Arquitectura

El diseño industrial frente al espejo: un debate en la FADU-UBA sobre el sentido de la disciplina en la era de la inteligencia artificial

En el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), colmada de estudiantes, se llevó a cabo días atrás un coloquio entre cinco profesores titulares de la materia troncal Diseño Industrial. El motivo central fue la presentación del libro «El diseño de sentido (o el sentido del diseño)» de la diseñadora industrial y doctora en Diseño Analía Cervini, publicado por la editorial Experimenta Libros de Madrid. La autora estuvo acompañada por sus colegas y docentes Pablo Bianchi, Andrés Ferrero, Roxana Garbarini, Anabella Rondina y Marco Sanguinetti.

El debate abordó la multiplicidad de variables involucradas en la disciplina. «A diferencia de lo que ocurría décadas atrás, hoy ya no pensamos sólo en términos funcionales, sino que consideramos también las dimensiones estética, económica, social, ambiental y cultural», aclaró Cervini. La diseñadora agregó que el título de su libro define al diseño como «la tarea fundamental de producir sentido» y que puede entenderse también como «ser consciente de las razones que guían cada decisión proyectual y analizar los datos del presente para anticipar el impacto de nuestro diseño en escenarios futuros».

La actividad se enmarca en un contexto de transformación profunda para la enseñanza del diseño en Argentina. La FADU-UBA, creada en 1948 como Facultad de Arquitectura y Urbanismo, incorporó la carrera de Diseño Industrial en 1964, en un proceso de institucionalización de las disciplinas proyectuales que buscaba responder a las necesidades de un modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Desde entonces, el campo del diseño fue atravesando distintas etapas: desde una mirada tecnológica y funcionalista en los años sesenta y setenta, pasando por la crisis de los ochenta y la apertura neoliberal de los noventa, hasta la reconfiguración del nuevo milenio con la irrupción de la economía digital y, más recientemente, la inteligencia artificial generativa.

El coloquio adquirió relevancia al poner en discusión el impacto de la inteligencia artificial en los procesos creativos. Cervini dejó en claro su postura: «El problema del uso de la IA es que lleva directamente al final del proceso, evitando todo pensamiento proyectual». Esta afirmación resonó entre los presentes y se complementó con la advertencia de Rondina, quien señaló que si bien hoy el acceso a la IA es económico, «con el tiempo esto puede cambiar y dar lugar a una suerte de tecno-feudalismo en función de la capacidad económica de cada usuario». Agregó que estudiar y formarse como profesional supone «una ventaja inconmensurable», pero que también trae aparejada la responsabilidad de «ser personas con pensamiento crítico». Y concluyó: «La educación tiene el poder de cambiar todo, así que debemos fijarnos el objetivo de que muchos más estudiantes y profesionales puedan desarrollar un pensamiento crítico frente a la realidad».

La discusión sobre la enseñanza del diseño ocupó un lugar central. Bianchi evocó otros dos libros anteriores de Cervini: «Identidad Estratégica» (2004, con Juan Kayser) y «En torno al Producto» (2005, con Paulina Becerra). Explicó que con el apoyo de esos textos los docentes de su generación pudieron brindarles a sus estudiantes «un pensamiento construido desde una mirada local que no renegaba de las miradas globales, sino que buscaba una síntesis positiva». Y agregó: «Los rescato porque nos sirvieron para entender de una nueva manera ciertas cuestiones que los docentes nos planteábamos en forma intuitiva, y eso nos sirvió para construir una mirada local y situada». Y concluyó: «Estoy seguro de que este libro va a brindar herramientas para poder pensar el diseño por otros 20 años más».

En sintonía, Garbarini afirmó que todos los libros de Cervini fueron «instrumentos metodológicos de gran importancia para cada época», porque en ellos se plasmaron las diferentes dimensiones del diseño: el producto, la identidad, el emprendedurismo, la innovación y la sostenibilidad. «Cada texto acompañó los debates de su tiempo y nos ayudó a ordenar la enseñanza», sostuvo.

El encuentro también sirvió para contrastar la situación actual con la de décadas pasadas. Mientras que en los años noventa el debate se centraba en la competitividad y la inserción en mercados globales, hoy la preocupación pasa por el sentido social y ambiental del diseño, así como por los límites éticos de la automatización. La irrupción de la IA generativa, con herramientas como Midjourney, DALL-E o ChatGPT, plantea un desafío inédito: la posibilidad de obtener resultados proyectuales sin recorrer el proceso de pensamiento que tradicionalmente definía al diseñador. Esto ha llevado a que universidades de todo el mundo revisen sus currículas y a que organismos como la UNESCO adviertan sobre la necesidad de regular estas tecnologías para evitar sesgos y dependencias.

En el plano local, la FADU-UBA ha sido pionera en la incorporación de estas discusiones. Según datos de la propia facultad, la carrera de Diseño Industrial cuenta hoy con más de 3.000 estudiantes activos, y la tasa de graduación se ha incrementado en un 15% en la última década. Sin embargo, persisten desafíos: la brecha digital, la actualización docente y la articulación con el sector productivo. En ese marco, el libro de Cervini se presenta como una herramienta para repensar la enseñanza y la práctica profesional.

Las implicancias de este debate exceden el ámbito académico. En un contexto económico complejo, con una industria nacional que representa alrededor del 15% del PIB y que enfrenta presiones competitivas, el diseño se vuelve un factor clave para agregar valor. Pero también emerge la pregunta por el rol social del diseñador: ¿debe estar al servicio del mercado o de las necesidades colectivas? Cervini y sus colegas parecen inclinarse por lo segundo, al enfatizar la producción de sentido y la conciencia sobre las consecuencias de cada decisión proyectual.

El coloquio concluyó sin conclusiones cerradas, pero con una certeza: el diseño industrial ya no puede pensarse como una disciplina meramente técnica. La reflexión sobre su sentido, su historia y su futuro se ha vuelto indispensable. Como señaló Cervini, «analizar los datos del presente para anticipar el impacto de nuestro diseño en escenarios futuros» es hoy una exigencia ética. Y en esa tarea, la educación pública y el pensamiento crítico siguen siendo herramientas irremplazables.

La presentación del libro de Cervini no fue un hecho aislado. Se inscribe en una tradición de pensamiento proyectual argentino que tuvo hitos como la creación del Centro de Diseño Industrial en 1963, la labor de Tomás Maldonado desde la Escuela de Ulm, y la obra de autores como Ricardo Blanco y Jorge Saravia. Todos ellos aportaron a la construcción de una identidad disciplinar que, sin renegar de las influencias globales, buscó responder a las problemáticas locales. El debate en la FADU-UBA reafirma esa búsqueda y plantea nuevos desafíos para las próximas generaciones.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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