 centímetros, adquirido en París por Amigorena a la sucesión del pintor, que representa el interior de una casa burguesa francesa y, en segundo plano, el retrato del general. Por otro, el enigma que la rodea desde su descubrimiento: quién es la joven que escribe en un escritorio en primer plano y qué vínculo la unió al Libertador. La descendencia de d’Hastrel sostuvo que se trataría de la ‘petite amie’ del general, una posible amante cuya identidad nunca fue documentada.

DESARROLLO: UNA OBRA, TRES INTERROGANTES

El primero de los interrogantes es de autoría contextual. Adolphe d’Hastrel, nacido Étienne Adolphe de Hastrel de Rivedoux en Neuwiller-lès-Saverne el 4 de octubre de 1805, fue capitán de artillería de la marina francesa, grabador, acuarelista y litógrafo. Entre 1838 y 1840, durante el bloqueo francés al Río de la Plata, estuvo al mando de la artillería de la isla Martín García, posición estratégica en el conflicto entre la escuadra francesa y el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Permaneció en la región hasta fines de noviembre de 1840 y produjo entonces el ‘Álbum del Plata’ y litografías de tipos y costumbres que hoy se conservan parcialmente en el Museo Nacional de Bellas Artes, donadas en 1955 por los Santamarina.

La comparación de fuentes resulta aquí decisiva. El registro oficial de Argentina.gob.ar indica que d’Hastrel regresó a Francia y falleció en Nantes en 1874. La reconstrucción difundida por la prensa cultural señala que hacia 1846 ya había vuelto a París, donde mantuvo vínculos con talleres y editores. Ese dato alimenta la hipótesis de que el cuadro no fue pintado en América sino en territorio francés, como evocación rioplatense: el mobiliario representado corresponde a modelos burgueses europeos y la efigie de San Martín circulaba en Francia bajo formato de grabado tras su muerte en Boulogne-sur-Mer, en 1850. Si esa lectura es correcta, d’Hastrel habría retratado al general sin haberlo conocido personalmente, lo que reconfigura por completo el valor documental de la pieza.

El segundo interrogante es geográfico y diplomático. San Martín vivió en Europa desde 1824, cuando se exilió con su hija Mercedes Tomasa, primero en Francia y Gran Bretaña, luego en Bélgica y finalmente en Boulogne-sur-Mer. La familia d’Hastrel pudo haber coincidido con él en París o en Montevideo, pero nunca se documentó un encuentro. La obra funciona, en términos técnicos, como un ‘cuadro dentro de otro cuadro’: el retrato del Libertador opera como objeto decorativo dentro de una escena doméstica, lo que sugiere una circulación del imaginario sanmartiniano en el ámbito privado europeo.

El tercer interrogante es la identidad de la joven. La investigación de Amigorena descartó, mediante comparación fotográfica, que se tratara de Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada ni de sus nietas María Mercedes y Josefa Dominga, conocida como Pepita, nacidas del matrimonio de Mercedes con el médico y diplomático Mariano Severo Balcarce. La explicación difundida por la familia del pintor apunta a una compañera sentimental del general en una época en que el matrimonio a edades tempranas era práctica extendida. Ninguna fuente primaria permite confirmar esa hipótesis, que permanece como conjetura.

LA ODISEA ADMINISTRATIVA DE UNA DONACIÓN

La historia de la donación presenta un patrón administrativo documentado con precisión. Amigorena, de 90 años y residente en París durante décadas, decidió entregar la obra al Estado argentino. La donación fue formalizada el 17 de noviembre de 2023 y aceptada por el entonces ministro de Cultura Tristán Bauer, en los últimos tramos del gobierno de Cristina Kirchner. Según los registros periodísticos, la pieza quedó inscripta en el inventario nacional sin que ningún funcionario se ocupara del traslado.

La transición política modificó el escenario. Con la asunción de Javier Milei, el subsecretario de Cultura Gastón ‘Pule’ Pulero y el ministro Leonardo Cifelli retomaron el expediente. La Cancillería, encabezada desde octubre de 2025 por Pablo Quirno —economista formado en Wharton con trayectoria en J.P. Morgan y exsecretario de Finanzas—, aceleró los trámites. El vínculo familiar resultó determinante: la abuela del canciller, perteneciente a la familia Alvear, habitó el Palacio Errázuriz que hoy alberga el museo, creado en 1937 tras la adquisición estatal del edificio de Matías Errázuriz Ortúzar y Josefina de Alvear, construido entre 1911 y 1917 por el arquitecto René Sergent.

El 29 de septiembre de 2025, Amigorena entregó la obra a la Embajada argentina en París, con transporte de Sotheby’s costeado por él. La recibieron el embajador Ian Sielecki y Eduardo Carballido, director de la Galería Argentina, que destrabó los seguros. Participaron también la embajadora Alejandra Pecoraro, directora de Asuntos Culturales, y Pulero. El cuadro permaneció meses en el despacho del embajador mientras se gestionaba ante la aduana francesa la autorización de salida.

IMPLICANCIAS: PATRIMONIO, MEMORIA Y GESTIÓN CULTURAL

La incorporación al MNAD tiene consecuencias concretas. Primero, completa un vacío patrimonial: el museo suma una pieza ausente del acervo nacional durante 150 años, complementando las cuatro acuarelas de d’Hastrel ya conservadas en el Museo Nacional de Bellas Artes. Segundo, expone un problema estructural en la administración cultural argentina: una donación aceptada formalmente en 2023 requirió casi dos años y un cambio de gestión para concretarse, con costos logísticos asumidos por el donante.

Tercero, el caso ilustra la fragilidad de la preservación de obras en manos privadas europeas. La pintura sobrevivió por permanencia familiar, no por política institucional. Su salida de Francia requirió autorización aduanera específica, lo que confirma que el tránsito internacional de bienes culturales está sujeto a marcos regulatorios restrictivos.

La elección del destino tampoco es neutra. Amigorena declaró haber escogido el MNAD por razones biográficas: allí celebró la liberación de París en 1945 junto a sus padres y allí concurría durante sus años escolares. Para el canciller Quirno, el mismo edificio conecta con la memoria de su abuela Alvear. La coincidencia revela cómo las decisiones patrimoniales se articulan con trayectorias familiares y redes políticas.

CONCLUSIÓN: UN ENIGMA QUE LLEGA CON PREGUNTAS

El cuadro de d’Hastrel ingresa al patrimonio argentino con certezas limitadas. Está confirmada su autoría atribuida, sus dimensiones, su procedencia y su condición de único óleo europeo con la imagen de San Martín. Persisten sin respuesta la identidad de la joven retratada, la fecha exacta de ejecución, el lugar donde fue pintado y la naturaleza del vínculo con el Libertador. El origen del enigma murió con el pintor en Nantes en 1874.

Queda por resolverse un aspecto operativo: el traslado final a Buenos Aires mediante valija diplomática y su entrega al director del MNAD, Hugo Pontoriero, para su exhibición pública. Hasta entonces, la obra permanece bajo custodia diplomática, como objeto de una historia que cruza la independencia sudamericana, el exilio europeo de San Martín, el bloqueo francés al Río de la Plata, dos administraciones argentinas y una buhardilla en el Marais.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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